En carretera, la seguridad no siempre llega en forma de triángulo o panel luminoso. A veces basta con un destello amarillo para advertir que algo se sale de lo normal. Ese es el papel de la señal V-2, un dispositivo reservado a vehículos que, por su función o por su velocidad, pueden convertirse en un obstáculo temporal para el resto de usuarios. Su misión es sencilla: hacer visible la presencia de un vehículo que está prestando un servicio, detenido o moviéndose a ritmo muy reducido.
El conductor que detecta una V-2 debería traducirla de inmediato en una consigna práctica: más atención y más distancia de seguridad. No es una recomendación genérica. La norma vincula esta señal a situaciones concretas: vehículos que están parados o estacionados mientras realizan una actividad, o que no pueden superar los 40 km/h, como los vehículos agrícolas. En ambos casos, el riesgo no es la luz, sino lo que esta anuncia: maniobras, operarios, obstáculos o cambios súbitos en el flujo del tráfico.
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¿Quiénes la llevan? La V-2 está pensada para flotas que trabajan sobre el asfalto: obras, limpieza, mantenimiento, y también para el transporte especial, incluidos los vehículos piloto o de acompañamiento.
Se suma a ese listado el apoyo logístico en eventos (pruebas deportivas, marchas ciclistas, columnas militares u otras situaciones organizadas) y algunos supuestos de circulación excepcional, como ciertos transportes de mercancías peligrosas. En estos casos, la instalación o el uso no requiere autorización administrativa, tanto si la luz está integrada en el vehículo como si se incorpora como elemento adicional.
La señal V-2 y las bandas reflectantes
Para que cumpla su función, la V-2 debe responder a requisitos técnicos claros. Debe ser una señal rotativa o destellante, de color amarillo auto, y mantenerse encendida de día y de noche.
Además, ha de estar homologada conforme al Reglamento CEPE/ONU nº 65, ser visible en todas direcciones desde al menos 100 metros y colocarse por encima de los intermitentes más altos, sin perjudicar la visibilidad del conductor ni la resistencia estructural del vehículo.

La normativa contempla, además, un refuerzo voluntario: distintivos retrorreflectantes en el contorno del vehículo, con franjas rojas y blancas alternas a 45 grados, medidas mínimas de anchura y superficies de referencia según la zona (delantera, trasera y laterales). En los vehículos de auxilio, su presencia puede llegar a ocupar un tercio de la superficie disponible, con un límite de altura.
El mensaje final es tan importante como simple: si un vehículo lleva la V-2, no está decorando su techo; está avisando de una operativa especial. Por eso, la norma recuerda que está prohibido montar o usar esta señal en vehículos que no constituyan un obstáculo.
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