Hay accidentes difíciles de explicar y luego está este, ocurrido en Francia. Un conductor ebrio olvidó poner el freno de mano al detener su coche y, en cuestión de segundos, todo se volvió un caos. El vehículo empezó a retroceder con las puertas abiertas, él cayó al asfalto tras golpearse contra un bordillo y el coche terminó recorriendo varios metros sin nadie al volante.
Tras el impacto contra el bordillo, la situación estuvo lejos de terminar. Mientras el acompañante intentaba recuperarse de la caída, el coche siguió desplazándose marcha atrás sin ningún tipo de control. Sin nadie al volante y con las puertas abiertas, el vehículo recorrió varios metros hasta acabar impactando contra un camión que se encontraba cerca.
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Pero el accidente no puso fin a la escena. Cuando parecía que el conductor había comprendido la gravedad de lo ocurrido, intentó volver a acercarse al vehículo pese a su evidente estado de embriaguez. Varios viandantes que habían presenciado toda la secuencia reaccionaron de inmediato al percatarse de que podía intentar regresar a la carretera.
Algunos de los presentes decidieron intervenir y lo sujetaron antes de que pudiera regresar a la carretera. Su actuación evitó que la situación pasara a mayores y que se produjera un nuevo accidente en una zona transitada.
El vídeo, grabado por testigos y compartido posteriormente en redes sociales, muestra la cadena de errores que desembocó en el siniestro: el conductor no puso el freno de mano, dejó las puertas abiertas y perdió el equilibrio cuando intentó reaccionar al movimiento inesperado del vehículo. En su caída, además, impactó con dureza contra el bordillo antes de quedar sobre el asfalto.
Las consecuencias de conducir bajo los efectos del alcohol
Detrás de las imágenes, que acumulan miles de visualizaciones en redes sociales, se esconde una realidad bien conocida por las autoridades de tráfico: el alcohol sigue siendo uno de los principales factores de riesgo en las carreteras. En España, la tasa máxima permitida es de 0,25 miligramos por litro de aire espirado para los conductores en general y de 0,15 mg/l para los noveles y profesionales.
Además, el suceso tuvo lugar en Francia, un país que mantiene una normativa especialmente severa para quienes superan los límites legales de alcohol. Aunque el límite genérico allí está fijado en 0,5 mg/l, igual que en España en sangre, las sanciones pueden alcanzar los 4.500 euros e incluso conllevar penas de prisión de hasta dos años cuando la tasa supera los 0,8 mg/l.

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