En su relativamente corta trayectoria, los coches eléctricos han tenido que ir superando un escollo tras otro. Uno de los más importantes, y que en principio echaba para atrás a muchos compradores, era que su autonomía era muy inferior de la que proporcionaba un coche de combustión. Con el paso de los años, es algo que se ha solventado, pero a un precio importante: baterías de gran tamaño, que hacen que el coche se encarezca de manera considerable.
Ahora que se ha alcanzado ese hito, la industria se enfrenta a otro reto: democratizar el coche eléctrico, que los modelos de cero emisiones lleguen al gran público. El problema es que para eso es necesario que aumente la oferta de vehículos eléctricos asequibles o que los precios sean directamente menores, algo que va a implicar sacrificar esa autonomía que tanto costó conseguir.
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Rebajar las tarifas pasa por utilizar baterías más pequeñas, pero también con químicas más baratas, lo que implicaría dejar de lado las de NMC (Níquel, Manganeso y Cobalto) para decantarse por la LFP (litio ferrofosfato).
Son varios fabricantes los que apuntan en esa dirección, pero ha sido Renault la más vocal en este aspecto. El director general de Renault en el Reino Unido, Adam Wood, ha hablado con AutoExpress, señalando que “la tecnología LFP forma parte de nuestra hoja de ruta de productos futuros, incluidos el Renault 4 y el Renault 5”.

Con esto se refiere a que ambos modelos recibirán la tecnología del Renault Twingo, su eléctrico más barato. Éste monta una pila LFP de 27,5 kWh de capacidad, gracias a la que homologa 260 kilómetros de autonomía. Por el contrario, sus hermanos mayores tienen hasta ahora baterías NMC de 40 y 52 kWh con las que pueden llegar a superar los 400 km de rango de acción.
La diferencia queda clara, pero es un peaje que hay que pagar si se quieren lanzar al mercado nuevas versiones más asequibles o directamente coches que sean más baratos. “Las ventajas de la tecnología LFP son evidentes. Una de ellas tiene que ver con el coste, y eso forma parte de nuestra estrategia para hacer que la movilidad eléctrica sea más accesible para más personas”, señala Wood.
Las baterías de sodio, la otra vía por explorar
Utilizar baterías más pequeñas no es la única manera que hay de conseguir coches eléctricos más baratos. Dado que se trata del componente más caro del vehículo, la otra alternativa es usar pilas que tengan un coste menor. No es algo sencillo, porque emplean materiales de alto valor, pero hay una alternativa que sí es más asequible: las baterías de sodio.
Éstas, que usan un componente tan común como la sal, tienen en su bajo coste uno de sus principales puntos a favor, aunque pierdan terreno en otros aspectos como la densidad energética o la autonomía.

Y es que, pese a renunciar a ello, su precio hace que sea una alternativa ideal para coches baratos o de enfoque urbano, que no sea necesario equipar con baterías enormes para recorrer enormes distancias. Actualmente, un kWh en una batería LFP, que recordemos que ya es una alternativa más barata que las NMC, es de unos 50 dólares, mientras que en una de sodio es de 19 dólares, es decir, un 60% menos.
Esto está haciendo que actores importantes en la industria, algunos de la talla de CATL, que es líder de las baterías para automóviles en todo el mundo, están trabajando ya en ellas.
El fabricante chino, de hecho, está ya muy avanzando y anuncia que para este mismo año tendrá lista su pila llamada ‘Naxtra’, con una densidad energética de hasta 175 Wh/kg y capaz de superar los 400 kilómetros de autonomía.
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