Un conductor puede ser escrupuloso con las revisiones y evitar cualquier pequeño roce al aparcar y, sin embargo, estar acortando la vida de su coche cada vez que conduce. Algunos gestos aparentemente inofensivos someten determinados componentes a esfuerzos innecesarios y pueden terminar convirtiéndose en una visita al taller.
Euromaster ha recopilado varios comportamientos frecuentes que pueden acelerar el desgaste, incrementar el consumo o provocar averías. Las consecuencias económicas son muy diferentes: desde unos 150 euros por unas pastillas de freno hasta más de 10.000 euros si una falta de mantenimiento termina provocando daños graves en el motor.
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Frenos y embrague: hasta 1.500 euros
Las aceleraciones intensas y los frenazos bruscos son uno de los primeros enemigos. Además de aumentar el consumo, aceleran el desgaste del sistema de frenado. Unas pastillas pueden rondar los 150 euros y sustituir los discos puede elevar la factura hasta aproximadamente 450 euros, dependiendo siempre del vehículo.
Otro gesto muy habitual es conducir con el pie apoyado sobre el embrague. Aunque aparentemente apenas se ejerza presión, mantener esa costumbre o utilizar incorrectamente el pedal durante detenciones prolongadas puede acelerar el desgaste del sistema. Una reparación importante del embrague puede alcanzar los 1.500 euros.
A ello se suma la falta de anticipación. Acercarse demasiado al vehículo precedente para frenar inmediatamente después obliga a encadenar aceleraciones y frenadas innecesarias, aumentando el trabajo de frenos, embrague y suspensión. Mantener una distancia prudencial y observar lo que ocurre más adelante permite conducir de manera mucho más progresiva.
También hay que tener cuidado en los descensos prolongados. Mantener continuamente pisado el pedal puede provocar sobrecalentamiento y pérdida de eficacia de los frenos. En coches de combustión conviene aprovechar la retención del motor seleccionando una relación adecuada para descargar de trabajo al sistema.
El motor: aquí la factura puede superar los 10.000 euros
Pocas costumbres resultan tan poco recomendables como exigirle grandes esfuerzos al motor inmediatamente después de arrancarlo. Las aceleraciones intensas en frío aumentan el desgaste interno cuando el aceite todavía no se encuentra en sus condiciones óptimas de funcionamiento.
Eso no significa que haya que permanecer varios minutos detenido esperando a que el coche se caliente. Lo recomendable es comenzar la marcha y conducir suavemente durante los primeros kilómetros, evitando grandes aceleraciones hasta que la mecánica alcance su temperatura normal.
Tampoco resulta aconsejable convertir la reserva de combustible en la zona habitual del indicador. Circular repetidamente con muy poco combustible puede aumentar el desgaste de la bomba y favorecer la entrada de sedimentos en el sistema de inyección.
Pero el error potencialmente más caro es retrasar sistemáticamente los cambios de aceite, filtros y revisiones establecidos por el fabricante. Una operación preventiva relativamente sencilla puede terminar convirtiéndose en un problema mucho mayor. En el peor escenario, una avería grave o una rotura del motor puede superar los 10.000 euros.
Neumáticos y suspensión: pequeños descuidos
Los neumáticos también pueden hacer pagar literalmente la falta de atención. Circular con una presión incorrecta provoca un desgaste irregular, perjudica la seguridad y eleva el consumo. Con presiones habitualmente bajas, el gasto de combustible puede aumentar hasta un 7%.
Baches, bordillos y badenes constituyen otro enemigo cotidiano. Pasar demasiado rápido sobre ellos o golpear repetidamente un bordillo puede provocar daños en neumáticos y suspensión, además de alterar la alineación de la dirección. El problema es que algunas consecuencias no aparecen inmediatamente y terminan manifestándose mediante vibraciones o desgastes anómalos.
El peso también pasa factura
Finalmente está esa costumbre de utilizar permanentemente el maletero como si fuera un pequeño trastero. El exceso de carga o una distribución incorrecta del peso obliga a neumáticos, frenos y suspensión a trabajar más, además de aumentar el consumo de combustible.
En realidad, buena parte de estos problemas comparten una solución bastante sencilla: conducir con suavidad, anticiparse y respetar el mantenimiento.
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