Bugatti es una de las marcas de coches más exclusivas del mundo, pero el ser humano se acostumbra a todo y entre sus adinerados clientes siempre hay quienes quieren algo más. Es por eso que la firma tiene su propio programa de personalización y, para los casos más extremos, un programa de desarrollo de ejemplares únicos. El último en salir a la luz es el Bugatti Destrier.
Aunque en un primer momento puede costar verlo, se trata de una versión racional del extremo Bugatti Bolide, un vehículo pensado únicamente para el uso en circuito. Ahora el fabricante ha tomado su base y ha creado lo que sería su versión “civil”, de calle, y le ha despojado de algunas de sus características más radicales.
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Es algo que se aprecia con facilidad en su diseño, que elimina por completo las exageradas soluciones aerodinámicas de las que hacía gala el Bolide, cuyo objetivo era generar la mayor carga posible para mantenerlo pegado al asfalto.
Así, no hay un frontal casi carenado por completo, las llantas no están cubiertas, no hay apéndices repartidos por la carrocería y, sobre todo, no hay un descomunal alerón ni una gigantesca aleta dorsal. Eso sí, no significa que no sea un modelo de diseño espectacular.
Sus proporciones son llamativas, pues es un vehículo realmente largo y ancho, pero tiene una altura de solo un metro. La característica parrilla está pegada al suelo, dos enormes entradas de aire dan forma al paragolpes, los faros delanteros están formados por cuatro tiras LED horizontales y se montan sobre los pasos de rueda, que alojan llantas de 20 pulgadas en el eje delantero y de 21 pulgadas en el trasero.
La vista lateral reinterpreta la clásica forma de ‘C’ de la marca, aquí más estrecha de lo habitual por las peculiares proporciones del coche. El perfil es tremendamente atlético y está rematado por un voladizo trasero casi inexistente, con una zaga coronada por un alerón, con unos delgadísimos pilotos, una salida de escape cuádruple en posición central y un agresivo difusor.
El interior es parecido al del Bolide, pero se ha eliminado el ambiente más propio de un coche de competición para crear un habitáculo más lujoso. Predomina el color marrón que da forma al cuero de los asientos y a las molduras de las puertas y el salpicadero, las costuras son de tono cobrizo, toda la información se concentra en un completo cuadro de instrumentos digital, etc.
Una mecánica ya desaparecida
Al estar basado en el Bolide, su sistema de propulsión es de la vieja escuela. En lugar del sistema híbrido del Bugatti Tourbillon, emplea el motor 8.0 W16 con cuatro turbos, que desarrolla una potencia de 1.600 CV. Eso sí, la marca no ha desvelado sus prestaciones.
Frank Heyl, Director de Diseño de Bugatti, ha declarado: “El Destrier no es un automóvil que se comprende con la razón, sino uno que se siente con el corazón. El Bolide nos ofreció las proporciones más extremas que jamás hayamos creado y, al liberarlas de la incesante búsqueda de carga aerodinámica propia de aquel modelo, permitimos que se expresen como pura escultura. Del mismo modo que el chasis del Type 57 regaló al mundo tanto un ganador de Le Mans como el Atlantic, una misma plataforma ha dado lugar ahora a dos obras maestras totalmente distintas”.
El Destrier es el tercer modelo que ha creado el Programme Solitaire de Bugatti, pero los dos primeros (Brouillard y F.K.P Hommage) se desarrollaron sobre la base del Bugatti Chiron. A pesar de esa diferencia, como en su caso, el fabricante no ha desvelado su precio.
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Apasionado del motor desde pequeño, primero de las motos y después de los coches, con especial predilección por los modelos nipones. Lleva una década dedicándose al sector, formado primero en Autobild y desde entonces en el Grupo Prisa, probando todo lo que haga ruido... o no.
