EL MOTOR PARA MAZDA

Mazda CX-5, cuando conducir un SUV es tan divertido como seguro

Las tecnologías SKYACTIV aportan dinamismo, seguridad, prestaciones y eficiencia al todocamino japonés.

Mazda

El Mazda CX-5 es una de las referencias dentro del segmento de los SUV. / Mazda

El fenómeno de los SUV es imparable en toda Europa. Los automovilistas han virado sus preferencias hacia un concepto más práctico, funcional y de indudable atractivo estético. Sin embargo, algunos todavía parecen tener ciertas dudas sobre el comportamiento dinámico y seguridad de vehículos que, por definición, deben ser más grandes y pesados que un turismo convencional. Pero la industria es capaz de echar por tierra estos prejuicios, ofreciendo propuestas tan solventes como la del nuevo Mazda CX-5.

Un todocamino que llega a entusiasmar por su diseño KODO – Alma del movimiento pero que es mucho más que un envoltorio bonito. Belleza y eficiencia pueden ir de la mano y la tecnología SKYACTIV de Mazda lo demuestra. Se encuentra en sus innovadores motores, en su chasis y en sus paquetes de seguridad, todos ellos aspectos esenciales para conseguir que un automóvil alcance el grado de satisfacción que reclaman clientes cada día más exigentes.

Disfrutar del placer de conducir

La sensación de control que se tiene al volante del nuevo Mazda CX-5 es fruto de la combinación de las soluciones aportadas por el chasis SKYACTIV-Chassis, la carrocería SKYACTIV-Body y la tecnología SKYACTIV VEHICLE DYNAMICS. Tres pilares sobre los que se sustenta la excelencia de un SUV capaz de regalar al conductor un comportamiento comparable al de las mejores berlinas, con lo que ello supone en términos de disfrute, manejabilidad y seguridad.

La carrocería es ligera pero también resistente, con los refuerzos necesarios para garantizar la protección de sus ocupantes y utilizando aceros de resistencia alta y ultra alta para conseguir el difícil compromiso entre el peso y la seguridad. Los elementos mecánicos principales del coche, dirección, suspensión y frenos, han mejorado significativamente respecto a las anteriores generaciones del CX-5 para reforzar el placer de conducción que define a la marca.

Es el Jinba Ittai, el concepto de armonía que representa un guerrero japonés junto a su fiel corcel, extrapolado a las sensaciones que el conductor debe también disfrutar con el Mazda CX-5. La mejora en el aislamiento acústico, la reducción en las vibraciones, la suavidad de la rodadura, la eficacia aerodinámica… cada detalle importante se ha tenido en consideración para alcanzar esa calidad general de conducción que caracteriza a un producto tan avanzado como este todocamino de última generación.

Todo bajo control

Para completar las cualidades dinámicas del nuevo CX-5, Mazda lleva un paso más allá las tecnologías de seguridad i-ACTIVSENSE. Una evolución de este paquete de soluciones que alcanzan su máximo nivel para convertirse en un aliado para el conductor potenciando la seguridad activa del vehículo.

El Mazda CX-5 es capaz de cosas que hasta hace muy poco ni siquiera se hubieran podido imaginar en un coche de su segmento. Por ejemplo, gracias al control de crucero adaptativo, puede mantener la velocidad adecuada en cada momento, midiendo la velocidad relativa la distancia respecto al vehículo precedente para controlar así el motor y los frenos, decelerando hasta incluso detenerse por completo si fuera necesario. También interpreta las señales de tráfico e informa al conductor sobre los límites u otras prohibiciones, advirtiéndole con alertas visuales y sonoras.

En ciudad, i-ACTIVSENSE ofrece funcionalidades como la asistencia avanzada de frenada. En caso de existir riesgo de colisión con otro vehículo o peatón, identificado a través de una cámara de visión delantera con mayor ángulo de visión, el Mazda CX-5 advierte al conductor antes de accionar los frenos hasta la parada total si no llega a producirse a tiempo la intervención urbana. Una posibilidad que también existe al dar marcha atrás, gracias a sensores ultrasónicos y siempre que se circule entre 2 y 8 km/h.

Son solo ejemplos destacados del concepto i-ACTIVSENSE, que se completan con otros igualmente prácticos como el sistema de mantenimiento de carril, el control del ángulo muerto con alerta de tráfico posterior, el detector de fatiga, la frenada de emergencia… Con ello, la asistencia de la que disfruta el conductor le permite desarrollar su tarea con una mayor atención a lo realmente importante, centrándose en el resto de los aspectos que influyen en la circulación y con la tranquilidad de saber que muchas situaciones de riesgo serán anticipadas e incluso corregidas por esta sofisticada tecnología de seguridad activa.

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