El coche que no vuelca, otra de las ventajas de los automóviles eléctricos

Las baterías hacen que sean más pesados, pero su ubicación y su centro de gravedad tienen ventajas en materia de seguridad.

coche que no vuelca
Ante un impacto perpendicular, un eléctrico tiene menos probabilidades de volcar.

La seguridad es uno de los pilares fundamentales en el desarrollo de cualquier automóvil moderno. Los fabricantes destinan enormes recursos a diseñar estructuras más resistentes, sistemas de asistencia avanzados y tecnologías capaces de proteger tanto a los ocupantes como a los peatones. Es un aspecto que ha generado mucho debate respecto a los coches eléctricos, pero resulta que estos pueden ser incluso más seguros que los de combustión.

Las marcas se centran en intentar lograr la máxima puntuación en pruebas de choque como las del organismo europeo Euro NCAP o las del estadounidense NHTSA, para luego poder presumir del logro, pero en este caso lo interesante está en un aspecto muy concreto de los modelos de baterías: su dificultad para volcar.

Cuando un automóvil recibe un impacto fuerte, especialmente si se trata de un golpe lateral en perpendicular, en función de parámetros como su tamaño, altura o distancia entre ejes, existe la posibilidad de que vuelque, una situación bastante peligrosa para los ocupantes. En esta circunstancia concreta, los coches eléctricos tienen una ventaja considerable.

Por su propia naturaleza, deben incorporar baterías de gran tamaño para alimentar sus motores. Esto implica que, en términos generales, suelen ser más pesados que sus equivalentes con motor de combustión. A primera vista, podría parecer una desventaja, pero en realidad este peso adicional puede convertirse en un aliado cuando se gestiona de forma inteligente.

La clave está en la ubicación de las baterías. En la mayoría de los vehículos eléctricos los módulos se instalan en el suelo del coche, formando parte de la estructura inferior. Esta disposición no solo permite aprovechar mejor el espacio interior, sino que también reduce de manera significativa el centro de gravedad del vehículo. Un centro de gravedad más bajo se traduce en una mayor estabilidad, especialmente en maniobras bruscas o situaciones de emergencia, lo que dificulta enormemente que el coche llegue a volcar.

Una cuestión de centro de gravedad

Es algo que se puede aplicar a todos los coches eléctricos en general, pero el ejemplo más claro del que hay pruebas visuales es del Tesla Model X.

El SUV grande de Tesla, que ya ha dejado de venderse en España, hace unos años que sorprendió con un vídeo de una prueba independiente destinada a demostrar la resistencia del vehículo al vuelco.

En él se observa cómo el Model X es sometido a varios lanzamientos laterales diseñados específicamente para provocar un vuelco. A pesar de la violencia de los impactos y de la inclinación extrema que alcanza la carrocería, el SUV consigue recuperar su posición natural una y otra vez. En lugar de quedar apoyado sobre un lateral o volcar por completo, el vehículo vuelve a estabilizarse gracias a la distribución de masas y al diseño estructural.

Lógicamente, si el impacto es enorme y dependiendo del coche que se trate, un eléctrico también puede acabar volcando, pero por su estructura interna es más complicado que en un vehículo de combustión.

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