La imagen de una persona caminando por el arcén de una carretera convencional es habitual en muchas zonas de España. Peregrinos, excursionistas, vecinos de pequeños municipios o conductores que han abandonado su vehículo tras una avería comparten espacio con vehículos que circulan a velocidades elevadas. En ese entorno, cualquier error puede tener consecuencias dramáticas. El 12 de agosto, por el eclipse de Sol, las situación puede ser común.
La Dirección General de Tráfico (DGT) lleva años alertando sobre la vulnerabilidad de los peatones en vías interurbanas. Según datos recogidos por la revista Tráfico y Seguridad Vial, 107 peatones perdieron la vida en carreteras interurbanas en 2020 y 118 en 2021. Se trata de una siniestralidad que, aunque menos visible que otros accidentes de tráfico, mantiene una elevada gravedad debido a la diferencia de masa y velocidad entre un vehículo y una persona.
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Los estudios del Observatorio Nacional de Seguridad Vial señalan que los atropellos mortales en carretera suelen estar asociados a una combinación de factores. Entre los más frecuentes figuran la irrupción inesperada del peatón en la calzada, la distracción del conductor, el incumplimiento de las normas de prioridad de paso, el consumo de alcohol y la velocidad inadecuada.
La situación se vuelve especialmente crítica durante la noche. La falta de iluminación reduce la capacidad del conductor para detectar con antelación la presencia de una persona en el arcén. En las carreteras secundarias, donde la iluminación artificial es prácticamente inexistente, la visibilidad depende exclusivamente de los faros de los vehículos.
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Chalecos reflectantes para peatones
Los datos recopilados por la DGT reflejan con claridad esta realidad. En 2020, 58 de los 66 peatones fallecidos en atropellos nocturnos no llevaban elementos reflectantes, lo que supone el 88% de las víctimas registradas en estas circunstancias.
La visibilidad es un factor determinante. Un peatón vestido con ropa oscura puede resultar prácticamente invisible para un conductor hasta que la distancia de reacción es muy reducida. A medida que aumenta la velocidad del vehículo, el margen para realizar una maniobra evasiva disminuye de forma drástica. Por ello, los especialistas en seguridad vial consideran que hacerse visible constituye una de las medidas de protección más eficaces para quienes se ven obligados a caminar por carretera.
En numerosos tramos el arcén es estrecho o inexistente, lo que obliga al peatón a caminar cerca de los carriles de circulación.
Otro de los escenarios de peligro más habituales se produce tras una avería o un incidente mecánico. Muchos atropellos afectan a conductores o acompañantes que abandonan el vehículo inmovilizado y permanecen cerca de la calzada. El uso de la baliza V-16 en lugar de los triángulos de emergencia pretende reducir este riesgo.
Aunque los peatones representan una proporción reducida de los usuarios presentes en las carreteras, continúan formando parte de los colectivos más expuestos. La diferencia física frente a cualquier vehículo hace que incluso impactos a velocidades moderadas provoquen lesiones muy graves. Por este motivo, los organismos encargados de la seguridad vial insisten en la necesidad de extremar las precauciones cuando se camina por vías interurbanas, especialmente durante la noche, cuando la capacidad de ver y ser visto se convierte en el principal elemento de protección.
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