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Convivir en una cámper: qué es la ‘regla de los turnos’ y por qué es tan importante para evitar conflictos

Madrid |

Muchos idealizan lo que casi se ha convertido en un estilo de vida, aunque la experiencia no siempre es satisfactoria para todos.

Vida camper

Foto: Getty

La promesa de independencia, de paisajes de ensueño, amaneceres inolvidables y viajes cargados de experiencias reclama la atención de miles de personas que se interesan por el turismo en vehículos vivienda. El fenómeno de las autocaravanas y furgonetas camperizadas sigue creciendo año a año y las redes sociales son fiel reflejo de lo que se ha convertido prácticamente en un estilo de vida.

Sin embargo, lo idílico de esta actividad puede no serlo tanto para muchos. Cuando el espectador pasa a ser protagonista de su propia historia aparece la realidad de la vida sobre ruedas y en espacios realmente reducidos. Incluso en los vehículos de mayores dimensiones (entre los que se pueden conducir con el carné de turismos) la habitabilidad es incomparable a la de cualquier vivienda, especialmente si se ocupa por más de una persona.

Vídeos y publicaciones en redes sociales muestran infinidad de casos en los que dos, tres e incluso más personas comparten el limitado espacio de una cámper. Y tampoco faltan las mascotas para completar el grupo que viaja y vive de esa forma tan particular. Casi siempre la experiencia exhibida roza lo ideal, cargada de sensaciones excepcionales.

Lo cierto es que hay que saber adaptarse a moverse en espacios tan reducidos. Una cámper gran volumen de tamaño medio (dimensiones L2/H2, con una longitud de 5,40 metros) ofrece un volumen de unos 11 metros cúbicos y una superficie utilizable en torno a los seis metros cuadrados. Si a este espacio se le resta lo que ocupa el mobiliario, es fácil entender que lo realmente disponible son un par de metros cuadrados del pasillo, la zona de la mesa delantera y otro medio metro cuadrado de un aseo, si es que se dispone de este valioso elemento.

La importancia de organizarse

Ante esta evidencia de la falta de espacio, solo queda adoptar con disciplina una serie de rutinas que hagan más llevadera la convivencia entre los ocupantes del vehículo. La primera de ella es imprescindible: el orden estricto. Si tan pocos metros disponibles se ocupan con objetos que carecen de una función concreta en ese instante, la movilidad y la comodidad se ven afectadas seriamente.

@suavecalifornia Rutina de limpieza en la furgo. Poco más hace falta para tenerla así, la limpieza a fondo la dejaremos para cuando volvamos a casa. #vanlife #campervan #travel #camper #roadtrip #homeiswhereyouparkit #van #vwt #vanlifediaries ♬ Coastline – Hollow Coves

Recoger los utensilios de cocina tras su uso, las toallas, la ropa, los aparatos electrónicos y cualquier otra cosa que ya no se esté utilizando en ese momento es la única forma de disfrutar de un espacio lo más habitable posible. Seguirá siendo pequeño, pero más funcional.

Del mismo modo resulta muy conveniente que la organización de todo lo necesario para esta vida nómada sea estricta, colocar cada objeto en un lugar concreto e identificado. De otro modo, encontrar ese cargador del móvil que necesitamos porque se nos agota la batería puede convertirse casi en una misión imposible.

La ‘regla de los turnos’

Que dos personas se muevan en armonía en dos metros cuadrados es más complicado de lo que muchos imaginan. El pasillo de las furgonetas cámper (algo más en las autocaravanas) tiene poco más de medio metro y es la vía principal para la movilidad en su interior.

Este espacio corto y estrecho da acceso a la puerta de entrada y salida, al salón, al baño, a la cama y es el lugar para cocinar o fregar el menaje. Resumiendo: es todo.

Así que pretender que dos o más ocupantes se muevan en una cámper sin molestarse se antoja muy complicado. Por eso lo más inteligente y práctico es ceñirse a lo que se puede denominar como la ‘regla de los turnos’. Algo tan simple como que dos personas no deberían ocupar el mismo espacio al mismo tiempo, al menos siempre que sea posible.

Si alguien está cocinando, su acompañante debería permanecer en el salón leyendo o viendo la tele; cuando uno está en el baño, puede ser el momento ideal para que el otro se acerque a los armarios posteriores de la cama para recoger una prenda de abrigo; si es el momento del paseo para ella, él puede aprovechar para realizar una pequeña limpieza de la vivienda.

Solo de este modo se evitan choques, incomodidades e incluso golpes con una puerta de armario abierta. Una teoría aplicable del mismo modo a las mascotas, a las que conviene educar para que permanezcan en un lugar fijo cuando se encuentra en el interior de la cámper. Es la forma de minimizar el riesgo de tropiezos de las personas o patadas y pisotones involuntarios a los animales.

Disfrutar de la denominada vanlife puede resultar altamente gratificante. Una forma de viaje que genera sensaciones y emociones para el recuerdo, aunque con los condicionantes propios de la escasez de espacio. No es para todos, sin duda, pero quienes llegan a sintonizar con este estilo de turismo casi nunca lo cambian por otro.

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Raúl Romojaro Perfil de Raúl Romojaro en Linkedin

Una vida sobre ruedas. De piloto (malo) de motocross a periodista deportivo en Diario AS, incluyendo una década en los grandes premios de MotoGP. Apasionado de los coches y las motos, en más de 35 años ha tenido el privilegio de probar unos cuantos cientos de unos y de otras. Ahora, director de Prisa Motor.

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