Hay gestos aparentemente inofensivos que pueden terminar convirtiéndose en una molestia diaria para quienes tienen coche. Uno de ellos aparece después de aparcar, cuando el propietario regresa y descubre algo que no había dejado allí.
Esta vez, un conductor ha decidido dejar claro que está harto. Su respuesta se ha convertido en una forma de protestar contra una práctica publicitaria que también existe en España.
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Unas tarjetas que terminaron con su paciencia
La historia procede de Kassel, Alemania, donde el propietario de un Skoda familiar decidió tomar medidas después de encontrar repetidamente tarjetas publicitarias en su vehículo.
El tipo de anuncio era el habitual en estos casos: mensajes dirigidos al propietario con fórmulas como ‘compramos cualquier coche’ y un número de teléfono para ponerse en contacto con el supuesto comprador.
El problema no era únicamente tener que retirar el papel. El conductor asegura que, al intentar sacar una de esas tarjetas colocadas entre la ventanilla y la junta de goma, una terminó cayendo al interior de la puerta.
Fue entonces cuando decidió imprimir un mensaje en grandes letras y colocarlo en una de las ventanillas. En él advertía a los comerciantes de vehículos de que, si la situación volvía a repetirse y se producía algún desperfecto, exigiría responsabilidades.
El aviso terminaba con una frase mucho más contundente: ‘Este coche no está en venta’.
Stolzer Fahrer eines alten Autos ist sicherlich nicht durch Verkagsangebote beleidigt
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El problema va más allá de una tarjeta de papel
Aunque pueda parecer una simple molestia, introducir una tarjeta por la ventanilla puede causar algún problema. Si el papel se rompe o se desliza hacia el interior, puede acabar dentro de la puerta, donde retirarlo resulta bastante más complicado.
También existe una cuestión relacionada con la lluvia y la suciedad. Una tarjeta que permanece pegada al cristal puede deteriorarse y dejar restos, especialmente cuando el propietario tarda varios días en utilizar el vehículo.
La reacción del conductor alemán no es, además, un caso aislado. Otros propietarios han relatado experiencias similares y el reparto reiterado de este tipo de publicidad se ha convertido en una práctica especialmente poco apreciada entre algunos conductores.
En España te pueden multar
Lo que en Alemania ha provocado el enfado del propietario del Skoda tampoco es una práctica que pueda hacerse libremente en España. Colocar publicidad en un vehículo estacionado está regulado por las ordenanzas municipales y, en numerosos ayuntamientos, está expresamente prohibido.
La restricción incluye las conocidas octavillas o tarjetas que alguien coloca en el parabrisas o introduce entre la ventanilla y la goma de la puerta. Para repartir este tipo de publicidad en la vía pública es necesario contar con la autorización correspondiente.
La cuantía de la sanción depende del municipio y de cómo se califique la infracción. En ciudades como Madrid o Ibiza, las multas pueden alcanzar los 2.001 euros, aunque las cantidades habituales son inferiores y dependen de las circunstancias.
Además, el problema puede ir más allá de la tarjeta en sí. Si el folleto termina en el suelo, puede producirse otra infracción relacionada con la suciedad de la vía pública, aunque en ese caso la responsabilidad dependerá de quién haya provocado el vertido.
Un coche con el cartel de ‘se vende’ tampoco se libra
La misma cuestión puede aparecer cuando es el propio propietario quien quiere desprenderse del vehículo. Colocar un cartel de ‘se vende’ en el parabrisas o en una ventanilla puede estar prohibido si el coche permanece estacionado en la vía pública.
Aunque parezca una forma sencilla de encontrar comprador, algunos ayuntamientos consideran que el vehículo está utilizando el espacio público como soporte para una actividad comercial. Por eso, las ordenanzas municipales pueden sancionar esta práctica cuando no existe la autorización correspondiente.
Las multas no son iguales en toda España y dependen del municipio y de las circunstancias. En determinadas ciudades, las sanciones pueden alcanzar los 1.500 euros, una cantidad muy superior al coste de publicar el mismo automóvil en una plataforma especializada.
La diferencia está en el lugar y la forma de anunciarlo. Tener un coche a la venta en Internet no plantea este problema, mientras que dejarlo estacionado durante días con un cartel visible puede hacer que entre en juego la normativa municipal sobre publicidad y utilización de la vía pública.
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