Desde que Bad Bunny lanzó a principios de 2025 su último álbum, Debí tirar más fotos, el cantante no ha parado de encadenar éxitos. El disco se convirtió en uno de los más escuchados a nivel mundial y en 2026 le valió el Grammy al Álbum del Año, el premio más importante de la industria.
Además, en febrero de 2026 fue el encargado del espectáculo de medio tiempo de la Super Bowl, una actuación histórica que elevó aún más la presencia de la música en español a escala global. Mientras tanto, el artista ha continuado con su gira mundial, que ahora llega a Madrid.
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Del 30 de mayo al 15 de junio, con algunas jornadas de descanso, el cantante puertorriqueño ofrecerá diez conciertos en el Riyadh Air Metropolitano, un hito sin precedentes en España a nivel musical.
Y es que, más allá de la música, el cantante tiene otra gran pasión: el mundo del motor. De hecho, en algunos de sus shows, los coches cobran un protagonismo especial: ya lo demostró en la Super Bowl, donde llegó a escena a bordo de una Ford F-100. Y cualquier seguidor del artista sabe que en sus videoclips los coches cobran mucha importancia.
Música y coches, las dos pasiones de Bad Bunny
Esta evidente pasión por las cuatro ruedas se traduce en un garaje lleno de coches que no pasan desapercibidos. Tiene modelos de lujo, sí, pero pocos imaginarían que el coche favorito de Bad Bunny es uno que cualquiera podría tener: un Toyota Corolla del año 2003.
El artista compró este Corolla cuando trabajaba en un supermercado en Puerto Rico y, desde entonces, le tiene un cariño especial. Según ha contado, lo define como un coche muy práctico. Y, para no olvidar sus inicios, le dio un protagonismo especial: es el vehículo que aparece en el videoclip de Yonaguni.
Iconos atemporales y bestias modernas
Más allá de ese Corolla, el garaje de Bad Bunny reúne piezas mucho más exclusivas, tanto clásicas como actuales. Entre ellas destaca el Ferrari Testarossa, un icono de los años 80 equipado con un motor V12 capaz de desarrollar 390 CV.
Junto a él conviven modelos más recientes y de corte deportivo, como los BMW M2 y M4, ambos con motores de seis cilindros en línea y potencias que alcanzan los 480 y 510 CV, respectivamente, o el Mercedes-AMG G63, un todoterreno de altas prestaciones impulsado por un V8 de 585 CV.
El artista tampoco se olvida de los clásicos americanos, como el Pontiac GTO de 1964, ni de los modelos más exclusivos de lujo. De hecho, los Rolls-Royce han tenido un papel destacado en su imaginario visual: en el videoclip de Yo perreo sola aparece un Dawn blanco con interior rojo, movido por un V12 de 571 CV, mientras que en Where she goes optó por un Silver Shadow modificado con detalles off-road. Este último, producido entre 1965 y 1980, montaba un motor V8.
El Bugatti que acabó vendiendo
Sin embargo, uno de los modelos que más destacaba de su garaje era el exclusivo Bugatti Chiron 110 Ans. Este hiperdeportivo fue el gran protagonista del videoclip de Ojitos lindos, donde el artista acaba sufriendo un accidente (ficticio) tras pisar el acelerador a fondo.
Se trataba de una serie limitada creada para conmemorar los 110 años de la marca francesa. Basado en el Chiron Sport, de este modelo apenas se fabricaron 20 unidades, todas ellas equipadas con el conocido motor W16 de ocho litros, capaz de entregar 1.500 CV.
Aun así, el artista terminó desprendiéndose de él. En 2020 reconoció que no sabía muy bien qué hacer con un coche así: conducirlo, el seguro o los impuestos lo convertían en un quebradero de cabeza. Tampoco imaginaba la repercusión que tendría, con una exposición constante y decenas de fotos cada vez que salía a la calle.
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La comunicación y la escritura han estado presentes en su vida desde que era muy pequeña. Por ello, se lanzó a estudiar periodismo y comunicación audiovisual en la URJC, dando sus primeros pasos en la revista Cuore. Ahora, en Prisa Motor, combina dos de sus pasiones: la edición de vídeos y los coches.
