Hay coches históricos y luego está el primer Ford Mustang vendido al público. Un descapotable blanco que salió de un concesionario canadiense antes incluso de que el modelo se presentara oficialmente y que durante años se convirtió en una obsesión para Ford.
Lo más curioso de esta historia es que su propietario, un piloto de aerolínea llamado Stanley Tucker, jamás tuvo intención de desprenderse de él. Ni el dinero ni las ventajas que le ofrecía la marca consiguieron convencerlo. Solo una propuesta muy especial logró cambiar su opinión.
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Una compra que nunca debía haber ocurrido
A principios de 1964, Ford ultimaba el lanzamiento del Mustang. Para promocionar el modelo, la compañía envió a distintos concesionarios unas 180 unidades de preproducción destinadas principalmente a exposición.
Una de ellas llegó a un concesionario de St. John’s, en Terranova (Canadá). Era un Mustang descapotable equipado con un motor V8 de 4,3 litros y un detalle que entonces pasó desapercibido para todos: llevaba el número de bastidor 5F08F100001. Dicho de otra forma, era el primer Mustang de aquella nueva generación.
El 14 de abril de 1964, tres días antes del lanzamiento oficial, Stanley Tucker pasó por delante del concesionario y vio una gran cantidad de personas observando el nuevo modelo. La curiosidad le llevó a acercarse y preguntar por él. Le gustó tanto que quiso comprarlo en el acto.

El primero sin saberlo
El vendedor dudó. Aquel coche no debía salir todavía a la calle, pero finalmente acabó accediendo. Tucker pagó algo más de 4.000 dólares y se marchó conduciendo su nuevo Mustang sin saber que acababa de protagonizar un error histórico de Ford. Durante meses disfrutó de su coche con total normalidad.
De hecho, años después recordaría que era prácticamente el único propietario de un Mustang en la zona y que muchas personas lo detenían para preguntarle qué coche era, quién lo fabricaba o cuánto costaba. Mientras tanto, en las oficinas de Ford empezaban a darse cuenta de lo ocurrido.
El lanzamiento oficial del Mustang fue un éxito sin precedentes. En apenas unos días se registraron decenas de miles de pedidos y el modelo se convirtió rápidamente en un fenómeno comercial. Fue entonces cuando la marca comprendió que la unidad con el número de serie más importante de todas ya estaba circulando por Canadá.

La oferta perfecta
Ford inició contactos con Tucker para intentar recuperarla. Llegaron ofertas económicas, propuestas especiales y distintas fórmulas para convencer al piloto canadiense. La respuesta siempre era la misma: no.
Tucker se había encariñado con el coche. Además de ser su vehículo habitual, sabía que tenía entre manos una pieza única. La situación se prolongó durante casi dos años. Hasta que apareció una oportunidad única.
En 1966 Ford estaba a punto de alcanzar otro hito histórico. La producción acumulada del Mustang se acercaba al millón de unidades. La marca encontró entonces la moneda de cambio perfecta: entregar a Tucker el Mustang número un millón a cambio del primer Mustang vendido al público. Era un descapotable Silver Frost equipado con todas las opciones disponibles de lujo disponibles de la época. Por primera vez, Tucker dudó. Y por primera vez, aceptó.
El acuerdo benefició a ambas partes. Ford recuperó el coche con el que había comenzado toda la leyenda Mustang y Tucker pasó a ser propietario de otro vehículo igualmente histórico. ¿Cuántas personas pueden presumir de haber tenido en su garaje el primer ejemplar vendido de un modelo y, después, la unidad número un millón?

Dónde está hoy el primer Mustang
Tras recuperar la unidad con número de serie 100001, Ford decidió conservarla para siempre. El vehículo fue restaurado y trasladado al Museo Henry Ford, en Dearborn (Míchigan), donde continúa expuesto como una de las piezas más importantes de la historia de la compañía.
Stanley Tucker, por su parte, disfrutó durante años de su Mustang millonésimo antes de desprenderse de él. Lo que nunca cambió fue su lugar en la historia del automóvil.
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