Pocos elementos del coche han cambiado tan poco con el paso de las décadas como la guantera. Aunque su tamaño, diseño o ubicación se han adaptado a los tiempos, sigue ocupando un lugar privilegiado en el interior de los vehículos.
Es el espacio donde generalmente terminan los papeles del coche, las gafas de sol, los mandos del garaje o cualquier objeto que no tenga un lugar mejor donde guardarse. Sin embargo, su función original era muy diferente.
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Los inicios de la conducción
Para entender el origen de la guantera hay que viajar hasta los inicios del automóvil, a finales del siglo XIX y principios del XX. Los primeros coches heredaban gran parte de la filosofía de los carruajes tirados por caballos. La mayoría carecía de techo, puertas, parabrisas o cualquier tipo de protección frente al viento, la lluvia o el frío. Conducir suponía exponerse durante kilómetros.
A ello se sumaba que los motores se arrancaban mediante una manivela exterior que requería un esfuerzo físico considerable y que, además, solía acabar dejando las manos llenas de grasa y suciedad. Por esa razón, los conductores utilizaban gruesos guantes de cuero o lana para protegerse tanto del frío como de las propias características mecánicas de aquellos rudimentarios vehículos. En aquella época los guantes eran una herramienta prácticamente imprescindible para conducir.

Así nació la ‘caja de guantes’
La creciente popularidad del automóvil hizo surgir una necesidad muy simple. Si los conductores utilizaban guantes constantemente, necesitaban también un lugar donde guardarlos cuando no los llevaban puestos. Los fabricantes comenzaron entonces a incorporar pequeños compartimentos destinados específicamente a ese fin. En muchos países recibieron el nombre de glove box, es decir, ‘caja de guantes’.
Con el tiempo, la traducción y adaptación del término derivó en la palabra ‘guantera’ en español. Lo que comenzó siendo un espacio para guardar mitones y guantes de conducción terminó convirtiéndose en uno de los compartimentos más útiles del coche moderno.

La evolución
A medida que los automóviles fueron incorporando parabrisas, calefacción, techos rígidos y habitáculos cada vez más confortables, los guantes dejaron de ser indispensables para conducir. Sin embargo, la guantera ya se había ganado un lugar fijo en el diseño de los vehículos.
Los fabricantes descubrieron rápidamente que aquel hueco podía servir para almacenar multitud de objetos cotidianos y decidieron mantenerlo generación tras generación. Durante décadas, las guanteras fueron aumentando de tamaño, incorporando cerraduras, sistemas de iluminación e incluso soluciones de refrigeración.
Sin embargo, uno de los mayores cambios para la guantera llegó con la introducción de los airbags frontales para el acompañante. La necesidad de reservar espacio para este sistema de seguridad obligó a rediseñar los salpicaderos. En muchos casos, la capacidad interior de la guantera se redujo, pero lo importante es que sobrevivió.

Elemento centenario vigente
La historia del automóvil está llena de componentes que desaparecieron con el paso del tiempo como, por ejemplo, las propias manivelas de arranque o los ceniceros. La guantera, en cambio, ha logrado sobrevivir a todas las revoluciones tecnológicas que ha vivido la industria y respondiendo a la misma necesidad que hace más de 100 años: disponer de un espacio seguro y accesible para guardar aquello que el conductor puede necesitar durante el trayecto.
Y aunque ya casi nadie utilice guantes para ponerse al volante, al menos, conocer la historia y recordar el nombre de este pequeño compartimento sirve para tener presente una época en la que conducir era una aventura mucho más exigente que hoy.

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