Un conductor está detenido en un semáforo en rojo, pero un agente de tráfico le indica que pase. Si avanza, está infringiendo una norma castigada con una multa de 200 euros y la resta de cuatro puntos. Si se queda quieto, está ignorando a la autoridad y bloqueando el tráfico. ¿Qué es lo correcto en esta situación?
Para muchos conductores, este escenario puede resultar confuso si no recuerdan el orden de prioridad establecido para las señales. Algo fundamental cuando se topan con dos de ellas que se contradicen.
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La prioridad de las señales
Explica la Dirección General de Tráfico (DGT) que existe una jerarquía cuando varias señales coinciden y sus mensajes son contradictorios. Revela, además, un truco para no fallar: obedecer siempre a la más restrictiva. Pero ¿qué ocurre ante un semáforo en rojo si un agente da paso? Hay que recordar la escala de prioridad.
Los agentes de la autoridad responsable del tráfico regulan la circulación en todo tipo de circunstancias, tanto de día como de noche, en función de las necesidades puntuales. Sus órdenes han de ser obedecidas inmediatamente por todos los usuarios.
En el segundo grupo de señales en importancia, por detrás de las de los agentes, están las circunstanciales y de balizamiento. A continuación, aparecen los semáforos para peatones, vehículos, fijos, intermitentes para un solo carril…
Las siguientes en la lista son las señales verticales. De diferentes colores y formas, advierten de peligros, establecen obligaciones, prioridades y restricciones de paso e informan con indicaciones de carriles, de orientación o completan a otras señales con información adicional.
Por último, aparecen las marcas viales. Las señales sobre el pavimento también regulan la circulación: advierten y guían a todos los usuarios, conductores y peatones. Transversales, horizontales, continuas y discontinuas, pueden ir solas o acompañando a otros tipos de señales (como las líneas de detención).
¿Y si el semáforo tiene una cámara?
La situación se puede complicar cuando un agente ordena a un conductor saltarse un semáforo que esté en rojo y, además, está equipado con una cámara. Al infringir la orden de la señal luminosa, este dispositivo entrará en acción y hará una foto del coche. Esto se traducirá en la correspondiente sanción.
Normalmente, las imágenes captadas por estas cámaras son sometidas a una revisión: si en ellas aparece el agente dando instrucciones, la sanción no será real. Si, de todas formas, la multa llega al buzón del conductor, este podrá recurrirla explicando el motivo por el que no respetó el semáforo en rojo.
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Desde que aprendió a hablar y escribir, una de sus pasiones siempre fue contar todo lo que pasaba a su alrededor. Hizo las maletas y cambió Zaragoza por Madrid para estudiar Periodismo en la Universidad Complutense. Antes de graduarse, el mundo del motor se cruzó en su camino… y nunca lo ha abandonado.
