Cuando el sistema de refrigeración falla, en muchos casos, lo hace por un motivo tan sencillo como una pequeña fuga. Un problema más común de lo que parece al que no conviene restarle importancia.
A raíz de una entrevista con El Motor, la mecánica Irati Etxandi, explica por qué sucede este fallo que puede escalar rápidamente si no se detecta y repara a tiempo, y que afecta a numerosos modelos y marcas.
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Un fallo común en piezas de plástico
Uno de los puntos clave está en los materiales utilizados. Muchas de las fugas de anticongelante tienen su origen en piezas de plástico del sistema de refrigeración, un material que, según explica Etxandi, se utiliza principalmente por costes.
“El mayor fallo es la junta de silicona”, detalla. Con el paso del tiempo y el contacto continuo con el anticongelante, esta junta se degrada y pierde estanqueidad. El resultado es una pérdida progresiva del líquido.
Además, el propio plástico puede debilitarse con el uso, lo que favorece pequeñas roturas o grietas. No es un problema exclusivo de una marca: afecta a modelos de distintos fabricantes.
Cuándo aparecen los problemas
No hay una cifra exacta, pero sí una referencia orientativa. Según la mecánica, este tipo de fallo suele empezar a aparecer a partir de los 150.000 kilómetros, aunque depende mucho del uso y del modelo.
Algunos vehículos pueden recorrer muchos más kilómetros sin problema, mientras que otros empiezan a mostrar síntomas antes. Como en muchas averías, el desgaste acumulado es el factor determinante.
La señal más clara
El primer aviso suele ser sencillo, pero no siempre se le da importancia: baja el nivel del anticongelante. En los coches actuales, este descenso activa una alerta en el cuadro de instrumentos antes de que la situación sea crítica. Esto permite actuar con margen.
El problema aparece cuando se ignora ese aviso. “Hay personas que ven que ha bajado un poco y continúan”, explica. Esa decisión es la que puede convertir una avería pequeña en algo mucho más serio.
Qué ocurre si no se repara a tiempo
Seguir circulando con una fuga, aunque sea pequeña, implica un riesgo claro. El sistema puede vaciarse progresivamente hasta quedarse sin anticongelante. En ese momento, el motor pierde su capacidad de refrigeración y comienza a sobrecalentarse.
Aquí es donde aparece el verdadero problema. Una simple fuga puede terminar derivando en una avería de junta de culata, una de las reparaciones más costosas. “El coche se calienta y si no paras a tiempo, puedes acabar con una factura de miles de euros”, advierte.
Los costes de la reparación
La diferencia económica entre actuar a tiempo o no hacerlo es considerable. Sustituir una pieza de este tipo puede suponer en muchos casos entre 100 y 200 euros, dependiendo de la complejidad.
Sin embargo, si la avería escala, el escenario cambia por completo. Una junta de culata o daños internos pueden elevar el coste hasta cifras muy superiores, además de dejar el coche fuera de uso durante más tiempo.
Se puede prevenir, pero no evitar del todo
La avería tiene una parte inevitable ligada al desgaste, pero hay formas de minimizar el riesgo. La principal recomendación es clara: utilizar siempre el anticongelante adecuado.
Muchos conductores optan por añadir agua, especialmente en verano, pensando que es suficiente. El problema es que esto favorece la corrosión interna del circuito, acelerando el deterioro de piezas y juntas. “No te vas a enterar ahora, pero a largo plazo sí”, explica Etxandi.
Un problema que puede crecer rápido
Lo que empieza como una pérdida leve puede convertirse en un fallo grave en poco tiempo. El sistema de refrigeración trabaja bajo presión y temperatura constante. Cuando algo falla, el deterioro puede acelerarse rápidamente, especialmente en verano.
Por eso, más allá del coste, la clave está en la prevención. Porque en este tipo de averías, no es tanto el fallo en sí como el tiempo que se tarda en reaccionar lo que marca la diferencia.
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Historiador de formación, periodista deportivo de vocación y apasionado del motor por elección. Terminé contando carreras en vez de guerras. Entre libros, crónicas y gasolina he ido encontrando el camino. Ahora intento comunicarlo sin levantar el pie del acelerador.