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El misterioso trapo blanco colgando del coche: qué significa en Estados Unidos y por qué se usaba en España

Madrid |

Si viajas al extranjero, lo podrás ver en el arcén, pero en nuestras carreteras este viejo código tiene una explicación muy diferente (y legal).

Coche aparcado arcén con pañuelo blanco

Foto: Getty Images

En la era hiperconectada de los teléfonos inteligentes y los sistemas de asistencia por satélite, el asfalto sigue albergando códigos analógicos que resisten con firmeza el paso del tiempo.

Uno de los fenómenos más curiosos, especialmente para los conductores europeos que viajan por Estados Unidos, es toparse con vehículos estacionados en el arcén que exhiben un trapo, un pañuelo, una camiseta o una bolsa de color blanco pillada deliberadamente con el cristal de la ventanilla o sujeta a la manilla de la puerta o al retrovisor exterior.

Esta práctica, lejos de ser un descuido del conductor, constituye una señal de socorro plenamente estandarizada en la cultura vial de aquel país. El manual de conducción de estados como Carolina del Norte contempla explícitamente este gesto: mostrar una tela blanca sirve para alertar de que el coche ha sufrido una avería mecánica y que sus ocupantes necesitan auxilio.

Un código con más de 70 años

El origen de este ‘código secreto’ se remonta a la década de 1950, cuando las primeras autopistas de peaje comenzaron a poblar el mapa estadounidense. Al no existir teléfonos móviles, los folletos oficiales de las autopistas de Nueva York, Texas u Ohio recomendaban a los automovilistas colocar un pañuelo blanco en la ventanilla para que la policía estatal o las grúas supieran que el coche estaba inutilizado.

Además, incluso en la actualidad, al colocarse este distintivo sin estar presentes los ocupantes en el coche estacionado en el arcén, suele indicar a los agentes que el dueño pretende regresar pronto, lo que retrasa o evita temporalmente que la grúa retire el vehículo por considerarlo abandonado.

El ‘pañuelo blanco’ en España

Y es que esta forma de proceder tan estadounidense desvela una analogía fascinante con la tradición vial española. Fue sumamente habitual durante décadas ver en España vehículos particulares circulando a gran velocidad con un ocupante agitando un pañuelo blanco por la ventanilla. El conductor, al mismo tiempo, tocaba el claxon de forma insistente y activaba las luces de emergencia o ráfagas para pedir paso al resto de los usuarios de la vía.

Aunque hoy en día es una costumbre en claro peligro de extinción debido a la rapidez de los servicios médicos de urgencia (112), esta maniobra no es ninguna leyenda urbana: está completamente regulada en la normativa nacional. El artículo 70 del Reglamento General de Circulación ampara legalmente estas situaciones.

Si por una emergencia extrema y grave —como un parto inminente o un herido crítico— un conductor se ve obligado a realizar un servicio reservado a los vehículos prioritarios (ambulancias o policía), debe avisar al resto usando el claxon de manera intermitente, los cuatro intermitentes y agitando un pañuelo blanco.

Sin embargo, existe un peligroso mito en torno a esta práctica. Muchos conductores creen que agitar el pañuelo concede carta blanca para saltarse semáforos, límites de velocidad o señales de STOP. Nada más lejos de la realidad: la ley exige que el conductor respete escrupulosamente todas las normas de tráfico.

Aunque los demás conductores están obligados a facilitar el paso en la medida de lo posible, el coche particular no se convierte legalmente en un vehículo prioritario. Asimismo, la picaresca se paga cara: simular una urgencia médica para sortear un atasco recurriendo al pañuelo blanco está tipificado como infracción grave y puede acarrear multas de hasta 300 euros e incluso denuncias por conducción temeraria.

También con las motos

Si un conductor alguna vez observa la escena de una motocicleta detenida en el arcén con un trapo (o cualquier otra tela) de color amarillo colgando del manillar, ¿qué cree que está sucediendo? Para el ojo inexperto, podría parecer un olvido o un adorno sin más. Sin embargo, esta impresión está lejos de la realidad.

Este símbolo, discreto, pero elocuente, es una petición de ayuda que viaja a través del tiempo y las carreteras. Un peculiar código visual tiene sus raíces bien ancladas en la cultura motera de Centroeuropa y los países nórdicos, donde, como en el resto de países, la camaradería y la solidaridad entre los amantes de las dos ruedas son valores fundamentales.

Un trapo amarillo atado al manillar de una moto parada no es casualidad; es una señal inequívoca de que su conductor necesita asistencia. Quizás una avería mecánica inesperada, un pinchazo o, simplemente, cualquier tipo de percance que le impida continuar su viaje.

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Rubén Pérez Perfil de Rubén Pérez en Linkedin

Entusiasta del motor en toda su magnitud, preferiblemente los V12. Le dijeron que cuatro ruedas eran mejor que dos, por eso se compró otra moto. Claro que también le apasiona cuando van las cuatro juntas. Ha trabajado como creativo publicitario para muchas marcas de coches y motos e hizo la mili en esto de juntar letras en la editorial Luike.

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