Pruebas

El Ibiza Cupra impone su calidad mecánica

El Ibiza Cupra impone su calidad mecánica

Con la llegada del primer VW Golf GTi en 1974 (motor 1.6 de 110 CV), la deportividad dejó de ser patrimonio de los cupés y descapotables y se hizo más accesible. Y es que la gran aportación de los GTi es que toman como base un modelo compacto y añaden la pimienta de una mecánica de altas prestaciones. Así permiten disfrutar al volante sin renunciar al sentido práctico de los coches familiares.

Con el tiempo, los compactos han crecido mucho y los 3,7 metros del primer Golf han pasado a 4,25 en el último. Hasta los utilitarios son ahora más grandes, unos cuatro metros de largo, pero reflejan mejor el espíritu de los primeros GTi: ligereza y prestaciones. Y eso es lo que ofrecen los protagonistas de esta prueba: Mini Cooper S, Peugeot 208 GTi, Renault Clio RS y Seat Ibiza Cupra, los dos primeros con cambio manual de seis marchas y los otros dos con cajas automáticas y accionamiento secuencial desde el volante.

Las versiones GTi suelen ser el tope de gama de sus modelos y mantienen la funcionalidad con unas prestaciones brillantes, un tacto de conducción más preciso y directo, y un comportamiento muy ágil y divertido. Para lograrlo, adoptan suspensiones más firmes y algo menos confortables y frenos más potentes. A cambio, consumen más que sus hermanos de gama y los primeros GTi, porque ahora la mayoría lleva motores de menor cilindrada, pero con turbo, muy eficientes en ciudad y a ritmos suaves, pero más gastadores cuando se les saca el máximo partido. Y es que son coches pensados para quienes disfrutan conduciendo.

El Seat Ibiza Cupra se impone en la prueba porque es el más completo y homogéneo. No tiene la imagen más llamativa, pero cuenta con un motor brillante, un cambio automático de accionamiento instantáneo, el mejor equipo de serie y un precio ajustado. Se vende en carrocería SC o tres puertas (22.100 euros, descuentos incluidos), y la rebaja puede superar los 4.000 euros si se financia con la marca.

El Peugeot 208 GTi, que acaba de llegar, es segundo por un punto. Tiene una línea moderna, un interior muy cuidado y el mejor consumo. Además incluye un buen equipo de serie, aunque sin cambio automático, y es el más asequible (desde 21.900 euros). Pero el diseño del puesto de conducción no se adapta bien a todas las estaturas y cuesta encontrar la postura ideal.

El Renault Clio RS también acaba de salir y aporta la imagen más aguerrida y un carácter muy marcado tanto en la estética como en la respuesta mecánica. El cambio automático incluye varios programas y es el más divertido de conducir y el que mejor refleja el ADN de los GTi. Pero gasta algo más y es más caro (24.000 euros).

El Mini Cooper S juega en una liga aparte: es un utilitario premium que prima el diseño y la imagen para seducir. Así, es el más original y también el más pequeño, lo que penaliza su funcionalidad: plazas traseras y maletero muy justos. Este aspecto unido a un precio mayor (25.950 euros) le perjudican mucho en la prueba. Y tiene una versión superior, John Cooper Works, de 211 CV (31.700).

 



Conducción


Desde que VW inventó los GTi con el Golf, estas siglas identifican a los coches pequeños con motores potentes que buscan un comportamiento ágil y deportivo. Los cuatro modelos cumplen los requisitos y ofrecen prestaciones sorprendentes para su tamaño, adelantan en un suspiro y mantienen el ritmo que se elija a punta de acelerador. Y aportan una conducción muy precisa y directa y un comportamiento eficaz. A cambio, gastan más que un utilitario normal y que los anteriores GTi: ahora llevan motores con turbo, eficientes a ritmos suaves, pero más voraces si se les exprime.

El Peugeot tiene el motor más homogéneo, un 1.6 turbo de 200 CV (origen BMW). Empuja con más fuerza desde bajo régimen y es muy progresivo y contundente hasta el tope de revoluciones. El Mini Cooper S equipa el mismo motor, aunque con 184 CV, pero lleva las marchas más cortas, y al final corren casi igual. El Clio estrena un 1.6 turbo de 200 CV que no se muestra tan homogéneo, pero transmite más emoción: se nota más la entrada del turbo y ofrece más carácter a alto régimen. Además Renault ha realzado su sonido deportivo, que suena como si fuera de carreras. El Ibiza tiene el motor más pequeño, un 1.4 de 180 CV, pero es el más sofisticado: reúne un compresor que actúa a bajas revoluciones y un turbo que le releva desde medio régimen hasta casi 7.000 vueltas. Y como dispone de un cambio de siete marchas que permite sacarle el máximo partido, equilibra su menor potencia y corre como los demás.

Los cambios automáticos EDC (Renault) y DSG (Seat) son más avanzados y divertidos: incluyen doble embrague y pueden funcionar en modo automático o cambiando desde el volante (levas). El del Ibiza es más rápido, pero tiene una electrónica conservadora y no obedece cuando se le piden reducciones fuertes. El del Renault no es tan instantáneo, pero incluye varios programas y en el más extremo (Race) actúa como un manual: solo reduce o sube de marcha si se le pide. El 208 y el Mini llevan cambios manuales de seis marchas, rápidos y precisos.

El Clio tiene el comportamiento más deportivo, tanto por tacto de la dirección como por sus reacciones inmediatas. El tren trasero ayuda a que gire mejor en zonas rápidas y se agarra muy bien, aunque exige más al conductor. El 208 entra muy dócil en las curvas y absorbe mejor los baches, pero tiene un volante pequeño que le hace parecer más nervioso y obliga a ser preciso. El Mini también exige técnica, porque al ser más pequeño y tener menos distancia entre los dos ejes resulta muy ágil en las zonas más viradas. Pero le cuesta más entrar en las curvas y tiende a deslizar de delante antes que los demás. Al final, el más homogéneo y fácil de conducir es el Ibiza, porque tiene las suspensiones mejor equilibradas, resulta igual de eficaz y da más confianza al conductor. Además cuenta con unos frenos más potentes y se para en menos distancia que los demás. Le siguen el Clio y el 208, y el Mini es algo más nervioso de atrás en frenadas de apuro.






Vida a bordo





Renault Clio


Los cuatro mantienen el espacio interior y la funcionalidad de las versiones inferiores de sus gamas, pero con un estilo más deportivo que prima el disfrute en la conducción. Así, incluyen unos asientos delanteros que sujetan mejor en las curvas y volantes más elaborados. Sin embargo, el Peugeot tiene un puesto de conducción un tanto peculiar en su ergonomía –la instrumentación más alta y un volante pequeño– y cuesta encontrar la postura idónea, sobre todo a personas de estaturas bajas.

La habitabilidad trasera es muy similar en los Clio, 208 e Ibiza. Ofrecen tres plazas teóricas, aunque muy justas en la práctica: la altura y el espacio para las piernas son aceptables –algo mejor en el Peugeot–, pero la anchura solo permite alojar dos adultos y un niño en el centro con muchos aprietos. En cambio el Clio es el único con cuatro puertas, que facilitan el acceso atrás. Al Mini le penaliza el tamaño –es más pequeño– y el diseño de la carrocería. Delante es correcto, pero detrás tiene un espacio para las piernas muy justo que se reduce al mínimo si delante viajan personas de cierta estatura. Y el acceso es también el más incómodo.

El Peugeot y el Renault tienen los maleteros más grandes, aunque con más mérito para el primero: incluye una rueda de repuesto normal, mientras el Clio no lleva ninguna. El del Ibiza es similar, pero la rueda de recambio, mayor que las de las otras versiones de la gama, le resta espacio. Y el maletero del Mini es simbólico a pesar de llevar solo kit antipinchazos (como el Renault). Todos permiten abatir por partes los respaldos traseros para cargar bultos grandes, y el Peugeot y el Seat ofrecen mejores huecos, con bolsas más grandes que el Clio y el Mini en las puertas. Todos tienen posavasos, una repisa muy práctica delante del cambio… y el Renault añade otra bandeja encima de la guantera.

El Mini, en cambio, es el más vistoso y el mejor acabado. Tiene un estilo retro muy original, detalles sofisticados que le distinguen y un ambiente atractivo y más elaborado. El Peugeot también está resuelto con gusto y transmite calidad, con buenos materiales y un aspecto elegante y cuidado. Al igual que el Renault, lleva una pantalla táctil a la última, y ambos aportan una decoración deportiva y el ambiente que se espera en un GTi, aunque algo recargado en el Clio. El Seat es el más simple. Tiene un salpicadero y unas tapicerías discretas y, salvo la instrumentación, apenas hay nada que lo identifique con los GTi. En cambio, presenta los ajustes más precisos y transmite solidez.

Las suspensiones reflejan la deportividad y son más enérgicas que en las versiones inferiores, pero no penalizan en exceso el confort y permiten viajar sin castigar a los ocupantes. El Peugeot es el más cómodo y filtra todo con suavidad sin que se sienta dentro. El Seat resulta algo más seco en las juntas de dilatación, pero absorbe bien en pisos ondulados. El Clio también, pero es algo más enérgico en las irregularidades. Y el Mini tiene menos recorrido de suspensión y es menos confortable. Con la sonoridad pasa igual: el 208 está mejor aislado y es más silencioso que los demás.



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