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El gesto que casi todos los motoristas hacen en la gasolinera y que los expertos piden prohibir ya

Madrid |

Mantener la moto recta para apurar el depósito esconde un peligro físico inmediato del que nadie te avisa hasta que es demasiado tarde.

Repostar gasolina sentado en la moto

Foto: Getty Images

Es una escena idéntica en cualquier rincón de la red vial de nuestro país. Un motorista se aproxima al surtidor de la estación de servicio, detiene el vehículo, saca la llave, introduce la tarjeta de pago y, sin llegar a apoyar un solo pie en el suelo de manera definitiva, abre el depósito y comienza a repostar mientras permanece montado a horcajadas sobre el sillín.

El motivo de este extendido ritual es puramente práctico y de sobra conocido por el sector: mantener la motocicleta completamente vertical evita que la inclinación natural de la pata de cabra reduzca el espacio útil dentro del depósito, logrando así apurar hasta el último milímetro de gasolina.

Sin embargo, lo que muchos usuarios consideran una inteligente optimización del llenado es, en realidad, una práctica desaconsejada por las normativas de seguridad que puede derivar en serios contratiempos físicos y legales.

Aunque la legislación nacional actual no prohíbe de forma directa la permanencia sobre la moto, un gran número de estaciones de servicio han comenzado a vetarla, amparándose en la capacidad de autoorganización y en la protección de sus instalaciones frente a accidentes graves.

Los riesgos ocultos tras un llenado incorrecto

La salvaguardia detrás de una gasolinera es delicada, y el margen de error para quien va sobre dos ruedas resulta minúsculo. El primer y más evidente factor de riesgo es la seguridad ante incendios y quemaduras químicas.

Si la manguera sufre un retorno de combustible, falla en el ‘clic’ de corte automático o el conductor calcula mal la capacidad por apurar en exceso, la gasolina a alta presión se verterá de forma directa sobre la zona del motor caliente, el escape y, de manera trágica, sobre las piernas, la pelvis o la ropa del propio conductor.

La segunda razón que esgrimen los expertos en seguridad vial radica en la capacidad de reacción. Al repostar de pie junto al vehículo, en caso de que se produzca una deflagración, un chispazo por electricidad estática o una fuga súbita, el margen de escape es inmediato.

Si el usuario está encajonado a horcajadas sobre un chasis caliente de más de 150 kilos, su margen de maniobra para huir ante una emergencia se reduce drásticamente, aumentando la probabilidad de sufrir lesiones irreversibles.

El decálogo normativo que todo motorista debe recordar

Más allá de la posición sobre el vehículo, el acto de reponer combustible está regulado de forma estricta por el Reglamento General de Circulación en España. De acuerdo con el artículo 115 de este marco legal, los propietarios de los aparatos distribuidores o los propios usuarios no pueden facilitar combustible si el vehículo no cumple ciertos requisitos indispensables.

Antes de descolgar la manguera, es obligatorio apagar por completo el motor y desconectar todas las luces del vehículo. Tampoco se debe pasar por alto el apagado de los sistemas eléctricos periféricos, como las radios, y un detalle crucial en la era hiperconectada: los teléfonos móviles.

Estos dispositivos emisores de radiación electromagnética deben permanecer guardados o inactivos, debido a que el riesgo teórico —aunque mínimo— de ignición de los vapores flotantes es un escenario que la DGT prefiere evitar activamente mediante sanciones.

Cómo realizar un repostaje seguro

Para aquellos conductores que deseen operar bajo los máximos estándares de seguridad y respeto a la vida útil de su máquina, las pautas a seguir son muy sencillas:

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Rubén Pérez Perfil de Rubén Pérez en Linkedin

Entusiasta del motor en toda su magnitud, preferiblemente los V12. Le dijeron que cuatro ruedas eran mejor que dos, por eso se compró otra moto. Claro que también le apasiona cuando van las cuatro juntas. Ha trabajado como creativo publicitario para muchas marcas de coches y motos e hizo la mili en esto de juntar letras en la editorial Luike.

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