Este invierno en España ha dejado de ser una simple estación de abrigo y paraguas para convertirse en un desafío de resistencia debido a las bajas temperaturas que están azotando muchas zonas peninsulares. La cadena de borrascas que ha ido sacudiendo el país desde que se le ha dado la bienvenida a 2026 ha teñido de blanco muchos tramos de la red de carreteras y, aunque no lo parezca, es dañino para los vehículos.
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Tras esta sucesión de temporales de las últimas semanas, muchos conductores han caído en la falsa complacencia de pensar que el agua de lluvia es un sustituto gratuito del túnel de lavado. Aunque, nada más lejos de la realidad. Mientras el termómetro cae en picado, el enemigo silencioso de la automoción en invierno (la sal) comienza su trabajo de erosión bajo el chasis.

El “veneno” blanco de las carreteras
Las máquinas quitanieves y los servicios de mantenimiento de carreteras no han dado tregua, esparciendo toneladas de cloruro sódico y descongelantes químicos para garantizar la seguridad vial. Sin embargo, lo que es una bendición para el agarre de los neumáticos es una condena para el metal. El aguanieve y el barro invernal actúan como una pasta corrosiva que se adhiere con saña a los pasos de rueda, las suspensiones y los sistemas de freno.
Expertos del sector coinciden en que la acumulación de estos residuos no es solo una cuestión estética. Si no se elimina mediante lavados regulares, la mezcla química acelera la oxidación de componentes críticos. La pintura puede perder su brillo, pero un latiguillo de freno corroído o un eje debilitado por la herrumbre suponen un riesgo real para la seguridad. En este escenario, la limpieza se convierte en una tarea de mantenimiento preventivo indispensable.

¿Cuándo pasar por lavadero?
No se trata de lavar por lavar. Las temperaturas gélidas exigen estrategia. Los especialistas recomiendan realizar la limpieza cuando el termómetro supere los 4 °C o 5 °C, preferiblemente durante las horas centrales del día para aprovechar el pico de calor y la luz solar. Lavar el coche a última hora de la tarde, con temperaturas bajo cero, es una receta para el desastre: el agua puede congelarse instantáneamente en las cerraduras, sellos de goma y juntas de las puertas, provocando daños estructurales al intentar abrirlas.
Incluso en mitad de estas semanas de frío intenso, como las que se está soportando gran parte de España, la recomendación es clara: un lavado cada una o dos semanas es el estándar de oro para proteger el coche. Un buen manguerazo a presión, prestando especial atención a los bajos del vehículo, marcará la diferencia entre un coche que envejece con dignidad y uno que termina prematuramente en el taller de chapa.

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