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El veto crece: más aparcamientos públicos empiezan a restringir el acceso a este tipo de coches

El dispositivo obligatorio que tendrán que llevar algunos coches para poder arrancar

Madrid |

El sistema que impide encender el motor ya puede instalarse, cuesta en torno a 2.000 euros y plantea dudas sobre su impacto en miles de hogares.

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Un conductor sopla en un alcoholímetro instalado en su coche.

Para algunos conductores ya no basta con girar la llave o presionar el botón de arranque. Tendrán que incorporar a su vehículo un sistema que decide si algo tan cotidiano como poner el motor en marcha es posible o no.

La medida no es general, pero sí marca un antes y un después para quienes hayan sido sancionados por conducir bajo los efectos del alcohol. Aunque estaba recogida en la normativa italiana desde hace más de un año, su aplicación efectiva dependía de un último paso administrativo.

Ese paso ya se ha dado. El Ministerio de Transportes italiano ha publicado en el portal oficial la relación de dispositivos homologados y de talleres autorizados para instalarlos, activando así una medida que hasta ahora no podía ejecutarse en la práctica. 

Un sistema que decide si el coche arranca

El funcionamiento es sencillo sobre el papel. Se trata de un etilómetro conectado al sistema de encendido del vehículo. Antes de iniciar la marcha, el conductor debe soplar; si el nivel detectado supera el límite permitido, el coche no arranca.

La obligación se activa tras una condena firme por conducir con una tasa superior a 0,8 gramos por litro de alcohol en sangre. Una vez recuperado el permiso, solo se podrán utilizar vehículos equipados con este aparato durante dos años. Si la tasa superó el 1,5 gramos por litro, el plato se amplía a tres.

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No es una recomendación, sino una condición imprescindible para volver a ponerse al volante. Además, si el automóvil pertenece a otra persona, la suspensión del carnet puede prolongarse.

Una factura que empieza en 2.000 euros

La instalación inicial tiene un coste estimado de 2.000 euros y corre íntegramente a cargo del sancionado. A esa cifra se suman revisiones periódicas obligatorias para calibrar el sistema y la compra de las boquillas desechables necesarias para cada comprobación.

En un país con un parque móvil envejecido surgen dudas sobre la compatibilidad técnica. En algunos modelos antiguos, la adaptación puede resultar compleja o incluso inviable.

El despliegue además, arranca con limitaciones. Por ahora solo hay dos dispositivos homologados y un número reducido de talleres autorizados, concentrados en zonas concretas. La previsión es que esa red se amplíe progresivamente.

Un hombre sopla un etilómetro en un coche.

Más allá del conductor sancionado 

El sistema no distingue entre quien fue condenado y quien comparte coche con él. En los hogares con un único vehículo, cualquier familiar deberá someterse a la prueba y marcar cero para poder utilizarlo. 

Organizaciones de consumidores alertan de posibles conflictos y de un aumento de reclamaciones si aparecen fallos técnicos o incompatibilidades. La norma, concebida para evitar reincidencias y reducir la siniestralidad vinculada al alcohol, abre así un debate sobre su aplicación real. 

La regulación contempla sanciones adicionales para quien intente manipular el aparato o eludir el control, por ejemplo recurriendo a otra persona para realizar la prueba. En esos casos, tanto las multas como los periodos de suspensión se duplican. 

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Ruth García Perfil de Ruth García en Linkedin

Nació en Madrid y desde pequeña soñaba con conducir. Estudió Periodismo en la Universidad Rey Juan Carlos y amplió su formación en Barcelona con un máster en Periodismo Deportivo en la Universitat Pompeu Fabra. Especializada en motor y también en competición, combina la redacción con la radio y la cobertura de grandes premios de motociclismo. 

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