Coches ‘normales’ con más de 200 CV: ¿están las carreteras preparadas para las potencias actuales?

La evolución de los automóviles hace que coches teóricamente modestos tengan un rendimiento y prestaciones hasta hace no mucho impensables.

coches potentes
El Hyundai i20 N es un utilitario, pero tiene 204 CV de potencia.

La evolución del sector del automóvil es patente, especialmente en los últimos años: mayor conectividad, mejores sistemas de seguridad, la llegada de la electrificación, etc. Un aspecto en el que es palpable esta mejora es en el rendimiento de los vehículos, que supera con creces al que tenían hace poco más de una década, algo que puede ser bueno, pero que también puede suponer un problema.

En la industria, aunque sigue habiendo modelos de acceso con potencias contenidas, se ha experimentado un aumento progresivo del rendimiento de los vehículos. Los utilitarios a menudo superan los 100 CV y llegan incluso a los 150 CV, es fácil encontrar compactos y berlinas que ronden o superen los 200 CV, etc.

En parte, este aumento del rendimiento es necesario para compensar el mayor tamaño y peso que tienen los coches hoy en día, pero en proporción los caballos son más que los kilos que se añaden. Uno de los factores que ha facilitado este crecimiento ha sido la electrificación, incorporando motores eléctricos a los sistemas de propulsión con los que es mucho más sencillo y barato desarrollar grandes potencias que cuando solo había bloques de combustión.

El resultado son coches con una respuesta mucho mayor y más rápida que podrían estar por encima de las capacidades de la infraestructura viaria, de la tecnología de seguridad de la que disponen y de la propia habilidad de los conductores.

ford mustang

La evolución se ve fácilmente cuando se mira a las prestaciones. A principios de siglo, era habitual que una berlina media necesitara sus buenos 10 o 12 segundos para acelerar de 0 a 100 km/h y conseguir tiempos cercanos a los seis segundos ya indicaba que se trataba de un coche deportivo. Actualmente ese baremo está desvirtuado, porque incluso modelos de acceso bajan de la barrera de los 10 segundos y la llegada de los coches eléctricos ha hecho que completar en el sprint en solo cinco sea algo muy habitual.

Kazimieras Urbonas, Responsable de Excelencia de Proveedores de Ovoko, lo explica de la siguiente manera: “El problema de la velocidad se ha vuelto tan accesible que ya no se trata con respeto. El rendimiento que antes requería habilidad y dedicación ahora se consigue con solo tocar un pedal, en vehículos comercializados como transporte familiar práctico”.

El resto de factores no evolucionan al mismo ritmo

Esto deja un panorama en el que los vehículos son cada vez más rápidos, pero en el que el resto de aspectos no han evolucionado al mismo ritmo.

Un ejemplo son las propias carreteras. Las lluvias torrenciales que azotaron hace unas semanas la Península Ibérica han sido una muestra de que su estado dista de ser ideal. Es algo que en parte tiene sentido, porque muchas se construyeron en la década de los 90. El tiempo no pasa en balde para nadie, pero además tienen que lidiar con coches con mayor potencia y, sobre todo, con mucho más peso que los vehículos para los que fueron concebidas.

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