Una botella de agua es uno objeto bastante habitual dentro de cualquier coche. Sirve para hidratarse durante un viaje o acompañar una comida en la carretera. Por eso, verla en el interior de un vehículo no llama la atención de nadie.
La sorpresa llega cuando esa misma botella aparece colocada en lugares donde no debería estar, como el techo del coche o encajada en una rueda. En esos casos puede esconder un significado que muchos conductores desconocen y que va mucho más allá de un simple descuido.
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La botella sobre el techo
En países como Argentina, colocar una botella de plástico sobre el techo de un coche se ha convertido con el paso de los años en una especie de código popular para indicar que el vehículo está en venta.
La práctica tiene décadas de historia y continúa utilizándose en muchas ciudades. Una botella es barata, visible y permite llamar la atención de potenciales compradores sin necesidad de colocar grandes carteles o anunciar el vehículo en plataformas especializadas.

Así, cuando alguien observa un coche estacionado con una botella en el techo, puede interpretar que su propietario quiere venderlo y está abierto a recibir ofertas. Se trata de un método informal que ha sobrevivido pese a la aparición de internet y de las plataformas de compraventa online.
Aunque esta costumbre es conocida en muchas zonas de Hispanoamérica, en Europa es prácticamente desconocida. Sin embargo, conviene conocerla para que no te resulte extraño en caso de viajar, por ejemplo, a Argentina, país en el que más se implementa.
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Cabe mencionar que este sistema no implica necesariamente que el coche lleve información visible sobre el precio o el teléfono de contacto. En muchos casos, el interesado debe preguntar directamente al propietario para iniciar una negociación.

La botella en la rueda
La situación cambia por completo cuando la botella aparece atrapada entre una de las ruedas. En este caso no se trata de una señal de venta ni de una tradición popular. Todo lo contrario: los delincuentes utilizan este método para distraer a los conductores y facilitar el robo del vehículo o de las pertenencias que se encuentran en su interior.
La botella se coloca normalmente en el lado del acompañante, donde resulta más difícil que el conductor la detecte antes de ponerse en marcha. Cuando el vehículo comienza a moverse, el plástico se aplasta y genera un ruido llamativo que suele provocar que el conductor se detenga para comprobar qué ocurre.

En este punto, muchos abandonan el vehículo para inspeccionar el origen del ruido dejando el motor en marcha, la llave puesta o las puertas sin cerrar. Ese breve descuido es el instante que buscan los delincuentes.
En algunos casos podrían aprovechar para sustraer objetos del interior. En otros, el objetivo sería intentar llevarse el coche si las circunstancias lo permiten. Por ese motivo, los expertos recomiendan actuar siempre con cautela.
Si se escucha un ruido extraño después de iniciar la marcha, lo más prudente es detenerse en un lugar seguro, apagar el motor y asegurarse de que el vehículo queda correctamente cerrado antes de bajar. La clave de esta técnica no está en la botella, sino en la reacción del conductor.
Otro truco parecido
Siguiendo con las artimañas para robar vehículos, también existe el truco de la moneda en la puerta. En este caso se utiliza para sustraer objetos de valor del interior del vehículo. Este método se lleva a cabo sobre todo en parkings y por la noche en zonas oscuras de la calle. Cuando el conductor está realizando las maniobras de aparcamiento, el perpetrador aprovecha para colocar una moneda en alguna manilla de las puertas, sin que el conductor se percate.
Una vez que el dueño del vehículo ha terminado de aparcar el automóvil, sale y pulsa el mando de la llave. Se aleja tranquilamente sin saber que una de las puertas no se ha cerrado al haber una pequeña moneda impidiendo que el mecanismo complete el bloqueo. Al no culminar el vehículo el cierre, la alarma no se activa. De esta manera, el ladrón tiene acceso total al vehículo para desvalijarlo o llevárselo.

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