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La OCU lo aclara y no deja dudas: ¿me pueden multar por conducir con chanclas, comer o apoyar el brazo en la ventanilla?

Madrid |

Los comportamientos habituales en el verano generan dudas en los conductores que la Organización de Consumidores y Usuarios quiere despejar.

conducir con chanclas

Conducir con chanclas es una práctica común en verano.

Cada verano los conductores se enfrentan otra vez a situaciones que son familiares y que se repiten de manera anual: revisar el aire acondicionado, afrontar una o varias operaciones salidas o retorno, lidiar con atascos… y preguntarse si, con el calor que hace, pueden conducir su coche con chanclas o si es motivo de multa. La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha aclarado esto y otro par de comportamientos que son especialmente habituales en la época estival.

El del calzado es algo que trae de cabeza a muchos conductores, por el simple hecho de que ni siquiera la normativa lo deja claro.

El Reglamento General de Circulación obliga al conductor a mantener el control absoluto del vehículo y la libertad necesaria de movimientos para ello, algo que es bastante ambiguo, porque no entra en la prohibición expresa de ningún tipo de prenda o de calzado, pero deja abierta la situación a la interpretación de los agentes de tráfico.

En lo relativo a las chanclas, el principal problema que presentan es que, al no quedar completamente sujetas al pie, no ofrecen una sujeción total y además pueden moverse, doblarse e incluso quedarse enganchadas en uno de los pedales.

Esto puede provocar una situación peligrosa así que, si al parar al vehículo un agente considera que el conductor no tiene el control del coche con seguridad suficiente, pueden llegar a sancionarle, poniendo una multa que puede llegar a ser de hasta 200 euros.

Para evitar este problema (que también puede producirse con otros tipos de calzado como, por ejemplo, los zapatos de tacón), lo que se recomienda es llevar consigo un segundo par de zapatos, un calzado que sea más cómodo, cerrado y de suela plana con el que no haya inconvenientes durante la conducción.

Apoyar el brazo en la ventanilla o conducir comiendo

Debido al calor, son muchos los conductores que circulan con la ventanilla bajada y esto lleva a que algunos lleven el brazo apoyado en el marco de la misma. Aunque es un gesto habitual en las carreteras, también es susceptible de multa.

Desde Peritaciones Pablo Muñoz son claros respecto al porqué: “En España, conducir con la mano en la ventanilla supone una sanción de 80.-€, ya que se entiende que el conductor está circulando “de manera negligente” (artículo 3.1 del Reglamento General de Circulación) o que no está “en condiciones de controlar su vehículo” (artículo 17.1) al no tener las dos manos sobre el volante, imprescindible para maniobrar lo más rápido posible en una situación de emergencia”.

Otro comportamiento que no es tan habitual a lo largo del año, pero que sí es más normal en verano porque se realizan viajes más largos, es el de comer o beber al volante. Con el calor que hace, se recomienda hidratarse en carretera, pero hacerlo mientras se está conduciendo puede ser sinónimo de multa.

De nuevo, no hay nada en la normativa que hable específicamente de comer o de beber, pero el artículo del Reglamento General de Circulación que ampara estas situaciones es, de nuevo, el 18.1: “El conductor de un vehículo está obligado a mantener su propia libertad de movimientos, el campo necesario de visión y la atención permanente a la conducción, que garanticen su propia seguridad, la del resto de los ocupantes del vehículo y la de los demás usuarios de la vía”.

Es el criterio de los agentes el que dictamina si el hecho de comer o de beber está distrayendo al conductor de la conducción o si le está impidiendo mantener el control de su vehículo de la manera apropiada, así que está en su mano la decisión de ponerle una multa de 100 euros, sin sustracción de puntos, o una de hasta 200 euros si se considera que hay un riesgo para la seguridad vial.

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Mario Herráez

Apasionado del motor desde pequeño, primero de las motos y después de los coches, con especial predilección por los modelos nipones. Lleva una década dedicándose al sector, formado primero en Autobild y desde entonces en el Grupo Prisa, probando todo lo que haga ruido... o no.

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