Con la llegada de las fiestas patronales y las celebraciones estivales, miles de conductores vuelven a enfrentarse a una situación muy peligrosa: ponerse al volante después de haber consumido alcohol. Es precisamente en estas fechas cuando reaparecen algunos de los supuestos trucos que prometen reducir la tasa de alcoholemia o evitar dar positivo en un control.
Los datos de la Dirección General de Tráfico (DGT) no dejan lugar para las dudas. El alcohol es uno de los factores de riesgo más frecuentemente implicados en los accidentes de tráfico: tanto es así que está presente entre el 30% y 50% de los accidentes mortales.
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Los mitos más populares
Son numerosos los conductores que creen que determinados gestos pueden ayudarles a superar un control de alcoholemia. Entre los más conocidos está beber grandes cantidades de agua después de consumir alcohol.
Si el organismo está más hidratado, el alcohol se eliminará antes. Esa es la lógica imperante, sin embargo, la realidad es muy distinta. El agua puede ayudar a combatir algunos síntomas de la resaca, pero no reduce la cantidad de alcohol presente en la sangre.
Lo mismo ocurre con el café. Tomar un café puede hacer que una persona se sienta más despierta, pero eso no significa que esté menos afectada por el alcohol ni que vaya a obtener un resultado más favorable en una prueba de alcoholemia.
Otro clásico es el chicle de menta, los caramelos o los granos de café. En estos casos, el objetivo suele ser ocultar el olor a alcohol. El problema es que el alcoholímetro no mide el olor del aliento, sino la concentración de alcohol presente en el aire espirado.
Los remedios más extraños
Algunas personas creen que saltar, correr o sudar ayuda a acelerar la eliminación del alcohol. Otras defienden que consumir leche o aceite antes de beber crea una especie de barrera protectora en el estómago.
Incluso existen quienes recomiendan chupar monedas de cobre, mascar hierba o utilizar métodos de respiración determinados durante la prueba. La Guardia Civil recuerda que ninguna de estas prácticas cuenta con base científica ni médica. Además, algunas pueden resultar directamente peligrosas para la salud.
Qué ocurre realmente en el cuerpo
Tras consumir una bebida alcohólica, el alcohol comienza a absorberse rápidamente. En apenas unos minutos puede detectarse en la sangre y suele alcanzar sus niveles máximos entre media hora y hora y media después de la ingesta. A partir de ese momento entra en juego el hígado, encargado de metabolizarlo y eliminarlo progresivamente.
El problema es que este proceso no puede acelerarse. No importa cuánto café se beba, cuánta agua se tome o cuánto ejercicio se haga. El organismo necesita tiempo para procesar el alcohol. Por eso, esperar un par de horas tampoco garantiza estar dentro de los límites legales. Dependiendo de la cantidad consumida, pueden ser necesarias muchas más.
Falsa confianza en trayectos cortos
Precisamente durante las fiestas locales aparece otro error muy frecuente. Muchos conductores asumen que un desplazamiento corto no entraña riesgos.
Piensan que recorrer apenas unos kilómetros hasta casa es algo sencillo y que controlan perfectamente la situación. Sin embargo, la experiencia demuestra lo contrario. Una parte importante de los accidentes relacionados con el alcohol se produce cerca del lugar de origen o del destino. La confianza excesiva suele convertirse en un factor de riesgo adicional. Por eso la Guardia Civil insiste en no bajar la guardia durante estos desplazamientos.
La única tasa segura
Por todas estas razones, el único truco que funciona es no conducir si bebes alcohol. En España, la tasa máxima de alcohol permitida para los conductores es de 0,5 gramos por litro de sangre o 0,25 miligramos por litro en aire espirado. Para los noveles y profesionales, esas cifras se rebajan hasta los 0,3 g/l o 0,15 mg/l.
A principios de 2025 se aprobó la nueva normativa de alcoholemia. Cuando se apruebe, se rebajará la tasa máxima de alcoholemia para conductores a 0,2 g/l en sangre (0,1 mg/l de aire espirado).
No obstante, un nivel de alcohol por debajo del límite legal es un riesgo. Por ello, lo mejor es evitar conducir después de haber bebido cualquier cantidad: la única tasa realmente segura es 0,0 g/l.
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