Con la llegada del verano, los fines de semana cambian de rutina. La bicicleta se convierte en la compañera perfecta para una escapada a la montaña, una ruta por carretera o una mañana junto al mar.
Y, cuando llega el momento de cargarla, la solución más habitual suele ser la misma: abatir los asientos traseros, desmontar la rueda delantera y hacer que todo encaje dentro del maletero.
Más información
Es una escena tan cotidiana que muchos ni siquiera se plantean si lo están haciendo correctamente. Si la bicicleta entra en el coche y el portón cierra, parece que el problema está resuelto.
Sin embargo, ahí empieza el verdadero riesgo. Que una bicicleta quepa dentro del vehículo no significa que esté bien transportada. Y esa diferencia puede marcar la distancia entre un viaje tranquilo, una multa de 200 euros o, en el peor de los casos, un accidente con consecuencias mucho más graves.
El verdadero peligro aparece cuando hay que frenar
La normativa permite transportar una bicicleta en el interior del coche. Lo que exige es que la carga viaje correctamente colocada y que no pueda desplazarse durante la marcha.
Puede parecer un detalle sin importancia, pero basta imaginar un frenazo de emergencia para entender por qué existe esta obligación. Una bicicleta pesa fácilmente entre 12 y 20 kilos, dependiendo del tipo de modelo y de los accesorios que lleve instalados.
En una colisión o una frenada brusca, ese peso se multiplica debido a la inercia. Si la bicicleta no está correctamente sujeta, puede salir despedida hacia los ocupantes con una fuerza enorme, golpeando los asientos, los reposacabezas o incluso a quienes viajan en las plazas delanteras.
No basta con que entre en el maletero
Uno de los errores más habituales consiste en pensar que la propia carrocería impedirá que la bicicleta se mueva. En realidad, si no está fijada, puede desplazarse con facilidad cada vez que el vehículo acelera, frena o toma una curva.
Lo recomendable es utilizar las argollas de amarre que incorporan muchos maleteros y sujetar la bicicleta con cinchas o correas resistentes para impedir cualquier movimiento. Si es necesario desmontar la rueda delantera, conviene asegurar también esa pieza para que no quede suelta dentro del habitáculo.
Además, la bicicleta nunca debe impedir la visibilidad del conductor ni invadir el espacio destinado a los ocupantes. Cuanto más baja y más cerca del suelo del maletero viaje, menor será el riesgo de desplazamiento.
¿Y cuándo hace falta un portabicicletas?
Si la bicicleta cabe dentro del coche y puede sujetarse correctamente, no existe ninguna obligación de utilizar un portabicicletas.
Sin embargo, cuando el espacio es insuficiente o se transportan varias bicicletas, recurrir a un soporte exterior suele ser la opción más cómoda y también la más segura. Existen soluciones para el techo, el portón trasero o la bola de remolque, cada una pensada para necesidades diferentes.
Eso sí, cuando la bicicleta sobresale por la parte trasera del vehículo es obligatorio cumplir una serie de requisitos. La carga debe ir correctamente señalizada con la placa V-20, no puede ocultar la matrícula ni las luces, y debe respetar los límites de dimensiones establecidos por la normativa.
Cinco minutos que pueden evitar muchos problemas
Antes de emprender el viaje merece la pena dedicar unos minutos a revisar cómo viaja la bicicleta. Comprobar que las cinchas están bien tensadas, que ninguna pieza puede soltarse y que el conductor mantiene una buena visibilidad son gestos sencillos que apenas llevan tiempo.
También conviene retirar del habitáculo otros objetos pesados, como bombas de aire, herramientas o candados, ya que en caso de accidente pueden convertirse igualmente en proyectiles.
La reciente sanción a un conductor por transportar una bicicleta de forma incorrecta ha servido para recordar una norma que muchas veces pasa desapercibida. Pero la verdadera lección no está en los 200 euros de multa.
Lo realmente importante es entender que una bicicleta no deja de ser una carga de varios kilos viajando junto a los ocupantes. Sujetarla correctamente no solo evita una sanción. Sobre todo, evita que un objeto pensado para disfrutar del tiempo libre pueda convertirse, en apenas un instante, en el elemento más peligroso del interior del coche.
Sigue toda la información de EL MOTOR desde Facebook, Twitter o Instagram
Periodista especializado en motor desde hace más de 20 años, ha trabajado en diferentes gabinetes de prensa (Federación Española de Automovilismo o Circuito del Jarama) y medios especializados (Motor 16, Marca Motor o Auto Bild). Apasionado de coches, motos y, ahora también, de los cacharros con alas.
