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He probado el Opel Grandland en un lugar muy especial y me ha gustado más de lo que esperaba

Zaragoza |

La propuesta de la marca alemana se revela plenamente solvente dentro del segmento de los SUV de tamaño compacto.

Opel Grandland

La realidad podría calificarse como incontestable. Por una serie de razones (que precisarían de una explicación más detallada que no es el objeto de estas líneas), Opel ha dejado de considerarse una primera opción de compra para muchos automovilistas. De ser una marca de referencia, incluso líder, en el mercado español ha pasado a ocupar una posición mucho menos relevante: la número 18 durante el año pasado, para ser precisos.

Un retroceso para nada justificado, porque lo cierto es que Opel tiene una gama de productos tan solventes como el Grandland y, sin embargo, dista mucho de disfrutar de la aceptación que merecería de los compradores. Se trata de un SUV compacto (aunque con unos generosos 4,65 metros de longitud) con enormes argumentos para ser competitivo en su segmento, como hemos tenido la oportunidad de comprobar en una prueba de su gama en un lugar tan especial como lo es este coche: las Bardenas Reales, en Navarra.

Un desplazamiento, de ida y vuelta, desde Zaragoza hasta este escenario y una ruta por los fascinantes parajes de este parque natural y reserva de la biosfera fue suficiente para refrendar las cualidades de un producto que se podría calificar como redondo, muy equilibrado en general. Empezando, como la propia Opel quiere destacar, por su posicionamiento como una marca de calidad alemana a precio asequible.

No es que se trate de coches especialmente baratos, sobre todo si se establecen comparaciones con algunas propuestas asiáticas. Su oferta comercial multienergía, que abarca motorizaciones híbridas, híbridas enchufables y 100% eléctricas, va desde los 38.500 hasta los 58.910 euros, pero conviene considerar todo lo que se obtiene por estas cantidades en términos de diseño, equipamiento, tecnología y fiabilidad.

Elegancia sin estridencias

Opel ha querido ofrecer a sus clientes un Grandland que sintetice lo mejor de la forma alemana de entender un automóvil. Empezando por un diseño atractivo y elegante, pero sin estridencias, muy marcado por sus grupos ópticos y también por el logotipo de la marca iluminado en la parrilla. No es quizá un conjunto que deslumbre por su apariencia, no arriesga en este sentido, lo que no significa que renuncie a una personalidad bien definida, a una armonía general de líneas y formas realmente convincente.

Sobre todo, porque más allá de la estética lo mejor del Opel Grandland se encuentra en su interior. Para empezar, el aprovechamiento del espacio es destacable, tanto para los pasajeros como en un generoso maletero de 550 litros, que además es muy aprovechable por sus formas y por un piso que se puede colocar a dos alturas.

La apuesta por la tecnología es evidente nada más acceder al interior del Grandland. La instrumentación se confía a una pantalla de 10 pulgadas, mientras que el sistema multimedia se basa en otra de nada menos que 16 pulgadas y en un formato alargado. Aunque en esta segunda pantalla se centralizan muchas funcionalidades del vehículo, Opel mantiene los botones físicos más importantes, de manera que, por ejemplo, la climatización se pueda controlar más fácilmente.

La ergonomía y la comodidad también son prioridades para Opel. En este sentido destacan unos asientos que disponen de la certificación del reconocimiento independiente AGR (siglas en alemán de la campaña para espaldas saludables), que avala una estructura adecuada para afrontar largos viajes. Tampoco faltan otras soluciones muy prácticas en el habitáculo, como una consola central con portabebidas o los reposabrazos con dos tapas.

Mecánicas siempre electrificadas

Opel quiere satisfacer las necesidades de la mayor parte de los conductores con una gama de motorizaciones siempre electrificados, pero a distintos niveles. La propuesta básica es un híbrido de gasolina de 1,2 litros y 145 CV de potencia; le sigue la polivalente opción del híbrido enchufable de 225 CV, para acabar con dos opciones completamente eléctricas y con un rendimiento de 156 kW (213 CV) o 239 kW (325 CV).

Todas ellas refrendan la apuesta firme por la eficiencia de Opel y lo cierto es que sirven para cubrir las preferencias de diferentes tipos de usuarios, con etiquetado ECO para las variantes híbridas y CERO para las restantes. El funcionamiento de cualquiera de las propuestas cumple con las expectativas, se corresponde con lo ya conocido en otras alternativas similares del Grupo Stellantis, que está desplegando su avance hacia la electrificación de sus gamas de forma solvente y competitiva en un mercado tan concurrido.

La racionalidad alemana se aprecia igualmente sin fisuras una vez que el Opel Grandland inicia la marcha. Se trata de un automóvil muy equilibrado, diseñado para rodar con solvencia en cualquier tipo de trazado, incluso a alta velocidad, combinando confort y seguridad. No es un coche que despunte especialmente en ningún aspecto, pero cumple con nota en todos ellos y se revela así como ideal para el uso familiar para el que ha sido concebido.

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Raúl Romojaro Perfil de Raúl Romojaro en Linkedin

Una vida sobre ruedas. De piloto (malo) de motocross a periodista deportivo en Diario AS, incluyendo una década en los grandes premios de MotoGP. Apasionado de los coches y las motos, en más de 35 años ha tenido el privilegio de probar unos cuantos cientos de unos y de otras. Ahora, director de Prisa Motor.

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