El Gamma es el siguiente paso en la nueva etapa de Lancia. Y es un paso grande, literalmente. Sus medidas lo sitúan por encima del Ypsilon y permiten a la marca italiana volver a ofrecer un modelo pensado para quien necesita espacio y, sobre todo, para quien pasa muchas horas en carretera.
Porque esa es probablemente la primera impresión después de conducirlo. En una ruta por Nápoles y la Costa Amalfitana, mezclando tráfico urbano, autopista y carreteras de montaña, hemos probado la versión híbrida de 145 CV.
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Grande y espacioso
Estamos ante un SUV del segmento C, de 4,67 metros de largo, 1,89 de ancho y 1,63 de alto, y que cuenta con una carrocería con una pronunciada caída del techo en la parte posterior. Pero, pese a esa silueta más estilizada, detrás hay bastante espacio y el maletero alcanza unos generosos 560 litros.
Por dentro, Lancia vuelve a insistir en esa sensación de salón italiano que ya buscaba en el Ypsilon. El detalle más peculiar es de nuevo la ‘mesa de centro’ situada entre los ocupantes delanteros, aunque aquí se integra en un habitáculo más amplio.
145 CV que parecen más
Habrá tres versiones completamente eléctricas y una híbrida. Y esta última es precisamente la que hemos podido probar. El motor de gasolina de tres cilindros y 1,2 litros desarrolla 136 CV y trabaja junto a otro eléctrico de 21 kW, integrado en la caja automática eDCT de doble embrague y seis velocidades. La potencia conjunta es de 145 CV, con 230 Nm de par.
Sobre el papel, sus prestaciones no son espectaculares. Necesita 10,4 segundos para pasar de 0 a 100 km/h y alcanza una velocidad máxima de 201 km/h. Pero al adelantar, el Gamma responde mejor de lo que esas cifras pueden hacer pensar.
Al pisar a fondo, la entrega de potencia resulta bastante inmediata y el coche gana velocidad sin demasiado retardo. Aquí ayuda el motor eléctrico mediante la función e-Boost, que aporta un empuje adicional cuando se demanda más aceleración.
Cómodo y suave
En marcha, lo mejor del Gamma es precisamente la suavidad. La suspensión filtra bien las irregularidades del asfalto y el coche demuestra aplomo cuando aumenta la velocidad.
También está muy bien insonorizado, por lo que autopistas y vías rápidas parecen su hábitat natural. En las carreteras más reviradas sus dimensiones no desaparecen por arte de magia, pero mantiene bien la trayectoria y los cambios de dirección rápidos no se le atragantan.
No busca animar constantemente al conductor a aumentar el ritmo. Y probablemente tampoco debería hacerlo, ya que hay muchos modelos de este tamaño empeñados en transmitir una deportividad que resulta innecesaria. El Gamma apuesta por otro camino: que conductor y pasajeros disfruten de otro tipo de sensaciones hasta llegar a su destino.
5,3 litros y más de 1.000 kilómetros de autonomía
También pretende pasar poco por la gasolinera. El sistema de 48 voltios permite iniciar la marcha y realizar algunos desplazamientos a baja velocidad utilizando únicamente electricidad, mientras que durante la desaceleración recupera energía.
El consumo homologado parte de 5,3 l/100 km y, gracias a un depósito de 55 litros, Lancia anuncia hasta 1.040 kilómetros de autonomía total. En esta prueba, en condiciones reales, rozó los 6 l/100 km, lo que también es una cifra a tener en cuenta.
Es un dato que ayuda a entender perfectamente dónde encaja esta versión. Para quien recorra muchos kilómetros supone disponer de un coche que no depende de un enchufe y puede superar los 1.000 kilómetros entre repostajes.
Tres eléctricos, uno de ellos Integrale
Además del híbrido habrá tres eléctricos. El Standard Range utiliza un motor de 169 kW, equivalentes a 230 CV, y una batería de 73,7 kWh útiles con la que homologa 543 kilómetros. El Long Range aumenta la capacidad hasta 97,2 kWh y la potencia hasta 180 kW (245 CV), suficientes para elevar su autonomía homologada hasta 741 kilómetros.
Por encima queda el HF Integrale. Y recuperar semejante denominación genera inevitablemente expectativas, aunque aquí se aplica a una receta completamente distinta a la de los modelos que construyeron la leyenda de Lancia en los rallies.
Sus dos motores proporcionan tracción total y desarrollan 257 kW (350 CV), aunque con la batería cargada por encima del 90% la función Boost permite alcanzar momentáneamente 276 kW (375 CV), y 509 Nm.
Con toda la potencia disponible, pasa de 0 a 100 km/h en 5,1 segundos y, pese al aumento de prestaciones y al segundo motor, conserva una autonomía homologada de hasta 676 kilómetros.
Más detalles del nuevo Gamma
El Gamma cuenta con una pantalla central de infoentretenimiento de 16 pulgadas, cuadro digital de 10,25 y un sistema denominado SALA que integra diferentes funciones del habitáculo. Dependiendo del acabado puede incorporar también asientos eléctricos con ventilación y masaje, Head-Up Display, techo panorámico o un equipo de sonido con 14 altavoces y 690 W.
Los híbridos ofrecen llantas de 18 y 19 pulgadas, mientras que las versiones eléctricas pueden llegar a 20. El HF Integrale remata el conjunto con unas llamativas llantas forjadas de 21 pulgadas.
El Gamma original fue presentado en 1976, por lo que esta nueva generación llega coincidiendo con su 50º aniversario. Medio siglo después apenas queda el concepto primigenio, pero sí la intención de ofrecer uno de los coches más cómodos y refinados de la marca. El actual utiliza la plataforma STLA Medium y ha sido diseñado, desarrollado y fabricado en Italia, en la planta de Melfi.
¿Cuánto cuesta el Lancia Gamma?
Los precios comienzan en 39.900 euros por el híbrido LS, precisamente con la mecánica de 145 CV que hemos conducido. El acabado LX aumenta el precio a 41.900 euros.
Los eléctricos empiezan en 45.900 euros con el Standard Range LS, mientras que el mismo motor con acabado LX cuesta 47.990. El Long Range alcanza los 51.900 euros en LS y 53.990 en LX.
Bastante más arriba queda el HF Integrale: 65.400 euros. En este caso no solo se paga más equipamiento, sino también el segundo motor, la tracción total y el importante aumento de potencia. Los pedidos ya están abiertos.
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Historiador de formación, periodista deportivo de vocación y apasionado del motor por elección. Terminé contando carreras en vez de guerras. Entre libros, crónicas y gasolina he encontrado el camino. Ahora lo comunico sin levantar el pie del acelerador.
