¿Por qué los argentinos quemaban los ‘pelillos’ de los neumáticos nuevos? El ingenioso truco para evitar multas en la aduana

Ni rastro de caucho virgen: la quema de esos filamentos de las ruedas se convirtió en una técnica de supervivencia financiera.

Neumático quemándose
Quemando los 'pelillos' del neumático. | Getty Images

Un neumático en Argentina llegó a costar el triple que en sus países vecinos, desatando una insólita fiebre de “turismo de caucho” en las fronteras. Sin embargo, para miles de conductores, el ahorro no terminaba en el taller de Chile o Uruguay, sino en la cuneta de la carretera y con un mechero en la mano.

Esta es la historia de cómo un pequeño filamento de goma se convirtió en la prueba del “delito” ante la Aduana y por qué quemar los “pelillos” de las ruedas nuevas fue, durante meses, la única forma de evitar multas confiscatorias en forma de aranceles en un mercado roto por la inflación. 

Pelillos neumático

¿Qué son los ‘pelillos’ de los neumáticos?

En las páginas de ELMOTOR ya se ha analizado en diversas ocasiones qué son y para qué sirven los característicos “pelillos de caucho de los neumáticos nuevos. Estas protuberancias no son más que un subproducto del proceso de vulcanización. Durante la fabricación, el caucho se inyecta en estado líquido dentro de una matriz que define la arquitectura de la rueda. Para garantizar la integridad estructural y evitar que el aire quede atrapado (lo que provocaría peligrosas burbujas internas), los moldes cuentan con conductos de ventilación estratégicamente situados para permitir la evacuación de gases.

Al final, la goma sobrante que se filtra por dichos canales se solidifica al enfriarse, dando lugar a estos filamentos superficiales. Lo cierto es que carecen de función técnica una vez que el neumático sale de la factoría. No es necesario retirarlos manualmente, ya que no comprometen la adherencia ni la estabilidad; simplemente desaparecen de forma natural tras unos pocos kilómetros de rodaje por la propia abrasión del asfalto. Sin embargo, en el Cono Sur, estos hilos de goma adquirieron una importancia legal inesperada.

Pelos neumático

La hiperinflación y el mercado de neumáticos

Se dice que la picaresca suele ser la respuesta natural a la necesidad, y en el sector de la automoción en Argentina, esa urgencia alcanzó niveles críticos. Durante los últimos años, el país sudamericano ha lidiado con una inflación galopante que distorsionó por completo el mercado de los repuestos.

Entre todos los componentes, los neumáticos se convirtieron en auténticos objetos de lujo, empujando a miles de conductores a una maniobra tan arriesgada como curiosa: cruzar la frontera y, literalmente, quemar las pruebas de la compra de las gomas de estreno.

Venta neumáticos nuevos

La brecha de precios con los países vecinos

Para entender el fenómeno, solo hay que echar un vistazo a la calculadora. Mientras la economía argentina sufría los estragos de la devaluación, el precio de una cubierta Pirelli Cinturato P1 (185/60R15), medida estándar para utilitarios, llegó a costar la friolera de 274,35 euros al cambio.

La comparativa con los países limítrofes resultaba humillante para el bolsillo del consumidor local. En Brasil, ese mismo neumático se comercializaba por 75,40 euros, mientras que en Chile el precio rondaba los 89,88 euros y en Uruguay 111,21 euros. La diferencia era tan abismal que, incluso sumando el coste del combustible para el viaje, el ahorro superaba el 60% al renovar el juego completo. “Era una cuestión de pura lógica económica; o se viajaba fuera o el coche se quedaba sobre ladrillos”, comentan fuentes del sector en las zonas fronterizas.

El mechero antes de la aduana

Sin embargo, el ahorro tenía un enemigo: la Aduana. Las autoridades argentinas, conscientes de esta fuga de divisas, intensificaron los controles para sancionar la importación de mercancías sin declarar. Aquí es donde entraba en juego el análisis visual de los agentes. Un neumático nuevo es inconfundible, no solo por su dibujo profundo, sino por los citados filamentos de caucho que delatan su nulo uso.

Para evitar multas confiscatorias, el conductor argentino desarrolló un método rudimentario pero eficaz. Antes de encarar el puesto de control, con un mechero o una pequeña antorcha, quemaba todos los pelos de goma. El objetivo era simular que el neumático ya tenía kilómetros de uso y que no acababa de ser montado en un taller extranjero. Una pasada rápida por un camino de tierra para ensuciar el flanco completaba el camuflaje perfecto para eludir la sanción.

Calma tensa tras la tormenta

Aunque en los últimos meses la inflación parece haberse mantenido a raya en comparación con el caos precedente, la cicatriz económica en el parque móvil argentino sigue presente. El fenómeno de los «pelillos quemados» quedará en la historia de la automoción como un recordatorio de hasta dónde puede llegar el ingenio humano cuando mantener la seguridad vial se vuelve un privilegio inalcanzable.

Hoy, la brecha de precios se ha reducido drásticamente, pero el recuerdo de la quema de los “pelos” de caucho en las fronteras sigue vivo entre quienes prefirieron usar un mechero antes que afrontar una multa que convertía el mantenimiento del coche en un lujo inasumible.

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