El uso secreto para las motos que escondía la Game Boy

Dada la popularidad de la videoconsola, que a lo largo de su vida comercial vendió más de 118 millones de unidades, era un dispositivo muy común.

Game Boy
La Game Boy muestra varios parámetros del motor del ciclomotor.

La tecnología evoluciona a velocidades vertiginosas, pero de cuando en cuando aparece un caso en el que se aprecia como un dispositivo a priori sencillo puede tener funciones de lo más llamativas.

En esta ocasión hablamos de la Game Boy, consola portátil que fue un éxito de ventas durante los años noventa y hasta los 2000, y que resulta que no solo era útil para entretener a los pequeños de la casa, también servía para realizar diagnosis en motocicletas.

Dada la popularidad de la videoconsola, que a lo largo de su vida comercial vendió más de 118 millones de unidades, era un dispositivo muy común, al alcance de prácticamente cualquiera y con un precio bastante asequible.

Aprovechando eso, compañías de diversa índole se la ingeniaron para darle usos distintos a los que había sido concebida originalmente. Orbital desarrolló unos kits que la transformaban en una máquina de diagnosis para los ciclomotores de algunas marcas, tales como Peugeot, Aprilia o Suzuki.

El kit incluía un cartucho especial, que era el que se insertaba en la consola y del que partían unos cables que eran los que se enchufaban en el ciclomotor, uno la ECU, la centralita que controla el motor; y otro al sistema de frenos.

El cartucho contaba con el software necesario para diagnosticar al vehículo, mostrando información variada relativa al funcionamiento del motor: la velocidad de giro del mismo, la posición del acelerador o la temperatura, entre otros. Y no solo eso, también permitía cambiar la respuesta del propio propulsor, con algunos manuales de usuario mostrando cómo alternar entre el modo estándar y uno más deportivo.

Dos décadas después, este tipo de sistema es una rareza que no se utiliza en modelos modernos, pero que sigue pudiendo emplearse para trabajar con los ciclomotores de aquella época.

Eso hace que estén bastante solicitados y en el mercado de segunda mano se pueden llegar a pagar varios cientos de euros por ellos. El principal problema es que aunque se actualizaban de modo online, cada cartucho era específico para una moto, por lo que encontrar a día de hoy uno compatible con el ciclomotor que se quiere es algo complicado.

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Sobre la firma

Mario Herráez

Apasionado del motor desde pequeño, primero de las motos y después de los coches, con especial predilección por los modelos nipones. Lleva una década dedicándose al sector, formado primero en Autobild y desde entonces en el Grupo Prisa, probando todo lo que haga ruido... o no.

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Volkswagen ID.3

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