El mercado de ocasión de vehículos eléctricos está experimentando un crecimiento sin precedentes. Cada vez más conductores ven en la segunda mano la puerta de entrada idónea para dar el salto a la movilidad de cero emisiones sin afrontar los elevados costes de adquisición de un modelo a estrenar.
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Sin embargo, trasladar las viejas inercias del mercado de combustión interna a la compra de un eléctrico usado entraña un riesgo financiero considerable. Tradicionalmente, el kilometraje ha sido la variable reina para valorar el desgaste de un coche. Si la cifra del odómetro era baja, se asumía que la mecánica guardaba todavía una larga vida útil. En un coche eléctrico, esa regla ha dejado de ser válida.
Un revelador informe técnico elaborado por la empresa especializada Aviloo pone de manifiesto que dos vehículos eléctricos exactamente iguales, del mismo año y con el mismo número de kilómetros en el marcador, pueden presentar una degradación de la batería drásticamente opuesta. Comprar a ciegas sin verificar la salud real del acumulador puede transformarse en una avería económica irreparable.

Dos coches idénticos de vidas opuestas
El factor determinante en la longevidad de un coche eléctrico no es la distancia recorrida, sino cómo se ha tratado la batería a lo largo de esa distancia. La investigación de Aviloo demuestra que el State of Health (SoH) (el porcentaje de capacidad útil restante en comparación con el estado original de fábrica) varía de forma drástica según los hábitos del usuario anterior.
Un vehículo con apenas 50.000 kilómetros en su haber puede presentar una batería más castigada que la de una unidad con 150.000 kilómetros si la primera ha sido sometida de forma sistemática a recargas rápidas diarias en corriente continua y ha permanecido expuesta a temperaturas extremas con un nivel de carga del 100 %.
Por el contrario, un automóvil que haya acumulado una elevada cifra de kilómetros cargando de forma lenta en corriente alterna, manteniendo el nivel de energía habitualmente en la franja ideal de seguridad (entre el 20 % y el 80 %), conservará la salud de sus celdas en niveles óptimos. El kilometraje, por tanto, enmascara el uso real y la fatiga térmica a la que se ha expuesto el componente más caro del vehículo.

Certificado de batería
Ignorar el SoH antes de rubricar el contrato de compraventa puede acarrear consecuencias financieras desastrosas. Reemplazar un paquete de baterías completo en caso de fallo fuera del periodo de garantía del fabricante puede suponer un desembolso que, en muchos casos, supera el valor venal del propio coche usado. La pérdida inasumible de autonomía operativa es solo la primera señal de un acumulador agotado.
Por todo ello, los analistas del sector coinciden en señalar que la industria debe evolucionar hacia la transparencia total. La exigencia de un certificado oficial de salud de la batería (emitido por laboratorios de diagnosis independientes a través del puerto OBD del coche) debe convertirse en un requisito indispensable en el mercado de ocasión.
Solo comprobando el porcentaje real de SoH, el comprador tendrá la garantía de adquirir un vehículo plenamente funcional, protegiendo su inversión frente a costosas sorpresas mecánicas.

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