Conducir

¿Se conduce peor en España por culpa del confinamiento?

El estado de alarma aumenta los niveles de estrés a nivel social e individual, lo que se traduce en conductas de riesgo que nos pueden poner el peligro al volante.

Enfado

La agresividad al volante puede ser muy común en estos días.

¿La crisis del coronavirus hace que los conductores pierdan pericia al volante? La pregunta no tiene una respuesta sencilla, pero en todo caso parece estar más cerca del sí que del no. Para empezar, las circunstancias actuales pueden generar miedo e inseguridad y por tanto estrés, que tiene una influencia negativa en la conducción. Pocas personas se suben actualmente al coche, pero muchas de ellas lo harán estresadas.

No puede establecerse una relación directa entre la situación actual, el estrés y los accidentes, pero resulta llamativo un dato del que informa la DGT: “Durante los once días que hubiera durado la operación Semana Santa se han producido 2,1 millones de desplazamientos, lo que supone un descenso del 86% respecto a […] la Semana Santa de 2019”. Sin embargo, el número de fallecidos ha descendido un 52%.

Este proceso psicológico se produce cuando un individuo no sabe cómo responder adecuadamente a una situación de exigencia, ante lo cual el organismo activa un estado de emergencia general. Hasta cierto grado esta situación de alerta es beneficiosa, pero en exceso produce un alto nivel desgaste en la persona.

Los expertos establecen tres fases diferenciadas: alarma (se detecta la situación y el organismo responde), resistencia (si el problema no se soluciona, el organismo compagina sus demandas con el resto de funciones vitales, lo que produce el desgaste en el individuo) y agotamiento (si el estrés persiste, llegan a manifestarse problemas de salud).

Y a estas alturas de confinamiento buena parte de la población se encontrará en las fases dos o tres, lo cual influirá en su conducción: ciertos comportamientos y conductas al volante que derivan del estrés hará que esos conductores se pongan en situaciones de riesgo.

Lo más habitual es que el conductor afectado tenga una menor tolerancia a la frustración, de modo que perderá la paciencia con más facilidad y mostrará una agresividad mayor de lo habitual. Los expertos consideran también que hay muchas posibilidades de que se tomen más riesgos al volante. Un estudio reciente impulsado por BP, Castrol y RACE detectó que “en los sujetos estresados, la aversión al riesgo es menor”, por lo que las posibilidades de sufrir un percance aumenta un 28%. El mismo análisis demuestra que se circula de forma más agresiva: los instrumentos de medición utilizados constataron un incremento de un 17% en el número de aceleraciones y maniobras bruscas.

Debido al agotamiento generado por el estrés, es común que el automovilista sufra dolores musculares (un 50% más de tensión muscular, según el informe), lo que disminuye la velocidad de reacción mientras se conduce, aumentando asimismo las posibilidades de tener un accidente.

El estudio también explica que “un conductor en estado de estrés experimenta un aumento general del nivel de ansiedad, nerviosismo y precipitación en la toma de decisiones”. El mayor riesgo por tanto es la posibilidad de experimentar un ataque de ansiedad o de pánico al volante. En ese caso, ante síntomas como falta de aire o palpitaciones, lo que hay que hacer es detener el coche en una zona segura lo antes posible.

Lo dicho para el estrés sirve también, con matices, para el sueño y la fatiga, que también pueden aparecer con más asiduidad durante estos días. Un estudio de la Universidad de Zaragoza y del centro de tratamiento psicológico y neuropsicológico Neuroactívate (realizado sobre 1.700 personas) señala que más de la mitad de los encuestados duerme peor a causa del confinamiento. Entre los problemas, el informe señala “dificultades para conciliar el sueño, despertares nocturnos o mayor somnolencia durante el día”.

Las consecuencias para los conductores pueden ser muy negativas, ya que la somnolencia y el cansancio reducen la atención al volante y aumentan el riesgo de accidente. De hecho, el estudio de la Universidad de Zaragoza revela que el 38% de las personas entrevistadas considera que ha perdido capacidad de atención y concentración. 

Según la Fundación para la Seguridad Vial (Fesvial), “entre el 20 y el 30% de los accidentes están relacionados con el sueño y la fatiga”. Por eso mismo, la entidad recomienda prestar atención a los síntomas más habituales para reaccionar a tiempo:

  • Pesadez en los párpados
  • Picor o cansancio en los ojos
  • Aparición de visión borrosa o doble.
  • Tendencia a acomodarse en el asiento
  • Reajustes posturales
  • La cabeza se nos cae
  • Bostezos continuos
  • Dificultad para concentrarse o permanecer alerta.

Consejos para evitar la fatiga

La mejor manera de combatir el sueño es estar bien descansado y tener una adecuada higiene del sueño. Los siguientes consejos de Fesvial te pueden ayudar a mejorar la calidad del sueño, sobre todo si debes conducir.

  • No tomar alcohol ni bebidas estimulantes seis horas antes de dormir.
  • Mantener un horario de descanso fijo de mínimo seis horas seguidas.
  • La siesta ayuda a descansar, pero no debe superar la media hora para evitar que por la noche no podamos conciliar el sueño.
  • No realizar comidas pesadas antes de dormir. Cuanto más ligera sea la cena mucho mejor.
  • No es recomendable ver la tele, usar el ordenador o dispositivos electrónicos en la cama puesto que puede desvelarnos.
  • No te sometas a un exceso de información sobre la situación actual, sobre todo antes de dormir.

Consejos para antes de conducir

Asimismo también puedes seguir una serie de consejos para evitar que la fatiga afecte a tu conducción:

  • No tomar alimentos pesados antes de conducir, ya que se incrementa la fatiga por el esfuerzo adicional que debe realizar nuestro aparato digestivo.
  • Pasear durante unos minutos antes de comenzar un viaje largo. Ayuda a despejarnos y prepararnos para conducir.
  • Comer alimentos ricos en hierro.
  • Beber mucho líquido, sobre todo en verano. La fatiga puede deberse a deshidratación.
  • Parar cada dos horas o cada 200 kilómetros. Es fundamental para retomar luego nuestro nivel de activación en la conducción.
  • Los efectos de la fatiga son especialmente peligrosos en la última hora de conducción.
  • Evitar malas posturas al volante.
  • Intenta pensar en cosas positivas: esta situación no será para siempre.
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