Conducir

Cómo afecta el cambio de hora a los conductores (y cómo evitar problemas)

El horario de invierno implica más conducción nocturna, por lo que conviene revisar las luces y estar alertas ante la fatiga y la somnolencia.

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En invierno, una mala iluminación aumenta el riesgo de accidente.

A cuenta de una hora más de sueño –esta noche a las tres serán otra vez las dos– muchas personas pasarán días, e incluso semanas, adaptando las rutinas. Arrastrarán cansancio, sueño y desgana hasta que el organismo se sobreponga a la variación horaria, y el cambio también afectará a los conductores.

Que el sol salga antes y anochezca más temprano implica, por lo general, más horas de conducción en horario nocturno. Usaremos más el alumbrado del coche y habrá que incrementar la atención al volante. La Dirección General de Tráfico (DGT) cifra en un 20% la reducción de la capacidad de visión al circular de noche, lo que causa alteraciones en las distancias y en nuestro campo de visión.

Descansa: la fatiga aparecerá antes

El reloj biológico ha de reajustarse al cambio de hora, y hasta que lo logra, el cansancio y la somnolencia se convierten en dos síntomas usuales. Ambos no hacen buenas migas con la conducción, por lo que es momento de extremar la precaución al volante para evitar un accidente.

Para librarse de la sensación de amodorramiento, lo mejor es evitar el calor, que aumenta la sensación de sueño, sobre todo si no has descansado lo suficiente o estás muy fatigado al final del día. Abre la ventanilla y deja que el aire fresco te dé en la cara, o al menos no conectes la calefacción.

Tampoco abuses de comidas copiosas –conducir después de comer es mala idea– e hidrátate lo suficiente, mejor con agua. Un café o una bebida con algo de cafeína puede ayudar a despejarte, pero no abuses porque pasarás de estar cansado a nervioso, lo que no es una solución. Si tienes por delante un viaje largo, respeta escrupulosamente los tiempos de descanso: para cada dos horas.

Conducir con poca luz –o de noche, como ocurre en muchas jornadas invernales– incrementa la sensación de fatiga: detén el vehículo si detectas cualquier síntoma. 

Vigila el ánimo

Tras el cambio de hora, una menor cantidad de luz solar también repercute en el estado de ánimo: es lo que se conoce como el trastorno afectivo estacional. En otoño e invierno los días tienen entre seis y ocho horas de luz, mientras que en verano llegan a once. La llegada del frío nos ralentiza y conducir puede convertirse en una tarea pesada, y por la misma razón existe el riesgo de disminuir la atención.

Luces, para ver y ser visto

A partir de ahora los conductores deben usar durante más tiempo de las luces del coche. El cambio de hora es un buen momento para comprobar que todos los faros funcionan correctamente y alumbran como es debido. También es importante que dejes seguir viendo a los demás: regula bien los faros delanteros para no deslumbrar a quien circula en sentido contrario.

El alumbrado de cruce es obligatorio entre el atardecer y el amanecer, pero puede llevarse conectado todo el día. Además, si las condiciones meteorológicas no acompañan, no está de más utilizar las luces para aumentar la visibilidad propia y ajena. 

Si tu coche tiene luces de conducción diurnas –obligatorias en vehículos nuevos desde agosto de 2012– tendrás que acompañarlas con las de cruce cuando estas sean obligatorias: ten en cuenta que el alumbrado diurno solo funciona delante, por lo que los conductores que circulen por detrás no verán tu vehículo. En cualquier caso, la DGT recomienda llevar las luces de cruce siempre encendidas: hay estudios que certifican que hacerlo ayuda a percibir un coche a 240 metros de distancia.

Cuatro consejos para conducir más seguro 

  • Modera la velocidad e incrementa la distancia. Una menor visibilidad, una mayor sensación de cansancio y unas condiciones climatológicas adversas obligan a ajustar la velocidad de circulación. Además, hay que incrementar la distancia de seguridad con el vehículo que nos precede para, si es necesario, frenar sin colisionar con él.
  • Atento a la climatología. La lluvia, el granizo, la nieve, el viento, el hielo… Los fenómenos atmosféricos propios del otoño y el invierno afectan a la conducción. Si a estas situaciones se suma la escasa o nula luz natural, la situación se puede complicar.
  • Mira más por los retrovisores. Durante la conducción nocturna, las miradas al retrovisor son esenciales para garantizar la seguridad. La DGT recomienda echar un vistazo cada 10 segundos para vigilar todo lo que rodea al coche. Además, hay que regular adecuadamente los retrovisores –incluido el interior– para evitar que las luces del vehículo posterior nos deslumbren.
  • Cristales limpios. Con el nuevo horario el atardecer se adelanta y puede sorprendernos conduciendo. Llevar los cristales limpios impedirá la aparición de los molestos reflejos que surgen cuando el sol comienza a desaparecer por el horizonte o durante la noche, cuando la luz de los faros de otro vehículo rebota en el parabrisas. Asegúrate también que las escobillas están en perfecto estado y que el depósito del líquido lavaparabrisas está completo.
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