Viajar con una mascota en el coche es algo habitual para millones de conductores, pero no siempre se hace de la forma más segura. Entre transportines, arneses, rejillas de separación y diferentes ubicaciones dentro del vehículo, muchos propietarios tienen dudas sobre cuál es realmente la mejor solución.
Precisamente sobre esta cuestión ha hablado la veterinaria María VetiCan en uno de sus vídeos, donde analiza las distintas alternativas para transportar perros y gatos de manera segura.
La opción más segura
Según explica la veterinaria, el sistema que ofrece un mayor nivel de protección es el transportín rígido correctamente instalado. Además, insiste en que no basta con introducir al animal en cualquier transportín y colocarlo en el coche de cualquier manera.
La posición también es importante. El transportín debe viajar transversal al sentido de la marcha, minimizando así algunos de los movimientos que se producen durante un impacto. Del mismo modo, recomienda evitar los modelos de material textil, ya que ofrecen una capacidad de protección muy inferior frente a una colisión.
Otro detalle que muchas personas desconocen es el tamaño. Un transportín excesivamente grande puede resultar contraproducente. El espacio interior debe ser el justo para que el animal permanezca cómodo, pero sin un exceso de distancia entre la cabeza de la mascota y el techo del transportín, ya que eso aumentaría los desplazamientos durante un accidente.
El problema del latigazo cervical
La especialista destaca especialmente la importancia del transportín en el caso de gatos, perros pequeños y mascotas de tamaño reducido. La razón está en el llamado latigazo cervical, una de las lesiones más habituales en impactos y frenazos bruscos. Al tratarse de animales más ligeros y con menor masa corporal, controlar el movimiento de la cabeza resulta fundamental para reducir las consecuencias de una colisión.
Precisamente por eso, María considera que los sistemas que únicamente sujetan el cuerpo, pero no limitan suficientemente el desplazamiento de la cabeza, ofrecen una protección claramente inferior.

Los arneses y sus limitaciones
Muchos propietarios consideran que un arnés es la solución ideal. Sin embargo, la veterinaria introduce varios matices importantes. Lo primero que aclara es que no todos los productos ofrecen el mismo nivel de seguridad. En su opinión, únicamente deberían utilizarse arneses testados en laboratorio y específicamente diseñados para soportar las fuerzas generadas durante un accidente.
Incluso en esos casos existe una limitación importante: el arnés retiene el cuerpo de la mascota, pero no evita completamente el movimiento de la cabeza. Esto incrementa el riesgo de sufrir lesiones cervicales, especialmente en impactos frontales. Por ello, cuando se utilice este sistema, recomienda colocarlo siempre en los asientos traseros, donde el animal permanece más protegido que en otras zonas del vehículo.

¿Es mejor el asiento trasero o el maletero?
La respuesta depende en gran medida del tamaño del animal y del tipo de coche. En vehículos de tamaño considerable, el uso de un transportín rígido sujeto mediante cintas de amarre es una de las configuraciones mejor valoradas. Si no es posible utilizar transportín, también considera aceptable un arnés homologado correctamente fijado.
En cualquiera de los dos casos, el objetivo debe ser minimizar los desplazamientos. Por eso recomienda situar los sistemas de retención lo más cerca posible de los respaldos traseros y pegados al suelo del vehículo.
Una ventaja importante del maletero es que permite transportar con mayor seguridad a perros grandes y resulta especialmente útil cuando todas las plazas del coche están ocupadas.
En cuanto a las rejillas, nunca se deberían utilizar como único sistema de protección. Estas barreras pueden evitar que la mascota invada el habitáculo durante una frenada, pero no controlan adecuadamente los movimientos del animal en caso de impacto.
Además, el maletero tampoco está exento de riesgos. Aunque ofrece una elevada protección frente a impactos frontales, puede resultar más vulnerable en determinadas colisiones traseras, donde existe riesgo de atrapamiento o aplastamiento.

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