Coger un taxi debería ser una práctica sencilla y sin riesgo, en España cada ciudad tiene su propio servicio, con licencias oficiales y una estética distintiva que hace que sean difícilmente confundibles. A pesar de ello, es un sector que primero tuvo que adaptarse a la llegada de los VTC y que ahora se enfrenta a una moda creciente: la de los taxistas piratas.
Su nombre es bastante esclarecedor, ya que se trata de chóferes que ofrecen su coche como si de un taxi se tratase, aunque no son taxis legales. Tienen vehículos particulares y ofrecen un servicio que no pueden prestar, normalmente en zonas concurridas, donde quienes puedan necesitarlo tengan prisa o directamente anden algo perdidos.
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Su presencia es especialmente alta en lugares como estaciones de tren o aeropuertos y, aunque su objetivo puede ser cualquiera, van especialmente a por extranjeros que no estén familiarizados con cómo son los taxis de la ciudad a la que acaban de llegar.
No tienen acceso a la zona designada para taxis, pero se ubican en un emplazamiento cercano, desde el que puedan reclamar la atención de quienes necesitan el servicio, o directamente dejan el coche y se acercan a pie a una de las puertas de salidas para captar clientes, como ocurre en la T4 del aeropuerto de Madrid.
Allí, se ganan a los viajeros ofreciendo tarifas que son más baratas de lo habitual o directamente guiando a los más despistados. Luego, una vez en el coche, el cobro por el trayecto es muy superior al que debería ser y completamente arbitrario, porque directamente no tienen ni taxímetro.
Puede parecer algo anecdótico, pero es cada vez más común y se repite por toda la geografía española. Casos como el de esta chica en Asturias o las reiteradas veces en las que los que la policía catalana ha compartido advertencias en sus redes sociales, o directamente han mostrado los vehículos intervenidos en el Prat.
De hecho, los taxis pirata están organizados entre sí en muchas ocasiones, llegando a actuar como una suerte de mafia, como comentaba un taxista legal a Telemadrid.
Denunció la presencia de estos vehículos y, en consecuencia, le agredieron por ello. Además, explica que no es algo puntual, si no que de manera regular se dan cita en el lugar: “los ilegales que cuentan con captadores en el vestíbulo del aeropuerto y llevan a los clientes al parking de los VTC o incluso a sus propios vehículos particulares. Les ofrecen un precio más económico y se aprovechan, sobre todo, del desconocimiento del viajero”.
A priori puede parecer difícil caer en la trampa, pero es que los taxis pirata buscan imitar completamente la imagen de los oficiales, ya sea la franja roja sobre fondo blanco de los madrileños o la combinación de colores negro y amarilla de los barceloneses. Hasta llevan pegatinas que imitan las de verdad, así que, si no se presta atención, es posible confundirlos.
¿Cómo saber si un taxi es legal o no?
Mirar el diseño del taxi ya no es suficiente, porque los piratas copian muchos de los rasgos de los oficiales. La decoración suele estar muy conseguida, aunque es posible que no lleven la señal luminosa en el techo, lo que puede servir de pista.
Otro aspecto importante es la matrícula, porque desde 2018 tanto los taxis como los VTC las tienen que tener azules. El problema es que muchos de los taxis piratas incluso las falsifican.
Todo esto dificulta identificarlos en primera instancia y en muchas ocasiones, salvo por el hecho de que no están en las zonas delimitadas para la espera, no es posible fijarse en los detalles clave hasta que se está dentro de uno.
Una vez ahí, cualquier taxi legal lleva visible tanto el número identificativo como la licencia oficial. También lleva un taxímetro homologado, que indica la tarifa, el precio, etc., y que funciona conforme se presta el servicio, no intenta acordar tarifas antes de empezarlo. Además, al terminarlo, permite pedir un ticket del trayecto.
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Apasionado del motor desde pequeño, primero de las motos y después de los coches, con especial predilección por los modelos nipones. Lleva una década dedicándose al sector, formado primero en Autobild y desde entonces en el Grupo Prisa, probando todo lo que haga ruido... o no.
