El gas licuado del petróleo (GLP) es un combustible que cada vez llama más la atención de los conductores. No es algo nuevo, pero sí está ganando protagonismo en un momento en el que el coste del combustible, las restricciones urbanas y la transición energética obligan a replantear el uso del vehículo privado.
¿Qué es el GLP? Una mezcla de propano y butano que se almacena en estado líquido y se utiliza como combustible. Su coste por litro es inferior al de la gasolina y el diésel y sus emisiones contaminantes son más bajas en comparación con ambos.
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¿Cómo funciona un coche de GLP?
Explica la Dirección General de Tráfico (DGT) en su web que, con este sistema, el coche siempre arranca en gasolina. Cuando alcanza la temperatura adecuada, cambia a GLP. Además, en función de sus necesidades, el conductor puede cambiar de uno a otro según sus preferencias con un interruptor.
No es para todos los motores
No todos los motores son aptos para la conversión a GLP: los idóneos son aquellos de gasolina con inyección indirecta. ¿La razón? En ellos, el combustible se rocía en el colector de admisión, antes de la válvula, mezclándose con el aire antes de entrar al cilindro.
Eso sí, deben tener certificación de emisiones Euro 3 o superior. Es decir, aquellos cuya primera matriculación fue a partir de 2001 y cuya potencia esté por debajo de los 460 CV. Los diésel tienen un sistema de inyección más complejo y, por ello, se suele desaconsejar la transformación.
¿Cómo se convierte un coche a GLP?
Consiste en añadir un sistema complementario que permite al motor funcionar indistintamente con gasolina o con GLP. Para ello, hay que instalar un depósito específico, un vaporizador que transforma el gas líquido en gaseoso, inyectores adaptados y una unidad electrónica que gestiona su funcionamiento.
El lugar elegido suele ser el hueco de la rueda de repuesto: el conductor perderá espacio en el maletero. Y, además, debe tener en cuenta la disponibilidad de puntos de repostaje porque, aunque ha mejorado, sigue siendo inferior a la de gasolina o diésel.
Una reforma de importancia
En España, esta conversión se considera una reforma de importancia que se debe llevar a cabo siguiendo la norma. El proceso hay que realizarlo en un taller autorizado, que debe instalar un sistema homologado y emitir la correspondiente documentación técnica. El vehículo tendrá que pasar la ITV para poder anotar la modificación en la ficha técnica. Además, es necesario informar a la compañía de seguros.
Ventajas del GLP
Con el GLP, el conductor puede ahorrar entre un 30 y un 40%. Aunque su consumo es ligeramente superior al de gasolina, el precio por litro suele costar la mitad. Aun así, para amortizar la conversión, es necesario recorrer un número considerable de kilómetros al año: el punto de equilibrio se suele alcanzar a partir de los 15.000 o 20.000 kilómetros anuales.
Por ello, la transformación compensa cuando se trata de un conductor que realiza un uso intensivo del vehículo. También resulta especialmente interesante para quienes circulan habitualmente por entornos urbanos con restricciones ambientales. Para un uso ocasional o muy limitado, la inversión inicial puede tardar demasiado en amortizarse.
La gran baza del GLP es la obtención de la etiqueta ECO que permite acceder a Zonas de Bajas Emisiones (ZBE), evitar restricciones de tráfico y obtener ciertos beneficios fiscales, a la hora de aparcar, etc. Y, desde el punto de vista ambiental, también contribuye a reducir emisiones de óxidos de nitrógeno y partículas.
¿Cuánto cuesta convertir un coche a GLP?
En España, según apunta la DGT, el coste de la transformación suele situarse entre los 1.500 y los 3.000 euros: todo dependerá del tipo de motor y de la complejidad de la instalación. A esto hay que sumar un mantenimiento específico, que, eso sí, no supone un incremento significativo respecto al de un vehículo convencional.
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