El alerón es una parte relativamente común en un coche, que normalmente tiene connotaciones deportivas, pero que en realidad prácticamente cualquier tipo de vehículo puede incorporar. Los hay de muchos tipos, pero suelen tener una serie de características comunes, unas que éste que luce un BMW que estaba aparcado en la calle no cumple. ¿Cuál es su función?
Lo primero que llama la atención del alerón es su posición. Por norma general este elemento está puesto, bien al final del techo, si se trata de una carrocería compacta, bien al final de maletero, si es una berlina. En este caso está ubicado en la mitad del techo y, además, está fijado a las barras del mismo, algo que tampoco es muy habitual.
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Lo segundo es la propia forma del alerón, que para nada es convencional. Aunque hay diseños de muchos tipos, éste está muy inclinado, en un ángulo que no es común, y se levanta hacia arriba, con una sección central en punta.
La combinación de ambos factores hace que, a grandes rasgos, este alerón no cumpla una de las principales funciones de este elemento, que es generar carga aerodinámica para mantener pegado el coche al suelo y conseguir una mayor estabilidad. Así, a priori no parecía tener mucho sentido, hasta que se desplaza la vista a lo que tiene detrás.
El BMW llevaba acoplada a su bola de remolque una caravana, lo que cambia por completo la situación y hace que el formato del alerón sea mucho más lógico. La conclusión es sencilla: no es un alerón al uso, si no un deflector de aire.
Un deflector para cuidar la aerodinámica
El coche, como todos los que se ven en las calles, está diseñado para tener la mejor aerodinámica posible, pasando a través del aire generando la menor resistencia para así ser más eficiente y que no se gaste más combustible del necesario.
El problema está en que añadir cualquier elemento externo, ya sea un portabicicletas, un baúl de techo o, sobre todo, una enorme caravana, rompe esa aerodinámica. En este caso concreto todavía más, porque es una clásica, con un formato casi cuadrado que, a efectos prácticos, básicamente forma una pared vertical con la que choca el aire y que actúa como un freno para el vehículo.
Ante esa situación, el dueño del vehículo optó por una solución ingeniosa pero que apenas se ve en las carreteras.
Instalar un deflector de aire tiene todo el sentido del mundo, porque guía el flujo de manera que no choque contra una vertical, si no que lo lanza para que sobrepase el obstáculo de una manera mucho más natural.
Lógicamente para conseguirlo hay que tener en cuenta varios factores. El primero es que la pieza tiene que tener un tamaño generoso, tanto en anchura como en altura, para hacer de parapeto cuya proyección cubra la caravana. El segundo es su posicionamiento. Si lo hubiera puesto al final del techo, como se haría con un alerón normal, estaría en una posición más baja y, además, estaría demasiado cerca del remolque, por lo que el aire no tendría espacio suficiente para superarlo. Al situarlo más adelante, se matan dos pájaros de un tiro: por la caída natural del techo está en una posición superior y además tiene más margen para guiar el flujo por encima de la caravana.
Como es lógico, una solución así no solventa todos los problemas, porque al tirar de un objeto tan pesado el consumo seguirá viéndose perjudicado, pero al permitir que el aire lo rodee en vez de chocar de manera frontal, ayuda a reducir el aumento del gasto de combustible.
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Apasionado del motor desde pequeño, primero de las motos y después de los coches, con especial predilección por los modelos nipones. Lleva una década dedicándose al sector, formado primero en Autobild y desde entonces en el Grupo Prisa, probando todo lo que haga ruido... o no.
