El rápido despliegue de la movilidad eléctrica en las carreteras españolas ha transformado los hábitos de conducción, pero también los protocolos de actuación ante imprevistos mecánicos. Sufrir una avería, un pinchazo o un fallo en el sistema de alta tensión al volante de un modelo de batería requiere un conocimiento técnico que dista mucho de los métodos tradicionales.
A diferencia de los vehículos con motor de combustión interna, mover un coche eléctrico sin las precauciones adecuadas puede desencadenar daños irreversibles en la cadena cinemática.
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La regla de oro para cualquier usuario que enfrente un percance en ruta consiste en priorizar la seguridad vial. Tras señalizar la posición con las luces de emergencia y el dispositivo V-16 o los triángulos, el conductor debe ponerse en contacto con la asistencia en viaje, dejando claro que se trata de un coche 100% eléctrico.
Este detalle es vital: las compañías deben enviar obligatoriamente una grúa de plataforma plana para evitar cualquier arrastre sobre el asfalto.

El gran peligro: cuando las ruedas giran sin control
¿Por qué resulta tan destructivo rodar un eléctrico con las ruedas rozando la carretera? La respuesta reside en la arquitectura del propio motor eléctrico. En estos vehículos, el propulsor y el eje motriz están conectados de forma permanente, sin un embrague físico que permita desacoplarlos por completo.
Cuando las ruedas giran al ser arrastradas, el motor eléctrico actúa de manera inversa como un generador, produciendo energía electromagnética de forma ininterrumpida.
Si el vehículo se encuentra apagado o su electrónica de potencia no está operativa para gestionar ese flujo eléctrico, la corriente generada no tiene hacia dónde dirigirse. El resultado es un sobrecalentamiento extremo por fricción e inducción que puede freír los inversores, destruir el estátor o, en el peor de los casos, causar un cortocircuito grave en la batería de alto voltaje.
Por ello, las recomendaciones de los fabricantes coinciden en prohibir el remolque convencional con dos ruedas en el suelo.

Hoja de rescate: el pasaporte de seguridad del coche eléctrico
En situaciones de emergencia más severas, como un accidente de tráfico, entra en juego un documento vital: la hoja de rescate. Se trata de un esquema estándar en formato A4 que resume la estructura técnica del automóvil para guiar a los servicios de bomberos y emergencias.
En los vehículos eléctricos, este mapa especifica la ubicación exacta de los cables de alta tensión (identificables por su color naranja), los módulos de baterías, la pirotecnia de los airbags y, muy especialmente, los puntos de desconexión manual de la batería de tracción.
Disponer de esta hoja impresa en el parasol del conductor facilita la labor de los bomberos para neutralizar el sistema eléctrico en segundos, reduciendo a cero el riesgo de descargas de alto voltaje durante una excarcelación.

Batería agotada y desbloqueo: ¿tienen todos ‘modo remolque’?
Quedarse sin carga de batería en plena vía pública genera un bloqueo técnico muy particular. Así, cuando la batería de tracción se agota por completo, la batería auxiliar de 12 voltios (encargada de alimentar la pantalla, los cierres y la palanca de cambios) termina por descargarse poco después.
Esto provoca que la transmisión se bloquee automáticamente en posición Park (P) y que el freno de mano eléctrico quede echado, imposibilitando incluso empujar el vehículo unos metros.
Para solventar este problema, no todos los modelos ofrecen las mismas soluciones:
- Activación del modo remolque: algunos modelos integran en su menú táctil un ‘Modo Transporte’ o ‘Modo Remolque’ que libera los frenos y coloca la transmisión en punto muerto (Neutral).
- Ausencia de modo neutral sin energía: si el coche se ha quedado completamente ‘muerto’ sin corriente de 12V, resulta imposible acceder a la pantalla para liberar las ruedas.
- Uso de patines de arrastre: los operarios de la grúa deben recurrir a carritos auxiliares (dollys) o tablas de deslizamiento bajo los neumáticos para elevar las ruedas motrices y deslizar el vehículo sobre la plataforma sin que la transmisión sufra rozamiento.

El protocolo adecuado garantiza la vida útil del vehículo
Tratar a un coche eléctrico como un modelo convencional durante una avería es un error que la mecánica no perdona. La correcta comunicación con la empresa de asistencia, la verificación de que el traslado se realiza sobre una plataforma plana y el conocimiento de las funciones de emergencia del propio coche son los tres pilares para evitar que un simple imprevisto termine en una costosa reparación en el taller.
Asimismo, es fundamental que el conductor consulte previamente el manual de usuario de su vehículo para familiarizarse con los procedimientos de desbloqueo manual antes de que ocurra una incidencia. La anticipación y el conocimiento de la tecnología eléctrica evitan maniobras improvisadas en la calzada, garantizando que el proceso de rescate sea rápido, seguro y sin consecuencias para la salud financiera del propietario.
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