Miles de conductores están siendo multados en Alemania y el problema no radica en una nueva maniobra de las autoridades, sino en una paradoja técnica que atrapa a miles de automovilistas cada día. Al circular por un tramo en obras en la red germana, es habitual encontrar la señal vertical 264, que limita el acceso al carril izquierdo a vehículos con un ancho máximo de dos metros o 2,10 metros.
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La trampa salta en el momento en que el conductor confía en la documentación de su vehículo. En la ficha técnica oficial (el Fahrzeugschein en Alemania o la tarjeta ITV en España), la cifra de anchura homologada se mide estrictamente de chapa a chapa, dejando fuera los espejos retrovisores exteriores.
Sin embargo, a efectos del código de tráfico (StVO), la ley mide el volumen total real del coche en circulación, de extremo a extremo de los retrovisores. Esa diferencia, que oscila entre los 15 y los 25 centímetros según el modelo, es la que convierte a un turismo teóricamente apto en un vehículo ilegal a ojos de los agentes.
Crece el tamaño de los coches y no el de los carriles
La evolución del diseño automotriz en las últimas dos décadas ha agravado esta brecha. Los vehículos actuales son significativamente más anchos por razones de seguridad pasiva, habitabilidad y aerodinámica.
Según los análisis técnicos del ADAC, el club de automovilistas de referencia en Alemania, cerca del 70% de los coches nuevos matriculados en Europa superan los dos metros de ancho total cuando despliegan sus retrovisores.
La restricción ya no afecta únicamente a los SUV de gran tamaño o a las berlinas de representación. Compactos superventas como el Volkswagen Golf en sus últimas generaciones rozan o superan los 2,03 metros de espejo a espejo.
Modelos de altísimo volumen de ventas en el mercado europeo como el Nissan Qashqai, el Hyundai Tucson, el Kia Sportage o el Tesla Model Y quedan automáticamente excluidos del carril izquierdo reducido.
Incluso berlinas tradicionales como el BMW Serie 3 o el Audi A4 sobrepasan la cota permitida, dejando la vía rápida de las zonas de obras reservada casi de forma exclusiva a utilitarios urbanos antiguos o modelos de dimensiones contenidas.
Multas e incluso negligencia grave
Las consecuencias económicas de ignorar esta señalización van mucho más allá de la sanción de tráfico estándar. Si bien la multa administrativa directa por circular por un carril no permitido en Alemania ronda los 20 euros (pudiendo elevarse si se genera una retención o un peligro inminente), el verdadero riesgo económico aflora en caso de colisión.
En pasillos estrechados donde el ancho total de la vía puede ser de apenas 2,50 metros, los roces laterales con los camiones que circulan por el carril derecho son habituales. Las aseguradoras europeas están apelando de forma sistemática al concepto de negligencia grave (grobe Fahrlässigkeit).
Si se demuestra que el turismo no debía estar circulando por ese carril debido a sus dimensiones reales, las compañías pueden denegar la cobertura de los daños propios (kasko) o exigir la concurrencia de culpas, imputando parte de la responsabilidad al conductor del turismo, independientemente de quién ejecutara la maniobra invasiva.
Prudencia y sentido común
A la hora de afrontar un viaje por las autopistas del centro de Europa, la recomendación de los expertos es evitar las suposiciones. Plegar los retrovisores en marcha para arañar centímetros no es una opción legal, ya que la normativa exige garantizar una visibilidad trasera continua y clara.
La solución más práctica pasa por medir manualmente el vehículo de extremo a extremo antes de iniciar la ruta o consultar el manual de usuario, donde sí suele detallarse la cota total con espejos. Ante la duda al divisar la señal 264 en un tramo en obras, la decisión más sensata es permanecer en el carril derecho.
Aunque esté destinado al tráfico pesado y avance a menor velocidad, su anchura física suele superar los tres metros, garantizando un margen de seguridad real y blindando al conductor ante cualquier penalización legal.
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Entusiasta del motor en toda su magnitud, preferiblemente los V12. Le dijeron que cuatro ruedas eran mejor que dos, por eso se compró otra moto. Claro que también le apasiona cuando van las cuatro juntas. Ha trabajado como creativo publicitario para muchas marcas de coches y motos e hizo la mili en esto de juntar letras en la editorial Luike.
