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Este vídeo suma más de 100.000 visualizaciones: así explica la diferencia entre tracción trasera, delantera y total

Madrid |

Todos los coches se mueven gracias a sus ruedas motrices, pero no todos lo hacen igual. No hay una opción perfecta, sino una más adecuada para cada uso.

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El GWM Wey 03 tiene dos versiones: una con tracción delantera y otra con tracción total.

Cuando hablamos de tracción delantera, tracción trasera o tracción total, en realidad hablamos de algo muy sencillo: qué ruedas reciben la fuerza del motor. Es decir, cuáles son las ruedas motrices.

Puede parecer un detalle técnico, de esos que solo interesan a quien se sabe la ficha del coche de memoria. Pero no. Afecta al comportamiento, al consumo, al desgaste de neumáticos, a la seguridad en lluvia y hasta al precio final del vehículo.

En un coche de tracción delantera, las ruedas delanteras hacen casi todo: giran, soportan buena parte del peso y además transmiten la fuerza del motor. Es el esquema más habitual en turismos pequeños, compactos y muchos SUV, porque resulta más sencillo, ligero y económico de fabricar.

La tracción trasera, en cambio, separa funciones: las ruedas delanteras dirigen y las traseras empujan. Por eso suele asociarse a coches más deportivos, berlinas potentes o modelos prémium. No es casualidad. Cuando se acelera fuerte, el peso del coche tiende a desplazarse hacia atrás, y eso favorece que las ruedas posteriores ganen agarre.

Luego está la tracción total, que reparte la fuerza entre los dos ejes. Puede ser permanente o conectable, mecánica o gestionada electrónicamente. Su gran ventaja es clara: más capacidad para transmitir potencia al suelo, especialmente con lluvia, nieve, barro o firme deslizante. A cambio, suele añadir peso, complejidad y consumo.

Pero vamos, en el siguiente vídeo, el gerente de un concesionario explica todo esto de una forma muy gráfica y de lo más divertida.

Tracción delantera: la opción lógica para casi todos

La tracción delantera es la más extendida por una razón bastante simple: funciona muy bien para el uso diario. Permite coches más compactos, más baratos y con mejor aprovechamiento del espacio interior, porque concentra motor y transmisión en la parte delantera.

También suele ofrecer un comportamiento previsible. Cuando se llega pasado a una curva, lo normal es que el coche tienda a abrir la trayectoria. Es lo que se conoce como subviraje. Dicho más fácil: el coche gira menos de lo que el conductor espera. No es ideal, pero suele ser más intuitivo de corregir levantando suavemente el pie del acelerador.

Con asfalto resbaladizo, la mejor tracción es la integral, algo obvio.

Sus puntos débiles aparecen cuando hay mucha potencia o baja adherencia. Como las ruedas delanteras tienen que girar y tirar del coche a la vez, pueden saturarse antes. En aceleraciones fuertes, algunos modelos también pueden transmitir tirones al volante, aunque los sistemas modernos han reducido mucho ese efecto.

Para la mayoría de conductores en España, un coche de tracción delantera sigue siendo la opción más razonable: menos coste, menos peso y buen comportamiento en ciudad, carretera y autovía.

Tracción trasera y total: emoción frente a máxima adherencia

La tracción trasera tiene otro sabor. Es más equilibrada cuando se conduce con ritmo, permite una dirección más limpia y suele ofrecer mejores sensaciones en coches potentes. Por eso gusta tanto a quienes disfrutan conduciendo.

Pero también exige algo más de respeto y experiencia. En firme mojado o con poca adherencia, si se acelera demasiado pronto o con brusquedad, la parte trasera puede perder apoyo. Los controles electrónicos actuales han hecho estos coches mucho más seguros, pero la física sigue ahí.

Con tracción trasera es más sencillo derrapar.

La tracción total juega otra partida. Su objetivo no es tanto emocionar como garantizar agarre. En lluvia intensa, nieve, caminos o carreteras de montaña, marca diferencias. También permite gestionar mejor potencias elevadas, algo cada vez más habitual en coches eléctricos.

Ahora bien, no convierte al coche en prácticamente ‘invencible’. Un SUV 4×4 con neumáticos gastados no elimina los límites de adherencia ni acorta mágicamente las distancias de frenado.

Jugar en la arena puede no ser una buena idea si no contamos con un vehículo con tracción total.

Además, la tracción integral suele implicar más precio, más mantenimiento y más consumo, aunque los sistemas actuales son cada vez más eficientes. Por eso conviene preguntarse si realmente se necesita o si simplemente suena bien en la ficha técnica.

La conclusión es sencilla. Para uso normal, tracción delantera. Para disfrutar al volante, tracción trasera. Para condiciones difíciles o mucha potencia, tracción total. No hay una respuesta universal. Hay una elección inteligente según el tipo de conductor, el clima, el presupuesto y el uso real del coche.

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Alfredo Rueda Perfil de Alfredo Rueda en Linkedin

Periodista especializado en motor desde hace más de 20 años, ha trabajado en diferentes gabinetes de prensa (Federación Española de Automovilismo o Circuito del Jarama) y medios especializados (Motor 16, Marca Motor o Auto Bild). Apasionado de coches, motos y, ahora también, de los cacharros con alas.

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