La curiosa historia del Mini Cooper con la lata gigante de Red Bull

Estos coches publicitarios se hicieron muy famosos en todo el mundo, aunque pocos saben que son un modelo muy exclusivo.

Mini RedBull
Los Minis de RedBull se hicieron muy famosos a principios de los 2000. | A2ZFX

Hay coches cuyo valor se dispara por la exclusividad. Por ejemplo, los modelos de Bugatti que se producen con cuentagotas, los vehículos conocidos como one-off y las ediciones especiales. Normalmente, este tipo de coches suelen estar limitados a un público muy específico, con un tipo de cartera también muy concreto. 

No obstante, siempre hay una excepción que confirma la norma. En este caso, se trata de un coche publicitario. Ni un gran deportivo ni una berlina exclusiva. Cuando estos coches se presentaron oficialmente, parecía que había uno por cada ciudad del mundo, ya que se veían por doquier. Sin embargo, solo se han fabricado 500 unidades de estos coches tan especiales.

Se trata de los famosos y conocidos Mini Cooper de Red Bull, que a principios de los 2000 inundaron las carreteras como parte de una potente campaña de ‘marketing’ de esta marca. Cundieron y mucho, ya que realmente las unidades fabricadas no eran tantas.  

La empresa californiana A2ZFX, especializada en diseños por encargo, fue la artífice de estos famosos coches. Como apuntan en su página web, se fabricaron 500 unidades a razón de 14 coches por mes. La complicación técnica de esta transformación limitaba el ritmo de trabajo.

Así se modificaba el Mini Cooper para Red Bull

La base de estos coches es la del Mini Cooper, con un motor de 114 CV y un cambio de marchas automático. A partir de este chasis empieza el proceso creativo, que transforma el coche radicalmente. Lo primero que se hacía era modificar por completo la parte trasera del vehículo, que quedaba inutilizada, por así decirlo, para el transporte de pasajeros.  

Así, el Cooper acababa siendo un ‘pick-up’ que se diseñaba específicamente para poder alojar la enorme lata de bebida energética que se dejaba ver a lo lejos. Estaba fabricada en epoxi, por lo que no era muy pesada, y era sin duda el toque distintivo que hacía este coche tan especial.

En el interior de la parte trasera se instalaba una nevera para almacenar los RedBull que posteriormente se repartían entre el público. Para hacer funcionar esta nevera, en los primeros modelos se utilizaban hielos, un método con ciertas fisuras. Posteriormente, los Mini Cooper de Red Bull incorporaron paneles solares en el techo, que se encargaban de dar electricidad al refrigerador.

Poco a poco, esta campaña publicitaria fue perdiendo fuerza y estos Mini dejaron de verse, aunque gente de diferentes partes del mundo recuerda haberlos avistado casi a diario. Aunque son propiedad de la marca, hubo un caso en el que se vendió uno de estos Mini.

La subasta de ese coche se realizó en 2012 a través de eBay y la puja empezaba en unos 5.000 dólares en aquel momento (unos 4.700 euros al cambio actual). El propietario era un antiguo distribuidor de esta bebida en Nueva Jersey. El anuncio no llamó mucho la atención, ya que a ese Mini Cooper le faltaba la gigantesca lata de epoxi, quizás el componente más llamativo de todo el conjunto.

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