Las disputas en un garaje suelen empezar por apenas unos centímetros. Un coche mal aparcado, una maniobra complicada o una raya que parece estar donde no debería son suficientes para deteriorar la convivencia entre vecinos durante años.
Eso es precisamente lo que ocurrió en una comunidad de propietarios, donde la apariencia de una plaza de garaje terminó desencadenando una batalla judicial. Lo que todos daban por hecho acabó siendo muy diferente cuando el caso llegó a los tribunales.
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La controversia no giraba alrededor del vehículo, sino de las líneas pintadas sobre el pavimento. Varios propietarios estaban convencidos de que una vecina había modificado la delimitación de su plaza para disponer de más espacio y facilitar el aparcamiento de un automóvil de mayores dimensiones.

Una plaza aparentemente más grande que el resto
Los hechos ocurrieron en una comunidad de propietarios de Granollers (Barcelona). Según sostenían varios vecinos, la propietaria había repintado los límites de su plaza para ganar aproximadamente 80 centímetros de anchura, ocupando alrededor de 1,21 metros cuadrados de la zona común destinada a la circulación y a las maniobras.
La sospecha aumentó porque, mientras los anteriores propietarios utilizaban un coche de menor tamaño, la nueva propietaria estacionaba un vehículo considerablemente más grande. Para los demandantes, aquello era la prueba de que la plaza había sido ampliada de forma irregular.
Las antiguas marcas, parcialmente borradas por el paso del tiempo, parecían reforzar esa teoría. A simple vista daba la impresión de que las líneas actuales no coincidían con las originales, motivo por el que decidieron acudir a los tribunales para exigir que la plaza recuperara su tamaño inicial.
La explicación
El procedimiento comenzó en el Juzgado de Primera Instancia número 1 de Granollers. Aunque la demanda fue desestimada, los vecinos recurrieron la decisión ante la Audiencia Provincial de Barcelona, convencidos de que la propietaria se había apropiado de parte del espacio comunitario.
Sin embargo, durante el proceso aparecieron testimonios que cambiaron completamente la interpretación de los hechos. El anterior propietario explicó que las líneas visibles hoy no eran el resultado de una modificación reciente, sino de una corrección realizada años atrás.
Según su versión, cuando el garaje fue pavimentado y señalizado, varias plazas quedaron mal delimitadas por un error de medición. El coche ni siquiera cabía correctamente dentro de los límites pintados, por lo que fue necesario volver a trazar algunas líneas para ajustarlas a la realidad.
Esa explicación fue respaldada por el antiguo administrador de la comunidad, que reconoció que aquel problema no había afectado únicamente a una plaza, sino a varias del aparcamiento.

La Justicia no encontró pruebas
La Audiencia Provincial terminó rechazando la reclamación porque no quedó acreditado que la propietaria hubiera alterado los límites de su plaza. Las marcas antiguas sobre el suelo, por sí solas, no demostraban que existiera una apropiación del espacio común.
El tribunal también dejó claro que estacionar un coche más grande tampoco constituye una prueba suficiente. La demanda se apoyaba en la supuesta modificación de la delimitación y no en las dimensiones del vehículo, por lo que era imprescindible demostrar que realmente se habían desplazado las líneas.
La resolución sí introdujo un matiz importante. Los magistrados consideraron que los vecinos estaban legitimados para acudir a los tribunales aunque la comunidad de propietarios no hubiera actuado previamente, ya que alegaban un perjuicio directo sobre el uso de sus propias plazas.
La pintura no determina los límites legales
Este caso vuelve a poner el foco sobre una duda muy habitual en los garajes comunitarios: ¿la línea blanca marca realmente los límites de la propiedad? La respuesta es no.
Tal y como establece la Ley de Propiedad Horizontal, la señalización horizontal forma parte de los elementos comunes del edificio. Su función es organizar visualmente el aparcamiento, pero no determina por sí sola dónde empieza y termina cada plaza.
La delimitación legal figura en la escritura de división horizontal, en los planos inscritos y, cuando existen, en los estatutos de la comunidad. Si la pintura no coincide con esa documentación, prevalece siempre lo que aparece reflejado en los documentos oficiales.
Por ese motivo, una raya desgastada, desplazada o incluso repintada por error hace años no modifica automáticamente los derechos de propiedad.

Cambiar las líneas por iniciativa propia
Aunque en este caso no pudo demostrarse que existiera una modificación indebida, la normativa deja claro que ningún propietario puede repintar por su cuenta las líneas de su plaza, incluso aunque considere que fueron trazadas incorrectamente.
Cuando aparecen discrepancias entre la pintura y la realidad, la vía adecuada pasa por revisar las escrituras y los planos registrados. Si el conflicto continúa, lo habitual es recurrir a una medición pericial antes de plantear una reclamación judicial, ya que, como demuestra este caso, la apariencia del suelo no siempre cuenta toda la historia.
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