Más de 200 personas se congregaron en el polígono industrial de Can Valero para presenciar una carrera ilegal de coches que terminó con una amplia intervención policial, decenas de sanciones y varios conductores identificados.
Un episodio que vuelve a poner sobre la mesa la peligrosa combinación de motor, espectáculo y falta absoluta de responsabilidad.
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Un polígono transformado en pista
La actuación tuvo lugar durante la madrugada del pasado 3 de mayo, entre las doce y cinco minutos y las dos y media de la mañana. A esas horas, las calzadas del polígono mallorquín dejaron de ser vías públicas para convertirse, de facto, en un circuito improvisado.
Tres turismos fueron los protagonistas de una exhibición inicial de maniobras extremas: derrapes deliberados, sobrevirajes y los conocidos trompos, ejecutados ante un público que no solo observaba, sino que alentaba cada acción con entusiasmo.
Tras esta primera fase, los conductores pasaron a una segunda aún más peligrosa: una competición de velocidad en línea, circulando consecutivamente muy por encima de los límites permitidos y realizando adelantamientos irregulares entre ellos.
Todo ello, en un entorno urbano abierto al tráfico y sin ningún tipo de medida de seguridad, ni para los participantes ni para los asistentes.
Reacción policial y tensión
La Policía Local de Palma detectó la concentración al observar conductas claramente constitutivas de infracción muy grave. Sin embargo, la presencia de una multitud numerosa y con actitud desafiante obligó a extremar las precauciones.
Los agentes solicitaron refuerzos y varias patrullas del Grupo de Actuación Preventiva se desplazaron al lugar para asegurar la zona, garantizar la integridad de los efectivos y poder actuar con garantías.
Gracias a este despliegue, dos de los tres vehículos implicados fueron interceptados. Ambos conductores eran varones mayores de edad y de nacionalidad española.
El tercer coche consiguió abandonar la zona antes de ser detenido, aunque posteriormente la investigación permitió identificar también a su conductor. Una huida que no exime de responsabilidad y que previsiblemente tendrá consecuencias administrativas y, en su caso, penales.
Vehículos sin condiciones legales
El control posterior reveló una circunstancia especialmente preocupante: uno de los turismos circulaba con la Inspección Técnica de Vehículos caducada desde hacía más de dos años y, además, carecía de seguro de responsabilidad civil obligatorio.
Es decir, se trataba de un vehículo que nunca debería haber estado en circulación y que, de haber provocado un accidente, habría dejado un escenario de graves consecuencias humanas y económicas.
Este detalle no es anecdótico. En el ámbito de las concentraciones ilegales, no es extraño encontrar coches modificados sin homologación, con mantenimientos deficientes o directamente al margen de la legalidad. Una acumulación de riesgos que multiplica las probabilidades de siniestro.
Las sanciones y el mensaje
Como resultado del operativo, la Policía Local tramitó infracciones muy graves por conducción temeraria y participación en competiciones no autorizadas, tal y como recoge el Reglamento General de Circulación.
En total, se formularon 17 denuncias por ITV caducada, cinco por carecer de seguro obligatorio, 14 actas por incumplir la Ordenanza Municipal de Circulación y otras seis sanciones por vulnerar la normativa estatal de tráfico.
Más allá de las cifras, el episodio de Can Valero lanza un mensaje claro. La pasión por el automóvil y la conducción deportiva tiene espacios legales y seguros: circuitos, tandas organizadas y eventos regulados. Trasladar esas prácticas a la vía pública no solo es ilegal, sino profundamente irresponsable.
Un fenómeno que persiste
Las carreras clandestinas no son un problema nuevo, pero sí uno que se adapta y reaparece. Redes sociales, convocatorias rápidas y localizaciones cambiantes dificultan su control. Frente a ello, las autoridades insisten en la vigilancia y en sanciones ejemplarizantes. Porque en la carretera, a diferencia de un circuito, el error no se paga solo con segundos perdidos, sino con vidas.
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Historiador de formación, periodista deportivo de vocación y apasionado del motor por elección. Terminé contando carreras en vez de guerras. Entre libros, crónicas y gasolina he ido encontrando el camino. Ahora intento comunicarlo sin levantar el pie del acelerador.
