A principios de 2026, Islandia introdujo un nuevo sistema de peajes: los conductores pagan en función de la distancia recorrida con su vehículo. Los coches deben abonar unos pocos céntimos por kilómetro recorrido, pero el coste es mayor para los vehículos más pesados.
El pago se realiza mensualmente según la lectura del contador: si no hay, se lleva a cabo una estimación derivada de ella. Sin embargo, este nuevo sistema parece que aún no funciona a la perfección.
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Hlynur Bragason es conductor de un autobús y se llevó una gran sorpresa al recibir su primera factura: indicaba que había recorrido 999.691 kilómetros a lo largo de enero y que, en consonancia, debía unos 20 millones de coronas islandesas (138.121 euros, según el cambio actual).
Esto no cuadraba con la cifra del odómetro, que indicaba que el vehículo había recorrido 440.000 kilómetros. El conductor pensó que había malinterpretado la factura, pero al repasarla se dio cuenta de que las cifras eran las que había leído.
Un autobús a 1.343 km/h
Comentó a una radio local que había estado muy ocupado en enero, pero que no recordaba haber dado la vuelta al mundo en autobús 25 veces: es el número de viajes que habría necesito para acumular casi un millón de kilómetros.
No sólo eso: enero tiene 31 días. Si hubiera conducido 999.691 kilómetros en ese tiempo, habría tenido que conducir a, aproximadamente, 1.343 km/h sin parar. O lo que es lo mismo: más rápido que la velocidad del sonido que, en el aire, es de unos 1.235 km/h.
Primeros errores
Era de esperar que, tras la implantación del nuevo sistema de peajes, las cifras del primer mes fueran inusuales porque las estimaciones se basaron en las últimas lecturas. La factura de este conductor de autobús demuestra que el nuevo sistema de peaje simplemente no funciona.
Las estimaciones o errores inexactos deberían notificarse a las autoridades fiscales para que las corrijan y, en el futuro, los importes deberían ajustarse correctamente para reflejar la realidad.
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Desde que aprendió a hablar y escribir, una de sus pasiones siempre fue contar todo lo que pasaba a su alrededor. Hizo las maletas y cambió Zaragoza por Madrid para estudiar Periodismo en la Universidad Complutense. Antes de graduarse, el mundo del motor se cruzó en su camino… y nunca lo ha abandonado.
