Si vives en esta ciudad podrás repostar en las gasolineras más antiguas de España

Estas estaciones de servicio siguen desafiando al paso del tiempo como auténticos iconos del motor y la arquitectura.

gasolineras

Hoy las estaciones de servicio son un elemento más del paisaje urbano y de las carreteras. Sin embargo, hubo un tiempo en el que repostar combustible era una actividad completamente diferente.

En la década de los años veinte, el automóvil comenzaba a extenderse por España y las gasolineras apenas existían como tales: en muchos casos no eran más que simples surtidores instalados en aceras o plazas. Por eso resulta tan llamativo que todavía sea posible repostar en algunas de las estaciones de servicio más antiguas y emblemáticas del país.

Madrid conserva dos auténticas joyas para los aficionados al motor y a la arquitectura, dos gasolineras diseñadas por el arquitecto Casto Fernández-Shaw, una de las figuras más importantes de la arquitectura española del siglo XX.

La estación de servicio moderna

Cuando hoy pensamos en una gasolinera imaginamos una marquesina, una tienda, una zona de oficinas y una imagen corporativa fácilmente reconocible. Pero alguien tuvo que inventar ese concepto. Ese papel lo desempeñó Fernández-Shaw en 1927 con la construcción de la estación de servicio de Petróleos Porto Pi, situada en el número 18 de la calle Alberto Aguilera.

La instalación fue revolucionaria para su época. No solo porque incorporaba una imagen moderna y funcional, sino porque definió los elementos básicos que todavía hoy caracterizan a las estaciones de servicio: la marquesina, la caseta de atención al público y el gran elemento vertical destinado a la identificación publicitaria.

Gasolinera Gesa en el barrio de Chamberí.

Una obra maestra

La estación fue construida en apenas 50 días en 1927, un tiempo récord incluso para los estándares actuales. Su promotor fue Petróleos Porto Pi, una compañía que desempeñó un papel relevante en el desarrollo temprano del mercado petrolero español.

El edificio destacaba por su lenguaje racionalista, una corriente arquitectónica que apostaba por las formas limpias, la funcionalidad y la ausencia de elementos decorativos innecesarios. Pero Fernández-Shaw añadió además guiños futuristas que convertían la instalación en algo único. La torre recordaba a la chimenea de un gran barco, mientras que las marquesinas evocaban las alas de un avión en pleno despegue.

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El derribo que indignó a Madrid

Sin embargo, la historia de esta estación estuvo a punto de terminar en los años setenta. En 1977 parte del conjunto fue demolido, eliminándose algunos de sus elementos más representativos.

La decisión provocó que arquitectos, estudiantes y diferentes colectivos salieran en defensa de una construcción que muchos consideraban clave para entender la arquitectura moderna española.

La presión social fue tan intensa que el Ayuntamiento acabó interviniendo para evitar que el solar desapareciera por completo. Dos décadas más tarde, en 1996, se llevó a cabo una reconstrucción prácticamente idéntica a la original que permitió recuperar su imagen histórica. Gracias a ello, en realidad, sigue funcionando en la actualidad.

Otra perspectiva de la gasolinera de Alberto Aguilera.
Otra perspectiva de la gasolinera de Alberto Aguilera.

La otra joya

Existe una segunda gasolinera diseñada por Fernández-Shaw que también continúa en pie. Se encuentra en el número 388 de la actual avenida de Aragón y fue concebida inicialmente en 1928, aunque no llegó a construirse hasta finales de los años cincuenta. A diferencia de la gasolinera de Alberto Aguilera, esta estaba pensada para atender un volumen mucho mayor de vehículos.

Las dimensiones crecieron, apareció una gran torre de varias plantas y el conjunto adoptó una escala mucho más ambiciosa. Pese a las modificaciones realizadas durante la construcción definitiva, el edificio mantiene claramente el espíritu original del arquitecto.

Gasolinera de la avenida de Aragón.
Gasolinera de la avenida de Aragón.

Un patrimonio único

Lo fascinante de estas dos instalaciones es que cuando fueron concebidas, Madrid contaba con alrededor de 18.000 vehículos, una cifra que hoy parece insignificante frente a los millones que circulan por las carreteras españolas.

En aquella época, el coche era todavía un símbolo de modernidad y progreso, y las gasolineras debían transmitir precisamente esa idea, ya que parar a repostar era y sigue siendo imprescindible.

Mientras muchas otras gasolineras similares de la época desaparecieron hace décadas, estas dos han logrado sobrevivir al crecimiento urbano, a los cambios tecnológicos y a la transformación completa de la movilidad, convirtiendo a Madrid en una ciudad privilegiada; una donde todavía es posible llenar el depósito en auténticas piezas de museo que, casi un siglo después de su creación, siguen cumpliendo la misma función para la que fueron concebidas.

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