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¿Cómo acabar con los puntos negros en las carreteras?

Auditar la peligrosidad del tramo e invertir en mantenimiento es fundamental para reducir los accidentes en estos trazados.

¿Cómo acabar con los puntos negros en las carreteras?

Lejos de desaparecer, los puntos negros –los tramos con mayor concentración de accidentes en la carretera y, por lo tanto, los más peligrosos– siguen presentes en la red de carreteras españolas. Diversos estudios demuestran que en los últimos años, incluso han aumentado estas trampas para la seguridad vial.

El informe Las carreteras más peligrosas de España 2019, elaborado por Automovilistas Europeos Asociados, analiza 26.935 kilómetros (incluidas autopistas y autovías), y revela que el Índice de Peligrosidad Media (9,8) ha aumentado un 2% con respecto al anterior estudio.

También hay más tramos considerados especialmente peligrosos (un total de 195), que son los que superan en más de diez veces este IPM de 9,8. En cinco años (2012-2016), hubo 1.472 accidentes y 2.307 víctimas en los trazados auditados. Por su parte, el último informe EuroRap concluye que 2.160 kilómetros de la Red de Carreteras del Estado presentan un riesgo elevado o muy elevado de accidente grave o mortal, lo que supone el 9% de las vías analizadas (25.082 kilómetros de casi 1.400 tramos de carretera). 

Más allá de las cifras, lo más inquietante de estos análisis rigurosos y exhaustivos es la continuidad en el tiempo de la peligrosidad de ciertos tramos (en algunos de ellos, el riesgo de sufrir un accidente grave se alarga hasta los siete años consecutivos). Los expertos coinciden en que diversos factores explican la persistencia de los puntos negros. Uno de ellos es la reducción presupuestaria destinada al mantenimiento de las carreteras, sobre todo en vías secundarias, que afecta de manera muy negativa a la seguridad vial. 

Pero en muchas ocasiones, el problema no es de la vía en sí misma, sino que influyen otros aspectos como la antigüedad de los vehículos, el estado de los neumáticos, la forma física del conductor… “La clave para acabar con los tramos peligrosos pasa por auditar bien el punto en el que se produce mayor siniestralidad y ver qué es lo que pasa exactamente ahí.

En ese análisis deben utilizarse varios baremos: el tipo de vehículo accidentado (si es una moto, un automóvil, un vehículo pesado…), la meteorología registrada en el momento del accidente, la intensidad de vehículos diaria, las características del tramo, el tipo de siniestro…”, explica el director del Centro de Formación en Seguridad Vial (CIFAL) del RACE, Antonio Lucas.

Más recursos públicos

A partir de toda la información recabada y una vez identificado el problema, llega el momento de intervenir en los puntos negros para reducir su peligrosidad. “Y para eso se necesitan recursos. Un problema en los últimos años es la bajada en la inversión de las infraestructuras, que influye en la señalización y en el mantenimiento de la carretera, en el desdoblamiento de determinadas vías, en los sistemas de protección de usuarios vulnerables como los motoristas…”, prosigue Lucas. 

Una inversión adecuada ayuda a reducir, por un lado, la posibilidad de sufrir un accidente en ese tramo considerado peligroso. Y en el caso de que se produzca el siniestro, también permite que las consecuencias del accidente sean menos graves. “Por ejemplo, mediante un buen sistema de contención, arcenes amplios, zonas de recuperación del vehículo…”, añade este experto.

Los puntos negros no son necesariamente los que acumulan más intensidad circulatoria. Hay tramos de riesgo con menos tráfico, ya sea por la población o por el tipo de vía. Lo que sí es cierto que las carreteras españolas tienen poco que ver con las de hace dos décadas. Con el tiempo, España ha ido mejorando la seguridad de sus vías, lo que se traduce en menor número de accidentes de tráfico y en menos víctimas. Pero también es verdad que, a raíz de la crisis económica de la pasada década, ha bajado el presupuesto que se dedica a la conservación de grandes infraestructuras públicas, como son las carreteras y autovías. 

“Cada vez hay más vehículos y la movilidad es mayor, y eso supone que debería haber una inversión constante por parte de la Administración. A través de impuestos, los usuarios pagan por tener una red de carreteras seguras. Lo que pedimos es que al igual que ocurre en otros países, se intervenga cuanto antes para solucionar el problema de los tramos de riesgo y de concentración de accidentes”, concluye Antonio Lucas. Todo un reto, si se tiene en cuenta que la última actualización del informe anual sobre los puntos negros de la Dirección General de Tráfico (DGT) se remonta al año 2014.

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