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¿Por qué ya no existen deportivos ‘baratos’ como en los noventa?

Gozaban de una gran popularidad, pero la primera década del siglo XXI los relegó a una posición marginal y acabó por extinguirlos.

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La última generación de Toyota Celica en salir de fábrica. / Toyota

Los mayores del lugar condujeron aquellos deportivos durante sus años mozos. Menos suerte tuvieron los millenials, que crecieron viéndolos por las calles y, cuando alcanzaron la mayoría de edad, se dieron cuenta de que sería muy difícil ponerse al volante de uno de ellos y prácticamente imposible comprarse uno nuevo. Los deportivos asequibles triunfaron en la década de los noventa, se mantuvieron a duras penas durante los primeros 2000 y en ese momento traspasaron un punto de no retorno que los llevó directamente a su extinción. Toyota Celica, Mitsubishi Eclipse… Una vez queridos y codiciados por la mayoría, ¿qué pasó para que su popularidad y demanda desapareciera de manera tan fulminante?

Aun con la etiqueta de asequibles, hacerse con uno de estos coches costaba un dinero. Además, dadas sus características (poco espacio o incluso interiores biplaza, nulo maletero y consumo elevado), era prácticamente obligatorio contar con otro vehículo más versátil para el día a día. Solo aquellos con ingresos suficientes podían permitírselo, aunque en la época de bonanza económica no era raro ver a gente con menos posibles que se animaba a darse el capricho.

Pero una vez comenzó la crisis, la situación cambió radicalmente. La implosión económica hizo que los potenciales clientes perdieran poder adquisitivo, solo se pudieran permitir tener un vehículo propio y empezaran a valorar otros aspectos en su adquisición (consumos bajos, mantenimiento barato, versatilidad).

Así, las ventas se resintieron y los fabricantes empezaron a eliminar este tipo de modelos de su oferta. Cierto es que todavía había quienes querían disfrutar de su coche y buscaban prestaciones, pero para ellos, que podrían haber sido el nicho de mercado que hubiera salvado a los deportivos asequibles, se consolidó una tendencia que venía pegando fuerte desde años atrás: los GTI, el último clavo en el ataúd.

Los modelos GTI

Los coches GTI nacieron en los años setenta y tuvieron casi dos décadas para llegar a los noventa con un concepto refinado: los compactos ligeros cada vez eran más potentes, sus motores arrojaban 150 CV de media y podían plantar cara casi sin despeinarse a los cupés deportivos. Además, tenían a su favor un mayor espacio interior y un maletero que, aun sin grandes alardes, era utilizable.

Ya entrados en los 2000, la crisis ratificó lo que se veía venir: a pesar de ser modelos poco racionales (de hasta 250 CV en algunos casos), los compactos GTI ofrecían una versatilidad que dejaba fuera de combate a los deportivos asequibles. Además, dentro de esa corriente de preocupación por los gastos y consumos, incluso se empezaron a ver las primeras variantes diésel.

Deportivos de los 90

El Mazda RX-7 es uno de los predilectos para los conductores de ‘drift’.

La cuenta atrás ya estaba en marcha y con el paso de los años fueron cayendo, uno a uno, prácticamente todos los representantes de esta especie casi extinguida: Toyota Supra, Mazda RX-7 y RX-8, BMW Z3, Nissan Silvia S15, Honda S2000… El último en despedirse, hace dos años, fue el Hyundai Génesis Coupé.

¿Un rayo de esperanza?

A pesar de la caída en desgracia del concepto, en el mercado actual todavía hay algunas (escasas) propuestas de corte similar, aunque de un coste más elevado que casi imposibilita clasificarlas como asequibles.

Nissan comenzó en 2002 la producción del 350Z, un deportivo de tracción trasera que se comercializó en carrocerías cupé y descapotable hasta el año 2009. Su sustituto, el 370Z, mantiene su idiosincrasia y continúa vendiéndose hoy en día por un precio que arranca en 32.900 euros. No es precisamente barato, pero hablamos de un motor 3.7 V6 de 328 CV de potencia que hace el 0-100 en 5,3 segundos.

Nissan 370Z deportivos

Corría 2012 cuando Toyota (unida a Subaru) presentó un modelo que prometía recuperar la fórmula de deportivo ágil de peso contenido, potencia justa y precio barato. Y la marca cumplió… a medias. El Toyota GT86/Subaru BRZ puso sobre la palestra 1.300 kg repartidos en un ratio 53-47 entre ambos ejes, un centro de gravedad realmente bajo y 200 CV para moverse (algo escasos, en opinión de muchos). Sin embargo, su precio de venta ronda los 30.000 euros.

Solo un año después, Andy Palmer, vicepresidente de Nissan, lo clasificó como “un coche diseñado para cincuentones, para alguien en su crisis de mediana edad”, así que no sería rival para el modelo que presentaría su marca. Dicho y hecho, en el Tokyo Motor Show 2013 el fabricante nipón mostró el Nissan IDx, un prototipo de cupé de tracción trasera, ligero y asequible. Además de su variante normal, también vio la luz una más potente y deportiva preparada por Nismo.

Deportivos de los 90

¿Se hubiera convertido el IDx en un clásico moderno? Nunca se sabrá.

Todo parecía apuntar en la dirección correcta, pero en mayo de 2015 la marca confirmó que no llegaría a producción debido al enorme coste de desarrollar una plataforma específica para el modelo y la casi imposibilidad de amortizarlo por las pocas ventas que este tipo de vehículos tienen.

Mejor suerte ha corrido el renacimiento de un mito como el Supra: Toyota y BMW llevaban tiempo trabajando de manera conjunta para crear una pareja de deportivos y la marca alemana ya ha desvelado la First Edition del BMW Z4: un biplaza descapotable de diseño agresivo y evidentes capacidades dinámicas, con su centro de gravedad bajo, las vías anchas y la distancia entre ejes compacta. El potente motor de seis cilindros y 340 CV remata la jugada, gracias al cual acelera de 0 a 100 km/h en tan solo 4,6 segundos.

 

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