En España caen al año algo más de 1,3 millones de descargas eléctricas, la mayoría ellas en verano, sobre todo en julio y agosto, pero septiembre, mes de la gota fría, es también tiempo de rayos y centellas. Si retumban los truenos, ¿estamos a salvo en el coche?

La respuesta viene del siglo XIX, de boca del físico británico Michael Faraday: sí. Un coche cerrado impide que la electricidad pase a su interior y, de este modo, protege a sus ocupantes en caso de que reciba la descarga de un rayo. La noticia es buena, porque un rayo puede generar temperaturas de hasta 20.000 grados.

No es que este científico (que da nombre a una marca de deportivos eléctricos) estuviera pensando en coches en aquel tiempo, pero mediante un famoso experimento bautizado después jaula de Faraday explicó un fenómeno perfectamente aplicable a los vehículos: cuando un recinto cerrado está recubierto de metal, el interior no recibe influencias de campos eléctricos externos porque su campo eléctrico es nulo. Sin entrar en demasiados detalles técnicos, el coche es un lugar seguro.

Pero hay un pero: precisamente por que la carrocería de un turismo es un elemento muy conductor de la electricidad, tiene más posibilidades que otros objetos de que le caiga un rayo durante una tormenta eléctrica (aunque este no sea un suceso muy habitual, cierto).

Así que si este fenómeno sorprende al conductor en plena carretera, viene bien seguir los consejos que dictan la ciencia y el sentido común, porque la estadística bien puede ponerse en tu contra.

• Apaga la radio, cierra las ventanillas y evita el contacto con las partes metálicas del habitáculo. De este modo, impediremos que la electricidad pase al interior.
• Si nos detenemos, es conveniente elegir un lugar seguro alejado de vallas metálicas, tendidos eléctricos y zonas húmedas.
• En vías fuera de poblado, lejos de la protección de edificios y pararrayos, hay que situarse en un lugar donde el coche no se convierta en el punto más alto.
• En caso de haber estado en pleno campo eléctrico, debes dar un margen de tiempo para abandonar el coche, ya que su superficie ha quedado cargada de electricidad.

Durante las tormentas veraniegas, los rayos muchas veces están acompañados de agua en cantidad: hay otros asuntos que deben vigilarse en ese caso. Para empezar, debemos comprobar el buen estado de las escobillas del limpiaparabrisas, ya que tienen que estar en condiciones óptimas para desalojar la mayor cantidad de agua posible. Y después del verano, si el coche ha estado expuesto al calor y al sol, suelen estar bastante más deterioradas de lo esperado.

También, como siempre, resultan fundamentales la iluminación (para ver y ser vistos) y los neumáticos, cuyo dibujo debe encontrarse lo mejor posible para que la capacidad de desalojar agua sea elevada.