LO ÚLTIMO
Así es el nuevo Audi Q9: un gigantesco SUV de lujo con siete plazas, 299 CV y tecnología nunca vista en la marca

Cómo prevenir el riesgo invisible para los automovilistas en verano

Madrid |

Las altas temperaturas aceleran el crecimiento de los impactos en los parabrisas de los vehículos.

Parabrisas roto

Las altas temperaturas y el aumento de los desplazamientos estivales están detrás de un fenómeno que cada verano gana protagonismo en la posventa de automoción: el incremento de las roturas de parabrisas.

Aunque un pequeño impacto puede parecer un daño menor, el calor extremo y los cambios bruscos de temperatura aceleran su evolución hasta convertirlo en una grieta irreversible, con las consiguientes implicaciones para la seguridad vial y el coste de reparación.

Las olas de calor registradas durante los meses de verano someten a los vehículos a condiciones especialmente exigentes. En el caso de los parabrisas, el calor actúa como un acelerador de los daños previos. Un impacto que durante meses podría permanecer estable puede crecer rápidamente en esas circunstancias, según explican los expertos de Carglass, una de las empresas de referencia en reparaciones de este componente.

Esta situación adquiere una relevancia especial durante el periodo vacacional, cuando millones de conductores realizan desplazamientos de larga distancia. Un parabrisas dañado no solo compromete la visibilidad, sino también la integridad estructural de un elemento que desempeña un papel clave en la seguridad del vehículo.

Más kilómetros, más impactos

Una de las principales razones por las que se registran más daños en los parabrisas durante el verano es el incremento del tráfico por carretera. A mayor volumen de circulación, mayor exposición a impactos provocados por gravilla y pequeños fragmentos desprendidos del pavimento.

El estado del asfalto también contribuye a este fenómeno. Las altas temperaturas provocan la dilatación de los materiales, favoreciendo la aparición de grietas y pequeñas cavidades en la superficie de la carretera. Con el paso continuado de los vehículos, estas zonas deterioradas generan pequeñas piedras que pueden ser proyectadas por los neumáticos, impactando contra las lunas de los automóviles.

El resultado es un aumento de los daños superficiales que, aunque inicialmente puedan parecer insignificantes, constituyen puntos de debilidad que pueden evolucionar rápidamente cuando entran en juego otros factores.

El calor acelera el crecimiento de las grietas

Los estudios sobre resistencia del vidrio llevan décadas demostrando que cualquier defecto o impacto reduce de forma significativa la capacidad estructural del material. Cuanto mayor es el daño inicial, menor es la fuerza necesaria para que continúe creciendo.

Las investigaciones desarrolladas por Belron Technical, división de I+D del grupo al que pertenece Carglass, apuntan además a que el calor y los cambios bruscos de temperatura incrementan la velocidad de crecimiento de esas fisuras.

La explicación está en la propia arquitectura del vehículo. La carrocería experimenta procesos de expansión y contracción cuando varía la temperatura ambiente. El acero, el aluminio y el vidrio reaccionan de forma diferente al calor, generando tensiones internas que terminan afectando al parabrisas.

A ello se suma el propio comportamiento del cristal. Durante un día soleado, la superficie exterior puede alcanzar temperaturas muy elevadas, mientras que el interior permanece significativamente más frío. Esta diferencia térmica provoca esfuerzos en el material que favorecen la propagación de cualquier daño existente.

Por este motivo, los especialistas recomiendan evitar acciones que generen cambios bruscos de temperatura sobre el cristal. Entre ellas destaca dirigir directamente el flujo de aire frío del climatizador hacia un parabrisas sobrecalentado tras permanecer estacionado al sol durante varias horas.

Un componente sometido a múltiples tensiones

Más allá de las condiciones climáticas, el parabrisas es uno de los elementos del vehículo que soporta una mayor cantidad de esfuerzos mecánicos.

Su proceso de fabricación implica operaciones de corte, curvado y laminación que pueden dejar tensiones residuales en el material. Además, cada luna cuenta con una geometría específica, con diferentes curvaturas e inclinaciones que condicionan su comportamiento estructural.

La instalación en el vehículo también influye. Los parabrisas se fijan mediante adhesivos de poliuretano y pequeñas variaciones derivadas de los procesos de fabricación o montaje pueden generar patrones distintos de tensión de una unidad a otra.

Su papel estructural añade nuevos factores de estrés. El parabrisas contribuye a la rigidez de la carrocería y a la resistencia del techo en caso de vuelco. Por ello recibe constantemente las fuerzas derivadas de aceleraciones, frenadas y apoyos en curva.

A todo esto se añaden las vibraciones producidas por irregularidades del pavimento, los badenes y la propia circulación. También intervienen las cargas aerodinámicas provocadas por el viento, cuyo efecto depende del tamaño y la inclinación de la superficie acristalada.

En verano, el calor se suma a todas estas tensiones ya existentes, elevando el riesgo de que un impacto evolucione hacia una rotura completa.

Reparar antes de sustituir

Desde el punto de vista de la posventa, la rapidez de actuación resulta determinante. Un impacto pequeño puede ser reparable si se interviene a tiempo, mientras que una grieta desarrollada suele obligar a sustituir la luna por completo.

La posibilidad de reparación depende de factores como la ubicación del daño y su tamaño. Los impactos próximos al borde del parabrisas, de gran diámetro o situados en la zona de visión directa del conductor suelen quedar fuera de los parámetros habituales de reparación.

La reparación presenta ventajas tanto económicas como operativas. Evita desmontajes complejos, reduce tiempos de inmovilización y elimina la necesidad de determinadas intervenciones asociadas a la sustitución, como la recalibración de sistemas avanzados de asistencia a la conducción (ADAS) cuando esta no es necesaria.

Además, la reparación encaja con una estrategia cada vez más relevante para el sector de la automoción: prolongar la vida útil de los componentes y reducir el consumo de recursos. En un contexto donde la sostenibilidad gana peso en toda la cadena de valor, evitar la sustitución de piezas cuando técnicamente es viable se ha convertido en una vía para reducir emisiones y optimizar materiales.

Sigue toda la información de EL MOTOR desde Facebook, Twitter o Instagram

Salir de la versión móvil