La legislación de la Unión Europea ha experimentado un giro significativo en su hoja de ruta hacia la descarbonización del transporte. Si bien inicialmente el paquete normativo Objetivo 55 establecía la prohibición total de vender turismos y furgonetas que emitieran CO₂ a partir de 2035, la Comisión Europea ha propuesto recientemente flexibilizar esta medida. En lugar de una reducción del 100%, el nuevo planteamiento sugiere un objetivo de reducción del 90% de las emisiones en el tubo de escape respecto a los niveles de 2021.
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En el complejo tablero de la transición energética, donde la electrificación total parece ser el destino final, ha surgido un protagonista que reclama su espacio con argumentos imbatibles: el Gas Licuado del Petróleo (GLP). Mientras el debate público se centra a menudo en los enchufes, los datos de 2025 revelan una realidad distinta en las carreteras españolas. Según el informe “Radiografía del mercado del GLP en España 2025” publicado por GASIB, esta tecnología no solo se mantiene en marcha, sino que está acelerando con una fuerza inusitada.

Gran crecimiento
El pasado año, el autogás o GLP registró un espectacular incremento del 76,4% en sus matriculaciones, alcanzando las 59.783 unidades. Estas cifras no son meramente anecdóticas; sitúan al GLP como la segunda tecnología con mayor crecimiento en España, superando incluso al vehículo eléctrico puro (+75,72%) y siendo aventajado únicamente por los híbridos enchufables.
Con una cuota del 5,2% en el mercado de turismos, el autogás ha dejado de ser una opción de nicho para convertirse en una solución de masas. Actualmente, el parque móvil español ya roza las 250.000 unidades circulando con este combustible. ¿El secreto de su éxito? Una combinación de pragmatismo económico y beneficios ambientales inmediatos.

El refugio del ahorro
Para Filipe Henriques, CEO de Gasib, la clave reside en la “facilidad de uso y el ahorro directo para el usuario”. Y las cifras le dan la razón: repostar autogás puede suponer un ahorro de hasta el 50% por litro en comparación con la gasolina o el diésel tradicional. Pero no todo es dinero.
En un escenario de restricciones crecientes en las ciudades, la etiqueta ECO es el gran activo del GLP. Este combustible reduce hasta un 20% las emisiones de CO₂ y recorta drásticamente las de NOx (un 96% frente al diésel), permitiendo el acceso libre a las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE).

Los reyes del mercado
El fenómeno tiene nombres y apellidos propios. El Dacia Sandero se mantiene como el líder indiscutible, concentrando el 56,5% de las ventas de GLP en España. Resulta revelador que el 87% de los compradores de este modelo opten por la versión de gas frente a la de gasolina convencional. Le siguen de cerca el Renault Clio y el Renault Captur, que han experimentado crecimientos de tres dígitos en sus variantes de autogás durante el último ejercicio.
Comunidades autómas
Geográficamente, Madrid lidera el mercado con un 30% de las operaciones, aunque la Comunidad Valenciana ha protagonizado el repunte más fulgurante con un aumento del 157%. El auge del GLP demuestra que la eficiencia no tiene por qué ser elitista ni depender exclusivamente de una infraestructura de carga aún en desarrollo. Con casi 900 puntos de suministro en España y una autonomía combinada que puede superar los 1.000 km, el autogás se posiciona como la transición inteligente: limpia, barata y, sobre todo, disponible hoy mismo.

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