El conflicto vecinal se erige como un género literario en sí mismo dentro de España, pero cuando se traslada a los garajes comunitarios, la tensión alcanza niveles de alto voltaje. Una reciente publicación en la cuenta de X de Forocoches ha servido de chispa para un enfrentamiento viral que suele afectar anualmente a cientos de propietarios. La imagen resulta elocuente: un vehículo aparece estacionado en su plaza y, justo al lado, una motocicleta ocupa un espacio que, aunque vacío, no pertenece al dueño del coche.
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Este gesto, que para el infractor representa una “solución práctica”, se ha convertido en la foto de la discordia. El problema no resulta ser solo estético; la ubicación de la moto impide que el vecino contiguo logre entrar o salir de su coche con la comodidad mínima exigible. Ante este escenario, cabe preguntarse quién ostenta la razón legal en este laberinto de cemento y líneas blancas.

El mito del “espacio muerto”
Uno de los errores más comunes en la comunidad de propietarios reside en creer que el espacio situado entre una columna y la plaza propia, o ese rincón que parece no molestar a nadie, pertenece al dueño del coche por proximidad. Sin embargo, la realidad jurídica dicta lo contrario.
La Ley de Propiedad Horizontal (LPH) se muestra cristalina al respecto. La plaza de aparcamiento constituye un elemento privativo con límites perfectamente delimitados en la escritura y por las líneas pintadas en el pavimento. Todo lo que queda fuera de ese perímetro se considera zona común. Al igual que un residente no puede instalar un armario en el rellano del ascensor, el propietario de un vehículo no puede estacionar una moto en los viales de maniobra o espacios residuales.
Dicha área pertenece a la comunidad de vecinos y su uso se destina exclusivamente al tránsito, la seguridad y la maniobrabilidad. Ocuparla de forma unilateral supone, por tanto, una invasión de la propiedad colectiva.

¿Se puede estacionar más de un vehículo por plaza?
Esta cuestión genera una enorme incertidumbre entre los usuarios. Por ejemplo, en la Comunidad de Madrid y en el caso de que el vecino de la foto hubiera situado la moto dentro de las líneas de su propia plaza junto al coche, la legalidad dependería de un equilibrio entre tres factores fundamentales:
- Los Estatutos de la Comunidad de Vecinos: este documento constituye la primera instancia de control. Si el estatuto prohíbe expresamente el estacionamiento de más de un vehículo por plaza, la controversia termina de inmediato.
- La Licencia de Actividad y el Seguro: el garaje suele disponer de una licencia que limita el número máximo de vehículos por razones de seguridad y prevención de incendios. Si ocurre un siniestro y la aseguradora detecta que existe un exceso de vehículos declarados, el cobro de la indemnización puede verse seriamente comprometido.
- La jurisprudencia: por norma general, si el estatuto no especifica nada, la justicia tiende a permitir que se aparque un coche y una moto en la misma plaza. Eso sí, se exige siempre que el vehículo no sobresalga de los límites y que no se dificulte en absoluto el uso de las plazas colindantes.

El veredicto de las redes
La publicación de Forocoches ha acumulado cientos de respuestas que reflejan el enfrentamiento entre los distintos usuarios que provoca este comportamiento. El análisis de los comentarios permite identificar tres corrientes de opinión muy marcadas:
- La facción punitiva: existe un sector de usuarios que sugiere soluciones drásticas y poco ortodoxas, llegando a justificar “daños accidentales” como método de aprendizaje para el infractor.
- La postura del pragmatismo: otro grupo defiende que, si existe espacio sobrante, el vecino que se queja incurre en una actitud excesivamente rígida. Este perfil argumenta que la escasez de aparcamiento justifica el aprovechamiento de cada centímetro de hormigón.
- La visión legalista: finalmente, destaca el usuario que recuerda que la norma garantiza la convivencia. Esta corriente subraya que, si cada propietario actuara bajo su propio criterio, el garaje se convertiría en un espacio ingobernable.

Los límites de la propiedad privada
Más allá de los tribunales, el conflicto de la moto de Forocoches pone de relieve una carencia de civismo elemental. La convivencia en un bloque de viviendas exige comprender que el garaje no funciona como un trastero ni como una extensión ilimitada de la propiedad personal.
Si el espacio es común, cualquier decisión sobre su uso debe pasar por el consenso colectivo. Antes de ocupar ese hueco que “no parece estorbar”, conviene recordar que lo que para alguien representa una comodidad, para el vecino de al lado puede suponer un obstáculo diario insalvable. En el garaje, la línea blanca no es solo pintura, sino la frontera del respeto mutuo.
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